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jueves, 29 de noviembre de 2012

Final de Abd al-Rahman II.

   Durante el reinado de este emir, al-Andalus tomó verdadera importancia como estado independiente y como reino. Estableció relaciones con Bizancio, fue un buen organizador de la estructura gubernamental, enriqueció al país, acuñó moneda y creó talleres en los que se tejían suntuosas telas, reforzó el ejército y dotó a la marina de guerra de nuevas unidades.
   Pero además, fue un gran constructor, que hizo levantar las murallas de Sevilla, la ciudad de Murcia, modificó el Alcázar cordobés, la mezquita mayor de Jaén, oratorios en Córdoba y amplió la mezquita mayor de esta ciudad, haciéndola más grande y más bella.
 
   A su corte, pagado fastuosamente por el emir, llegó ZIRYAB, cantor de la corte de Bagdad, y del gran califa Harun al- Rashid. Su fama se extendió por todo el mundo musulmán, convirtiéndose en un personaje que se ganó un puesto en la historia. Aunque su especialidad era la música, se convirtió en el árbitro de la elegancia aportando innovaciones a la sociedad de aquellos momentos, que aún perduran. Zirbay enseñó a los cordobeses las más exquisitas recetas de la cocina bagdadí y el orden en que debían servirse los platos, primero las sopas, después las carnes y, por último, los postres y los dulces. Las copas pasaron a ser de vidrio en lugar de metal, como hasta entonces.
Abrió un instituto de belleza en Córdoba, donde se podía aprender a peinarse, depilarse, a usar afeites, a usar dentífricos...Estableció un calendario de moda, de manera que en invierno se vistiese de colores oscuros, con pellizas enguatadas y abrigos de piel, y en primavera y verano, la vestimenta fuese de colores claros y telas sutiles y vaporosas. Con él cambiaron los muebles, la cocina y los trajes. Bastantes siglos después su nombre todavía se citaba cuando aparecía una nueva moda en los salones de la Península.

   Abd al-Rahman II se rodeó de una gran cantidad de sabios, literatos, poetas, filósofos y astrólogos, que no faltaban nunca junto a un emir o un califa. Entre ellos destacan Abbas ben Frinas y Yahya al-Gazal. El primero, ocultista y prestidigitador. Sirviéndose de instrumentos inventados por él descubrió la fórmula de la fabricación del cristal y fue un precursor de la aviación. El segundo, apodado el-Gazal, por su belleza y esbeltez era un poeta de palabra hiriente y muy temido, famoso por sus réplicas ingeniosas y por su avaricia, pues fue capaz, cuando fue a Bizancio como embajador, de pedir joyas a la emperatriz Teodora para sus hijas.

   En los últimos años de su reinado parece que se urdió una conjura contra el emir, tramada por la umm walad, o princesa madre, Tarub y el eunuco Nasr. Deseaba Tarub que su hijo fuese nombrado sucesor y como el emir no se decidía, pensaron en envenenarlo y envenenar al presunto heredero, para cumplir sus própositos. Pidieron un tósigo a un médico muy famoso que acababa de llegar a Córdoba, Harrán.
Este no se atrevió a negárselo, pero avisó a otra de las concubinas reales de lo que se tramaba. Avisado Abd al-Rahman II, cuando el eunuco Nasr le presentó el brebaje que, supuestamente iba a curar al emir de un cierto malestar, éste le invitó a que fuera él, Nasr, el que lo tomase. Así lo hizo, ante el temor de verse descubierto y corrió a buscar el antídoto. Pero la nueva pócima no resultó y  Nasr murió envenenado con su propia medicina. Tarub, sin embargo, no fue castigada.

   Dos años después de estos hechos, el 22 de septiembre de 852 moría, de repente ABD AL-RAHMAN II. No se sabe si fue víctima de otra intriga palaciega, pero Tarub hizo todo lo posible, con ayuda de otros dos fieles eunucos, para que su hijo subiese al trono. No se atrevieron a dar este paso, y aquella misma noche buscaron al príncipe MUHAMMAD y lo instalaron en palacio. Al día siguiente, Córdoba se enteró, a la vez, de la muerte del emir de que Muhammad era el sucesor.
El reino de Abd al-Rahman II puede calificarse de glorioso. Durante treinta años al-Andalus prosperó y se gozó de una relativa tranquilidad, al tiempo que se consolidaba como un estado islámico importante.

