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sábado, 29 de septiembre de 2012

La Mujer en Al-Ándalus - I -


La España andalusí no era diferente de cualquier otro territorio árabe. Por ello los modelos de familia patriarcal y poligámica -con una diferencia amplia entre los géneros- así como situación de la mujer, podían asemejarse en gran medida a la de sus vecinas africanas o asiáticas: las costumbres y leyes en al-Ándalus permitían el harén como modelo ideal de familia. En ella el hombre podía tener hasta cuatro esposas aunque el poder económico de la familia era realmente el que determinaba cuantas mujeres podía mantener el varón.
En algunas familias nobles, según explica Jesús Greus, también contaban con concubinas esclavas muchas de las cuales eran de origen cristiano convertidas al islamismo. El número de ellas podía llegar a ser muy extenso pero sólo las que daban un hijo varón al sultán alcanzaban el codiciado título de princesas madre que les daba derecho a tener fortuna personal y a emanciparse al morir su señor.
Tanto si las estirpes eran monógamas o polígamas, una cosa compartían en común todas ellas: la solidaridad desarrollada entre las féminas de las familias.
Entre las tareas que repartían sin recelo u odio se encontraban la resolución común de los problemas, el cuidado de los hijos propios y de los de su marido así como las tareas del hogar o trabajos u obligaciones diarias que, por otro lado, no eran distintas a las cristianas y como las otras, su clase social y poder económico determinaban si debían ser ellas mismas las que las realizasen o por el contrario podían disponer de servicio doméstico - compuesto principalmente por esclavas- que cumpliesen con esos tediosos trabajos.

En estos hogares tan amplios podían convivir el varón junto con su esposa- esposas- hijos y sirvientes. En el domicilio pasaban los primeros años de vida mujeres - hasta que se casaban pasando a formar parte de la familia de su marido con quién además vivirían- y varones hasta que el padre los consideraba suficientemente mayores como para educarles él mismo. Asimismo los hombres acudían a la mezquita a recibir las nociones necesarias para su pleno desarrollo como ser humano mientras la instrucción de ellas era recibida directamente por las madres quienes las educaban según la clase social. Así la mujer noble se preocupaba por la cultura y aunque podían ser minoría, hubo mujeres que sabían leer y escribir con el fin de consultar y recitar El Corán.
Éstas pudieron a su vez enseñar a otras niñas recibiendo así el status o reconocimiento de maestras.
La mayor parte de las salidas de las mujeres en la España árabe tenían un fin religioso aunque no era muy común verlas en las mezquitas ya que la religiosidad de la mujer árabe es más privada que la practicada por las cristianas. Al pasar tanto tiempo dentro de los hogares, éstos contaban con amplios espacios, siendo común que las casas tuviesen dos pisos distribuidos a partir de un patio porticado que en uno de sus lados tenía una escalera por la que se subía al piso superior, reservado a las mujeres. El patio era el centro de la vida familiar donde las mujeres podían estar largo tiempo sin miedo a que alguien pudiese observarlas.

En Al-Ándalus la mujer de las clases más altas tenía una obligación sobre las otras: cuidar su aspecto exterior con el fin de gustar a su esposo, el único autorizado para verla plenamente. A pesar de que eran las más privilegiadas las que cuidaban su aspecto, todas las mujeres acudían una vez por semana a los baños públicos en los que se repartían tiempos y espacios distintos para hombres y mujeres. Allí, además de lavarse, aquellas que lo podían pagar, recibían cuidados especiales como masajes con ungüentos cremosos y olorosos así como atención al cabello- las mujeres solían tener una cabellera larga, espesa y muy negra- y el rostro e incluso han llegado hasta nosotros testimonios que aseguraban que ya en la España musulmana, las mujeres se depilaban con fines estéticos.
En estos baños, según cuentan las crónicas, podían olerse magníficos perfumen que manaban por sus ventanas y es que es por todos conocido los excepcionales perfumes y esencias del mundo árabe. Gracias a los maestros perfumistas, las mujeres poseían distintos frascos que utilizaban en las diversas ocasiones de la vida cotidiana en las que realmente disfrutaban con la fragancia de dulces e intensos aromas.
La coquetería de la mujer andalusí continuaba con el ropaje que solía ser de colores vivos-los más lujosos estaban además bordados con hilos de plata y oro-, donde las telas iban ceñidas a la cintura y la cabeza cubierta. Del mismo modo eran muy comunes los adornos y complementos que, al igual que hoy en día, buscaban resaltar la belleza de las mujeres. Las joyas más comunes eran los collares y brazaletes de piedras preciosas pero también se sabe que usaban diademas o broches de oro, plata y perlas.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Rebelión en el Arrabal.