Libro AL-ANDALUS de Concha Masiá.

martes, 27 de noviembre de 2012

San Eulogio de Córdoba


Arzobispo
(año 859)
Eulogio significa: el que habla bien (Eu = bien, logios = hablar).
Dicen que San Eulogio es la mayor gloria de España en el siglo noveno. Vivió en la ciudad de Córdoba, que estaba ocupada por los musulmanes o mahometanos, los cuales solamente permitían ir a misa a los que pagaban un impuesto especial por cada vez que fueran al templo, y castigaban con pena de muerte al que hablara en público de Jesucristo, fuera del templo.
Nació el año 800 de una familia que se conservaba fervientemente católica en medio de la apostasía general cuando la mayoría de los católicos había abandonado la fe por miedo al gobierno musulmán. Este santo será el que logrará renovar el fervor por la religión católica en su ciudad y los alrededores.
Su abuelo, que se llamaba también Eulogio, lo enseñó desde pequeño a que cada vez que el reloj de la torre daba las horas, dijera una pequeña oración, por ejemplo: "Dios mío, ven en mi auxilio, Señor, ven a prisa a socorrerme".
Tuvo por maestro a uno de los más grandes sabios de su tiempo, al famoso Esperaindeo, el cual lo formó muy bien en filosofía y otras ciencias. Como compañeros de estudios tuvo a Pablo Alvarez, el cual fue siempre su gran amigo y escribió más tarde la vida de San Eulogio con todos los detalles que logró ir coleccionado.
Su biógrafo lo describe así en su juventud: "Era muy piadoso y muy mortificado. Sobresalía en todas las ciencias, pero especialmente en el conocimiento de la Sagrada Escritura. Su rostro se conservaba siempre amable y alegre. Era tan humilde que casi nunca discutía y siempre se mostraba muy respetuoso con las opiniones de los otros, y lo que no fuera contra la Ley de Dios o la moral, no lo contradecía jamás. Su trato era tan agradable que se ganaba la simpatía de todos los que charlaban con él. Su descanso preferido era ir a visitar templos, casas de religiosos y hospitales. Los monjes le tenían tan grande estima que lo llamaban como consultor cuando tenían que redactar los Reglamentos de sus conventos. Esto le dio ocasión de visitar y conocer muy bien un gran número de casas religiosas en España".
Ordenado de sacerdote se fue a trabajar con un grupo de sacerdotes y pronto empezó a sobresalir por su gran elocuencia al predicar, y por el buen ejemplo de su santa conducta. Dice
su biógrafo: "Su mayor afán era tratar de agradar cada día más y más a Dios y dominar las pasiones de su cuerpo". Decía confidencialmente: "Tengo miedo a mis malas obras. Mis pecados me atormentan. Veo su monstruosidad. Medito frecuentemente en el juicio que me espera, y me siento merecedor de fuertes castigos. Apenas me atrevo a mirar el cielo, abrumado por el peso de mi conciencia".
Eulogio era un gran lector y por todas partes iba buscando y consiguiendo nuevos libros para leer él y prestar a sus amigos. Logró obtener las obras de San Agustín y de varios otros grandes sabios de la antigüedad (cosa que era dificilísimo en esos tiempos en que los libros se copiaban a mano, y casi nadie sabía leer ni escribir) y nunca se guardaba para él solo los conocimientos que adquiría. Trataba de hacerlos llegar al mayor número posible de amigos y discípulos. Todos los creyentes de Córdoba, especialmente sacerdotes y religiosos se fueron reuniendo alrededor de Eulogio.
En el año 850 estalló la persecución contra los católicos de Córdoba. El gobierno musulmán mandó asesinar a un sacerdote y luego a un comerciante católico. Los creyentes más fervorosos se presentaron ante el alcalde de la ciudad para protestar por estas injusticias, y declarar que reconocían como jefe de su religión a Jesucristo y no a Mahoma. Enseguida los mandaron torturar y los hicieron degollar. Murieron jóvenes y viejos, en gran número. Algunos católicos que en otro tiempo habían renegado de la fe por temor, ahora repararon su falta de valor y se presentaron ante los perseguidores y murieron mártires.
Algunos más flojos decían que no había que proclamar en público las creencias, pero San Eulogio se puso al frente de los más fervorosos y escribió un libro titulado "Memorial de los mártires", en el cual narra y elogia con entusiasmo el martirio de los que murieron por proclamar su fe en Jesucristo.
A dos jóvenes católicas las llevaron a la cárcel y las amenazaron con terribles deshonras si no renegaban de su fe. Las dos estaban muy desanimadas. Lo supo San Eulogio y compuso para ellas un precioso librito: "Documento martirial", y les aseguró que el Espíritu Santo les concedería un valor que ellas nunca habían imaginado tener y que no les permitiría perder su honor. Las dos jóvenes proclamaron valientemente su fe en Jesucristo y le escribieron al santo que en el cielo rogarían por él y por los católicos de Córdoba para que no desmayaran de su fe. Fueron martirizada y pasaron gloriosamente de esta vida a la eternidad feliz.
El gobierno musulmán mandó a Eulogio a la cárcel y él aprovechó esos meses para dedicarse a meditar, rezar y estudiar. Al fin logra salir de la cárcel, pero encuentra que el gobierno ha destruido los templos, ha acabado con la escuela donde él enseñaba y que sigue persiguiendo a los que creen en Jesús.
Eulogio tiene que pasar diez años huyendo de sitio en sitio, por la ciudad y por los campos. Pero va recogiendo los datos de los cristianos que van siendo martirizados y los va publicando, en su "Memorial de los mártires".
En el año 858 murió el Arzobispo de Toledo y los sacerdotes y los fieles eligieron a Eulogio para ser el nuevo Arzobispo. Pero el gobierno se opuso. Algo más glorioso le esperaba en seguida: el martirio.
Había en Córdoba una joven llamada Lucrecia, hija de mahometanos, que deseaba vivir como católica, pero la ley se lo prohibía y quería hacerla vivir como musulmana. Entonces ella huyó de su casa y ayudada por Eulogio se refugió en casa de católicos. Pero la policía descubrió dónde estaba y el juez decretó pena de muerte para ella y para Eulogio.
Llevado nuestro santo al más alto tribunal de la ciudad, uno de los fiscales le dijo: "Que el pueblo ignorante se deje matar por proclamar su fe, lo comprendemos. Pero Tú, el más sabio y apreciado de todos los cristianos de la ciudad, no debes ira sí a la muerte. Te aconsejo que te retractes de tu religión, y así salvarás tu vida". A lo cual Eulogio respondió: "Ah, si supieses los inmensos premios que nos esperan a los que proclamamos nuestra fe en Cristo, no sólo no me dirías que debo dejar mi religión, sino que tu dejarías a Mahoma y empezarías a creer en Jesús. Yo proclamo aquí solemnemente que hasta el último momento quiero ser amador y adorador de Nuestro Señor Jesucristo".
Un soldado le abofeteó la mejilla derecha y nuestro santo le presentó la mejilla izquierda y fue nuevamente abofeteado. Luego lo llevaron al lugar de suplicio y le cortaron la cabeza. Poco después martirizaron también a Santa Lucrecia.
San Eulogio: ¡Consíguenos un gran entusiasmo por nuestra religión!.
Dichosos vosotros cuando os persigan y os traten mal por causa de la religión. Alegraos porque grande será vuestro premio en el reino de los cielos (Jesucristo Mt. 5).