Córdoba estaba poblada por multitud de gentes de origen diverso. Acogía a árabes que llegaban de Oriente y de Ifriqiya, magrebíes, beréberes, junto a muladíes y mozárabes, así como a poblaciones judías. La mezquita hubo de ser ampliada por el número de fieles que querían escuchar la oración y rezar. Desde que Hisham I restauró el antiguo puente romano sobre el Guadalquivir, la orilla izquierda se fue poblando, formando un arrabal ( barrio fuera de la ciudad ). Era un lugar bullicioso, lleno de vida. Aquí convivían el pueblo llano, comerciantes y pequeños artesanos, gentes empleadas en el gobierno...todo estaba cerca de la mezquita mayor y del palacio de los emires.
Esta parte de la ciudad fue tomando auge hasta convertirse en un centro de oposición al poder. Esta circunstancia fue avivada por el carácter de al-Hakam, con frecuencia impulsivo y dado a actuaciones sumarias, con un modo de impartir justicia demasiado radical. Las clases sociales de Córdoba consideraban al emir despótico, más dado a al vilencia que a la moderación, y con desconsideración ante el que no viese con buenos ojos las subidas de los impuestos o el reclutamiento de mercenarios extranjeros.
Así estaba la situación cuando un día un rumor agravó la situación. Un total de 72 ciudadanos habían sido crucificados por orden del emir y sus cuerpos iban a ser expuestos en el Guadalquivir. Era el mes de mayo de 805.
Nobles de Córdoba entre los que se encontraba varios alfaquíes, tramaron una conjura para destronar a al-Hakam y sustituirlo por otro omeya, Muhammad ben al-Qasim. Este hombre, fiel a su primo el emir, fue a contarle todo y le dio la lista de quienes estaban implicados. Las ejecuciones no se hicieron esperar. También fueron asesinados dos tíos del emir, hijos de Abd-al Rahman I, a los que tenía encarcelados desde su llegada al poder por temor a que alentaran a una sublevación.
Estas ejecuciones conmovieron el ánimo de la ciudad que veía espias y delatores por todos lados. Al-Hakam restauró las murallas, aseguró las puertas de su recinto y llevó a su palacio gran cantidad de armas por temor a una rebeldía acentuada. Se hizo una guardia personal con gente de fuera de España y la puso bajo el mando del jefe de la comunidad cristiana, el comes, conde Rabí, hijo de Teodulfo.
Las pasiones populares se excitaban de día en día y los alfaquíes, que con su poder moral hubieran podido ir a calmar los ánimos, no hicieron nada pues estaban muy descontentos con las acciones del emir.
Al-Hakam había instituido nuevos impuestos y para colmo, los recaudaba el conde Rabí, un cristiano. La situación era crítica .
Un soldado de la guardia del emir había llevado a bruñir su arma a un espadero. Le pareció que no le atendía con suficiente rapidez y empezaron a discutir. La disputa llegó a tal estado que el soldado mató al hombre. Ese día el emir estaba de cacería y, al regresar, fue recibido por los cordobeses a gritos y gestos hostiles. Algunos de los revoltosos fueron crucificados. Este hecho hizo que en el Arrabal estallase un motin. Se dirigieron en masa con intención de forzar las puertas del Alcázar. De inmediato, las milicias de palacio se formaron para ofrecer resistencia.
Ubayd Allah, el primo del emir e hijo de al-Balansi, e Ishaq ben al-Mundihir, llamaron a las armas a los jinetes regulares de la medina y saliendo por la Puerta Nueva, cruzaron el Guadalquivir alcanzando las primeras casas del Arrabal. Cogidos los revoltosos entre dos fuegos, uno delante y otro a la espalda, escaparon como pudieron. La matanza fue cruel cuando al-Hakam mandó a sus soldados hacia el Arrabal.
300 notables participantes en el motín serían crucificados. Se decidió que el resto de supervivientes conservaran la vida, a cambio de que se marchasen de Córdoba. El Arrabal sería arrasado y el solar, arado y sembrado para que nadie levantase alli ni una choza. Todo se cumplió hasta que a finales del siglo X se infringió la prohibición de al-Hakam. Este emir pasaría a la historia con el sobrenombre de al-Rabadí, " el del Arrabal ".