Perfecto de Córdoba, Santo



Presbítero y Mártir
Martirologio Romano: En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Perfecto, presbítero y mártir, que fue encarcelado y después degollado por los sarracenos, por haber combatido la doctrina de Mahoma y confesado con firmeza su fe en Cristo. († 850)

Fue el primero de los mártires cristianos que ocasionó la persecución de Abd al-Rahman II, el emir de al-Andalus, hijo y sucesor de Al-Hakam I, en el año 850. San Eulogio, contemporáneo suyo, comienza con el relato de su martirio el Memorial de los mártires.
Hijo de padres cristianos y nacido en Córdoba, conocedor del idioma árabe, aparece vinculado a la Iglesia de san Acisclo donde se formó y se ordenó de sacerdote, cuando es pleno el dominio musulmán.
En el año 850 se abre una etapa de mayor rigor e intransigencia musulmana que rompe la convivencia hasta el momento equilibrada entre las poblaciones monoteístas de la ciudad. El presbítero Perfecto encabeza la lista de los mártires cordobeses del siglo IX.
En los comienzos del 850 le rodea un malintencionado grupo de musulmanes; le preguntan su parecer acerca de Cristo y de Mahoma. Perfecto expresó con claridad su fe en Jesucristo: Jesucristo es el Señor, sus seguidores están en la verdad, y llegarán a la salvación; la Ley de Cristo es del Cielo y dada por el mismo Dios. "En cuanto a lo que los católicos piensan de vuestro profeta, no me atrevo a exponerlo, ya que no dudo que con ello os molestaréis y descargaréis sobre mí vuestro furor". Pero, ante su insistencia y con la promesa de impunidad, con la misma claridad expone lo que pensaba sobre quien ellos tenían como profeta: Mahoma es el hombre del demonio, hechicero, adúltero, engañador, maldito de Dios, instrumento de Satanás, venido del infierno para ruina y condenación de las gentes. Han quedado sus interlocutores atónitos, perplejos y enfurecidos. ¿Cómo podrán soportar que se llame al profeta Mahoma mentiroso y a su doctrina abominación? ¿Aceptarán oír que quienes le siguen van a la perdición, tienen ciego el entendimiento y su modo de vivir es una vergüenza?
Le llaman traidor, le llevan al cadí y entra en la cárcel.
Allá, junto al Guadalquivir, el 18 de abril del 850, en el sitio que se llamó "Campo de la Verdad" por los muchos mártires que se coronaron, fue degollado por odio a la fe que profesaba,.
Luego se enterró su cadáver en la iglesia de san Acisclo y sus restos se trasladaron más tarde -en el 1124- a la iglesia de san Pedro.
Su muerte ejemplar alentó a los acorralados y miedosos cristianos. Desde este martirio, habrá quienes se acerquen voluntariamente a los jueces.
Además de claridad en los conceptos, hay exactitud en las palabras y lo que es más importante coherencia en las obras. Quizá los "hábiles dialogantes" de hoy tildaríamos a Perfecto de "imprudente" por nuestra extraña cobardía que pega al suelo; pero, si la prudencia es virtud que acerca al cielo, Perfecto fue un hombre prudente. La verdad tiene un camino y, cuando Perfecto abría la boca, en su simpleza, sólo sabía decir la verdad. No es bueno confundir la tolerancia con la indiferencia.

domingo, 25 de noviembre de 2012

La suegra de cuidado


Hace bastante tiempo vivía una moza veinteañera, de gran lozanía llamada Brezo. Ella vivía en compañía de su tía Clara. Mientras la muchacha era de carácter distraído, gustaba  mirarse en todos los ríos, ensayaba discursos con las piedras..... Clara pasaba las horas trabajando porque estaban para eso.
Era normal que debido a su incompatibilidad de caracteres, tuvieran riñas casi a diario. Mientras que para Brezo su tía hacía las cosas simplemente por obligación, para Clara, su sobrina, desperdiciaba el tiempo y no hacía nada de provecho.
Un día que salió Clara a tender la ropa, encontróse con Brezo haciendo el tonto con un rapaz más joven que ella. Le entró un coraje por dentro  y exclamó:
¡ Quiera el cielo que te cases con el diablo!
Pasaba el tiempo y todo continuaba igual, cuando llegó un hombre al pueblo acompañado de su hijo, de buen parecer , rico y de edad similar a la de Brezo.
Se celebraba una romería en días posteriores y el hijo, que se llamaba Juan, apareció por allí, causando gran revuelo entre las mozas presentes. Estaban todos bailando, cuando apareció Brezo por allí, y al mirarse, ambos quedaron prendados, por lo que formalizaron el noviazgo después de la romería, con gran envidia de las féminas del lugar.

En unos días, Brezo le comunicó la noticia de su boda a Clara, la cual no estaba muy contenta, pero no podía hacer nada, puesto que a Brezo se la veía muy enamorada.
Se celebró la boda, y en medio del banquete, la tía Clara apartó a Brezo para comunicarle que la costumbre de la familia era cerrar a cal  y canto la habitación donde se vaya a pasar la noche de bodas, hay que cerrar todo menos la cerradura y cuando tu marido entre le echas un poco de agua bendita. Después de eso todo irá perfecto.
Ella le contestó que así haría, pero estaba más pendiente de su Juan que de otra cosa.
Como ya habréis imaginado, el tal Juan, no era otro que el mismo diablo, que aunque parezca que tiene cuernos y rabo siempre, muchas veces se viste de guapo galán y entonces no hay moza que se le resista.
Llegada la noche, Brezo hizo todo lo que su tía le dijo, y cuando su marido entró por la puerta y le roció de agua bendita, empezó a dar golpes por las paredes y se convirtió en una especie de pequeña nube grisácea, la cual salió de la habitación por la cerradura. El se creyó a salvo, pero la tía Clara le esperaba al otro lado de la cerradura con una botella, donde el diablo entró y rápidamente la cerró con un tapón. Puso la botella en la ventana , para que todos los diablos que se acercaran a ella o a su sobrina vieran lo que podía pasar.
Un día que un mozo pasaba por allí, vio en la ventana algo gris metido en una botella, y se acercó a curiosear. Al acercarse el diablo le rogó que le sacara de allí  y a cambio le daría una recompensa económica.
Una vez que el demonio salió, como no tenía un duro, se le ocurrió que podían ir al castillo del Conde, el cual tenía una hija. El demonio se metería dentro de ella y la enfermaría, así el mozo podría ir al castillo a ofrecer sus servicios por una gran cantidad, y una vez allí, el diablo se iría y el joven sería pagado.
Una vez llegados al castillo, encontraron a la hija por los jardines y en un bostezo, el diablo no dudó en meterse dentro. Al rato empezó a enfermar  y no dudaron en llamar a todos los médicos del Principado. Cada vez iba poniéndose peor y ninguna medicación parecía hacerle efecto.
En esas estaban, cuando llegó el joven y fue a hablar con el Conde, le pidió una gran cantidad de dinero y el padre le concedió tres días para curarla.
El joven se acercó a la chica para espantar al demonio, a lo que el demonio le contestó que estaba muy a gusto con ella  y no pensaba marcharse. El joven presa del pánico intentó echarle con todas las artimañas posibles, puesto que el Conde había comentado que si el joven no curaba a su hija en tres días, sería arrojado a una olla hirviendo y allí moriría.
Dándole vueltas a la cabeza estaba, pensando en la manera de echarle, cuando de pronto, mandó tocar las trompetas y las campanas del castillo. El diablo curioso preguntó por qué ese alboroto, a lo que le muchacho respondió que había llegado una tal Clara, que venía preguntando por un tal Juan que escapó. Cuando el diablo oyó eso, salió de la joven y no se le volvió a ver.
Después de eso, la joven, recuperó su lozanía y al mozo le fue pagado su dinero. Por lo que respecta a Brezo, se casó con un muchacho tan risueño como ella y su tía murió en cuanto la hubo casado con un muchacho decente.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Los primeros mártires cristianos..