jueves, 27 de septiembre de 2012

ROMANCE DE LA CONQUISTA DE ALHAMA,




Paseábase el rey moro por la ciudad de Granada, 
desde la puerta de Elvira hasta la de Vivarrambla. 
Cartas le fueron venidas cómo Alhama era ganada.
 ¡Ay de mi Alhama! 
Las cartas echó en el fuego, y al mensajero matara; 
echó mano a sus cabellos y las sus barbas mesaba. 
Apeóse de la mula y en un caballo cabalga; 
por el Zacatín arriba subido había a la Alhambra. 
Mandó tocar sus trompetas, sus añafiles de plata, 
porque lo oyesen los moros que andaban por el arada. 
¡Ay de mi Alhama! 
Cuatro a cuatro, cinco a cinco, juntado se ha gran compaña. 
Allí habló un viejo alfaquí, la barba bellida y cana: 
-¿Para qué nos llamas, rey, a qué fué nuestra llamada? 
-Para que sepáis, amigos, la gran pérdida de Alhama.
 ¡Ay de mi Alhama!
 -Bien se te emplea, buen rey, buen rey, bien se te empleara;
 mataste los abencerrajes, que eran la flor de Granada; 
cogiste los tornadizos de Córdoba la nombrada. 
Por eso mereces, rey, una pena muy doblada: 
que te pierdas tú y el reino y que se acabe Granada. 
¡Ay de mi Alhama! 

lunes, 24 de septiembre de 2012

Vida cotidiana en al-Andalus. El zoco.



El zoco era un espacio de intercambio y compra-venta de mercancías y servicios, además de un lugar de encuentro y de relaciones sociales, sobre todo masculinas, en el que, en medio de un frenético deambular, se sucedían las más diversas transacciones. Se situaba generalmente próximo a la mezquita, aprovechando una plaza o espacio abierto. Podía estar cubierto o al aire libre.
Los oficios y los puestos se extendían por áreas especializadas. En ellos exponían los distintos productos (especias, perfumes, tejidos, leche, huevos, frutas y hortalizas, pescado, carne,  así como objetos propios de orfebrería, cerámica, espartería, calderería...); también ofrecían sus servicios distintos trabajadores: carpinteros, aserradores, sastres, pintores, molineros, zurcidores, escribanos, médicos, sangradores, herreros, barberos, albañiles, braceros..., por último, los acróbatas, narradores, encantadores... proporcionaban divertimento a la muchedumbre que lo abarrotaba. Algunos oficios como curtidores y aceiteros se veían relegados a lugares alejados, fuera del zoco, por producir malos olores o sustancias insalubres.
Las tiendas eran muy pequeñas y las dedicadas a la artesanía solían tener incorporado el taller. El comerciante se situaba normalmente sobre una tarima y desde ella podía alcanzar cualquiera de los objetos expuestos a la venta.
También existían bastantes freidurías, en las que se despachaban buñuelos, pestiños y platos preparados con carne picada cuya elaboración era especialmente vigilada.
Al frente del zoco estaba el almotacén o zabazoque, encargado de velar por su correcto funcionamiento. Entre sus atribuciones se contaban: fijar los precios prohibiendo el acaparamiento, controlar la calidad, los pesos y medidas y la moneda, asignar el emplazamiento de los gremios y los puestos, controlar la limpieza, imponer sanciones y retirar las mercancías defectuosas. También podía nombrar ayudantes y alamines para los gremios.
Las compras se hacían con dinero en efectivo, que primero se acuñó en la ceca de Córdoba, y luego, en época de taifas, en otras ciudades. Las monedas de pago corriente eran los dinares, dirhems y feluses.
Además de los zocos permanentes hubo otros que se desplegaban una vez en semana. Los mercadillos de puestos de venta ambulante de muchos pueblos y ciudades de nuestra geografía son herederos de esta tradición.
Cercanas al zoco estaban las alhóndigas o funduk (de donde deriva la palabra “fonda”), establecimientos que jalonaban las rutas comerciales y que servían de alojamiento y de almacén para los productos.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