   La comunidad mozárabe de Córdoba vivía cómodamente bajo el reinado de Abd al-Rahman II. El contacto con la burguesía y la aristocracia musulmanas, habían arabizado la forma de vida de los cristianos, algunos de los cuales formaban parte de la guardia del emir, trabajaban en la administración del Estado, eran negociantes y alcabaleros, conocían y hablaban árabe, interesándose por la literatura y la poesía musulmanas. La religión cristiana era tolerada así como los clérigos, siempre y cuando se comportasen con discreción y no hubiera manifestaciones externas de culto, por lo que no estaban autorizadas las procesiones y el hacer sonar las campanas.
    En Córdoba, al igual que en Toledo, Sevilla o Mérida, existían monasterios mozárabes, en los  que el clero no veía con buenos ojos, la creciente arabización de sus fieles, que estaban más por la integración y la buena convivencia que por cualquier otra cosa. Pero siempre hay fanáticos que fueron creando una especie de partido de la oposición, integrado por sacerdotes y laicos, dirigido por el clérigo EULOGIO y ÁLVARO, un rico burgués de origen judío. Eulogio pertenecía a una familia mozárabe. Uno de sus hermanos era funcionario de la administración omeya y su hermana Anulona, se había hecho monja. Él mismo era sacerdote de la parroquia de San Zoilo, después de haber recibido las enseñanzas del abad Spera-in-Deco, en cuyos cursos conoció a Álvaro.
   La crisis empezó por un incidente tan desgraciado como simple. Un sacerdote cristiano llamado PERFECTO entabló una conversación con unos ciudadanos musulmanes sobre los méritos de Jesús y de Mahoma. Los ánimos se fueron calentando, y el sacerdote acabó insultando a Mahoma y al Islam. En un principio no pasó nada, aunque el insulto a la religión del Profeta, se pagaba con la muerte así como renegar del Islam, pero al final fue denunciado y preso. Su ejecución se aplazó hasta la fiesta de la Ruptura del Ayuno, y la plebe estuvo encantada de asistir a la decapitación de PERFECTO, el 18 de abril de 850.
   Eulogio y Álvaro vieron en la ejecución un magnifico motivo para extender su propaganda entre la comunidad de mozárabes cordobeses. Una especie de exaltación mística, alentada por el fanatismo de los dirigentes del partido, se adueñó de los cristianos que, se animaban los unos a los otros, para sufrir el martirio en nombre de su religión, al tiempo que elementos musulmanes, más radicales, no dejaban de molestar a los cristianos.
Un comerciante cristiano fue acusado porque juraba por Mahoma, pero el cadí sólo le aplicó un castigo temporal. Muy pronto iba a desencadenarse la ola de martirios, todos buscados, en la Córdoba emiral. El primero fue  el del monje ISAAC, del monasterio de Tábanos, que fue a insultar a Mahoma en la corte del cadí. Fue crucificado, su cuerpo quemado y las cenizas arrojadas al Guadalquivir. Se produjo produjo una reacción en cadena, un soldado franco de la guardia de palacio, otros seis monjes de Tábanos, el sacerdote Sisnando, el diácono Paulo, Teodomiro de Carmona, otro monje...todos se apresuraron a blasfemar ante las autoridades, para que no hubiera duda de cuáles eran sus intenciones y sus pretensiones.
   El 24 de noviembre de 851, dos religiosas, Flora y María, a pesar de los esfuerzos de las autoridades musulmanas para que se mostrasen más sensatas y se retractasen de sus blasfemias sobre el Islam, alcanzaron la palma del martirio...aquello se convirtió en una locura en la que muchos cristianos deseaban alcanzar el cielo por la vía rápida.
   Abd al-Rahman, que no quería manchar su imagen con una solución parecida a la del Arrabal, como le aconsejaban algunos de sus ministros, estaba seguro de que al final prevalecería el sentido común entre los mozárabes. Muchos clérigos, no sólo de Córdoba sin o también del resto de al-Andalus, desaprobaban la actitud de Eulogio y los suyos y no deseaban más que llegar a la solución de este problema con el poder central. así se lo hicieron saber al emir y éste decidió convocar un concilio, presidido por Recafredo, metropolitano de Sevilla, con asistencia de los obispos andaluces y representantes del gobierno omeya. Para esta representación se eligió a un cristiano, GÓMEZ.
    El concilio empezó en 852. Gómez expuso la situación, comentando la inutilidad de aquellos sacrificios, pidiendo a los obispos que desautorizasen aquel movimiento y a sus dirigentes. Saúl, obispo de Córdoba, fue el único que se puso de parte de los mártires. Los demás cerraron filas junto a Recafredo, y sin juzgar lo que ya había sucedido, se prohibió que los cristianos de al-Andalus buscasen el martirio voluntariamente. Aquello equivalía a un suicidio y como tal, era condenable por la Iglesia. Pero a pesar de estas normas de la Iglesia oficial, todavía hubo irreductibles que blasfemaron en la misma mezquita, por lo que fueron ejecutados el 16 de septiembre de 852. Seis días más tarde, moría Abd al-Rahman II, de forma inesperada. Los mozárabes cordobeses, proclives a las tesis de Eulogio, se apresuraron a decir que era castigo divino.
    Muhammad I llegó al poder y liberó a Eulogio que estaba preso y éste marchó a Toledo y Pamplona. Al regresar a Córdoba, vio con pesar, que incluso sus más fieles partidarios, abandonaban las posturas intransigentes. Redobló sus prédicas exaltadas junto con Álvaro y, otra vez, se revolvieron las conciencias. Pero Muhammad no pensaba como su padre. Hizo derruir el monasterio de Tábanos, por considerarlo el principal punto de agitación y no ratificó la elección de Eulogio como metropolitano de Toledo. Entre 853 y 858, hubo, por lo menos, otros catorce ejecutados, todos clérigos que buscaron el martirio. Incluso llegaron dos monjes franceses que deseaban llevarse a su país las reliquias de aquellos mártires. En el año 859, la paciencia de Muhammad se agotó. Se apresó a EULOGIO, acusado de continuar haciendo proselitismo y éste, para no ser menos, insultó a Mahoma. Fue decapitado el 11 de marzo de 859. Cuatro días más tarde, lo sería la virgen Leocricia, convicta de apostasía. Aún se produciría algún que otro martirio buscado pero ya sin Eulogio los ánimos se apaciguaron y los mozárabes convivieron en paz con los señores del país.

sábado, 17 de noviembre de 2012

LEYENDA DE "EL POZO AMARGO"


Dice la leyenda...
Noche tras noche se veían en secreto. Procuraban burlar toda vigilancia que acechara en sus encuentros. Y así estaban juntos; tan sólo la luna era cómplice de sus miradas.
Él, Fernando, había acudido presuroso tras salir de su casa sin ser visto. Aguardaba a que su madre, doña Leonor, comenzara el rezo del santo rosario, como tenía por costumbre al anochecer. Ya los criados de la noble casa también habían empezado a cerrar los portones de las estancias.
Era entonces cuando Fernando emprendía sigilosamente su camino hacia casa de la joven Raquel.
Raquel, la bella Raquel. Su amada Raquel. Hija de un acaudalado judío, vivía casi recluida en su palacete. La rigidez del padre marcaba las normas en la casa. Quizás al hebreo le hubieran llegado rumores. Acaso tuviera noticias sobre cierto joven cristiano. Leví no aceptaría amores prohibidos por la ley y menos admitiría traiciones en su casa. Por eso custodiaba y hacía custodiar las horas de su hija.
Cuando llegaba la noche y todos dormían, Raquel esperaba impaciente tras las verjas de sus habitaciones. Al oír la señal, corría a los jardines que Fernando una vez más había conseguido conquistar. Y allí, de nuevo, se declaraban su amor. Hablarían del futuro y, emocionados, contemplarían su presente juntos. Tal vez dieran gracias a cada uno a su dios por ello. Y con esto eran felices, porque no les pesaban leyes ni personas que pudieran destruir aquellos momentos.
Algo se oyó entre la maleza del jardín. Un crujir de hojas secas rompió el silencio. Fernando y Raquel se miraron sorprendidos. Los dos jóvenes permanecían mudos. Miraron a su alrededor inquietos; todo era calma. Aguardaron no obstante unos segundos: los ojos y los oídos alerta y el corazón agitado....Más el silencio de la noche les reconfortó de nuevo. No se atrevían aún a hablar, pero se sonrieron y ella suspiró aliviada cerrando los ojos de Fernando. Raquel se estremeció; sintió cómo se escurrían de entre sus dedos las manos de su amado. Y vio caer lentamente su cuerpo herido.
A Raquel se le heló la sangre. Fernando yacía muerto en el suelo. Una daga bien empuñada acertaba en su mortal punzada. Alguno de aquellos vigilantes puestos por Leví, había concluido su trabajo. De un certero golpe por la espalda, habían dado muerte al joven cristiano.
Quedaba así en la casa de Leví, el honor salvado, la ley intacta y los rumores acallados. Raquel quiso despertar. Pero no era un sueño aquella visión. Estaba contemplando el más crudo horror.
Entonces la amargura se apoderó de ella; como un veneno la invadió. Y en su corazón se hizo la noche. Sentada junto al brocal del pozo del aquel jardín, Raquel pasaba largas jornadas en soledad. Lágrimas de hiel acariciaban su rostro. Brotaban incesables de su alma, y vertían amargas, caudalosas hacia las aguas del pozo que también amargo quedó.
Raquel, la desconsolada Raquel, sólo deseaba llorar eternamente. Con los ojos turbios, atisbó una luz en la profundidad el pozo. Era la luz de la luna reflejada. Calló su llanto y se enjugó las lágrimas. Asomada al brocal, creyó ver la imagen de Fernando. Aclaró otra vez sus ojos. Fernando la sonreía y le extendía las manos pidiendo tener las suyas. Raquel no lo dudó. Se abalanzó a fundirse en un abrazo con su amado. Su lloro ya no sería eterno. Si sería eterno ya su abrazo.

martes, 13 de noviembre de 2012

Banu Qasi II


Íñigo Arista de Pamplona

Íñigo Íñiguez, Enneco Enneconis (en latín) o Eneko Aritza (en la grafía vasca moderna) (c. 781 — 852), primer rey de Pamplona entre los años 810/820 y 852, conde de Bigorra y Sobrarbe. Se le considera patriarca de la dinastía Íñiga, que sería la primera dinastía real pamplonesa.
Hijo de Íñigo Jiménez y Oneca. Muerto su padre, su madre se casó en segundas nupcias con el Banu Qasi Musa ibn Fortún de Tudela, uno de los señores del valle del Ebro, con cuyo apoyo llegó al trono. Este matrimonio dejó bajo la influencia de Íñigo Arista unos territorios considerables: desde Pamplona hasta los altos valles pirenaicos de Irati (Navarra) y Valle de Hecho (Aragón). Los Banu Qasi controlaban las fértiles riberas del Ebro, desde Tafalla hasta las cercanías de Zaragoza.
El advenimiento del primer rey de Navarra no se hizo sin dificultades. Entre los núcleos de población cristiana (minoritaria), algunos dan su apoyo al partido franco, sostenido primero por Carlomagno y más tarde por Luis el Piadoso. La rica familia cristiana de los Velasco está a la cabeza de ese partido.
En 799, unos procarolingios asesinan al gobernador de Pamplona, hermanastro de Íñigo Arista, Mutarrif ibn Muza, de la familia de los Banu Qasi. En 806, los francos controlan Navarra a través de un Velasco como gobernador. En 812, Luis el Piadoso manda una expedición contra Pamplona. El regreso no es muy glorioso, tomando como rehenes a niños y mujeres de la zona para protegerse durante el paso del puerto de Roncesvalles.
En 824 los condes francos Elbe y Aznar dirigen otra expedición contra Pamplona, pero son vencidos por Íñigo con el apoyo de sus yernos Musa ibn Musa y García el Malo de Jaca. Íñigo Arista es nombrado por trescienteos caballeros rey en la Peña de Oroel, Jaca.
Entonces aparece Íñigo Arista como princeps: "Christicolae princeps" (príncipe cristiano), según Eulogio de Córdoba.
Fruto de esta alianza fue la intervención en las luchas de los Banu Quasi con los Omeyas de Córdoba, lo que motivó las represalias de Abderramán II contra Pamplona.
En 841 es víctima de una enfermedad que lo deja paralítico. Su hijo García Íñiguez ejerce una fuerte regencia, llevando la dirección de las campañas militares. Pero la política de alianzas continúa. Así, su hija Assona se casa con su tío Musa ibn Musa.
Se casó con Oneca Velázquez, hija de Velasco, Señor de Pamplona, fallecido en 816.
Hijos:
Assona Íñiguez, casada con Musa ibn Musa, valí de Tudela y Huesca.
García Íñiguez, sucesor en el trono.
Galindo Íñiguez de Pamplona, fallecido en 851 en Córdoba. Padre de:
Musa ibn Galindo, valí de Huesca 860, asesinado en 870 en Córdoba.
Nunila, casada con el conde García “el Malo” de Aragón.

García Íñiguez de Pamplona

García I Íñiguez (c. 805– [870]]) fue rey de Pamplona. Fue regente desde 842 y rey desde el 852.
Hijo de Íñigo Arista, rey de Pamplona, García fue educado en Córdoba. Llevó la dirección de las campañas militares durante los últimos años de vida de su padre.
En mayo de 843 ayudó a Musa ibn Musa en su insurrección contra el emir de Córdoba. El resultado fue el ataque de Abd al-Rahman II de Córdoba a las tierras de Pamplona, que terminó el mes siguiente con una rotunda victoria del emir sobre García Íñiguez y Musa.
En 859 fue apresado por una expedición vikinga. Liberado tras pagar un rescate, Navarra abandonó las antiguas alianzas con los Banu Qasi y se acercó al reino de Asturias. García se alió con el rey asturiano Ordoño I y juntos obtuvieron un importante triunfo ante los musulmanes en la batalla de Albelda (859). Esta victoria cristiana motivó la quiebra del poder de los Banu Qasi y la consiguiente reacción cordobesa.
Su hijo Fortún Garcés fue hecho prisionero por los musulmanes en 860 y estuvo retenido en Córdoba más de 20 años. Entre los años 870 (muerte de García Íñiguez) y 880 (regreso de Fortún Garcés I), parece que gobernó como regente en Pamplona García Jiménez, hijo de Jimeno García (dinastía Jimena).

Durante su reinado se tomaron las primeras medidas para favorecer el paso de peregrinos que acudían a Compostela, poniendo las primeras piedras del futuro «Camino de Santiago».

Estuvo casado con Urraca de quien no existe ningún dato documental para conocer su linaje, aunque Jaime de Salazar y Acha opina que, teniendo en cuenta que fue madre de un hijo llamado Fortún y que, conociendo la presencia constante de este nombre en la dinastía muladí, podría ser hija de Fortún Ibn Musa (muerto en 874) y prima hermana de Muhammad ibn Lub, el abuelo de la Urraca, reina asturiana.
Hijos
Fortún Garcés I, Rey de Pamplona, casado con Oria (Áurea), posiblemente hija de Lopo Ibn Musa.
Sancho Garcés de Pamplona, padre de Aznar Sánchez de Larraún, conde de Aragón y Valasquita Sánchez, casada con Mutarif Ibn Musa, walí de Huesca.
Jimena de Pamplona, casada con Alfonso III «el Magno».
Oneca de Pamplona, casada con Aznar II Galíndez.
Velasquita Garcés.