LA JORNADA DEL FOSO en Toledo.


En lo que fuera antiguamente el barrio conocido como "Montichel", por ser una de las siete colinas sobre las que se asienta Toledo, en el actual Paseo de San Cristóbal, aconteció uno de los episodios más oscuros y sangrientos de la historia Toledana, lo que se conoce como "Una noche toledana"  ó " La jornada del Foso".
Nos situamos hacia el año 190 de la Hégira, hacia nuestro 812; gobernaba Toledo un joven llamado Jusuf-ben-Amru, déspota y cruel con todos los toledanos, múltiples fechorías cometía amparándose en su poder: raptaba doncellas, y daba muerte a todo aquél que se oponía a sus terribles métodos.
Tanto era el descontento popular que un levantamiento no se hizo esperar y los toledanos tomaron la ciudad. Una comisión de nobles advirtió al joven gobernador de lo peligroso de la situación, pero éste, ignorando los sabios consejos, continuó intentando defender la ciudad, enviando a su guardia personal e intentando aplastar el levantamiento de su ciudad. Viendo los nobles que Jusuf quedaba poco protegido, decidieron darle captura. El pueblo pidió la cabeza del joven y éste fue ejecutado.
Los nobles enviaron noticias al Califa de la situación que Toledo había vivido bajo el gobierno de Jusuf y de los sucesos recientes. El Califa hizo llamar a su fiel servidor, padre de Jusuf a la sazón, y le contó el triste final del que fuera su hijo. Amru, padre del gobernador ejecutado, pidió al Califa que como pago a sus favores fuera enviado como nuevo gobernador a Toledo para que, gobernando rectamente, pudiera enmendar los errores de su hijo y recobrar el honor perdido por su familia.
El Califa confió en la palabra de Amru, y éste partió hacia Toledo. Los toledanos lo recibieron con miedo y recelo, bien sabían que era el padre del gobernador al que habían pedido ejecución.
Sus temores fueron infundados, ya que Amru gobernó de forma paternal y con nobleza ante la aristocracia. Escuchaba a sus súbditos y respetaba sus opiniones.
Pero Amru era orgulloso y ocultaba sus verdaderas intenciones. Necesitaba ganarse la confianza de aquellos que asesinaron a su hijo. La ocasión para su venganza se presentó un buen día que el hijo del Califa hizo una parada en Toledo camino de Zaragoza. Amru agasajó a su invitado con un gran banquete al que previamente invitó a todos los principales de la ciudad. El ágape se preparó en una residencia que el gobernador se había hecho construir en la actual zona de San Cristóbal, ya que jamás quiso residir en el Alcázar Toledano, por los nefastos recuerdos que le traía.
Los nobles toledanos se prepararon con sus mejores galas para ir al banquete en honor del futuro califa preparado por el gobernador. Las estrechas calles de Toledo, apenas iluminadas por las antorchas, veían pasar el cortejo de todos ellos acompañados de sirvientes y mujeres.
Al mismo tiempo que accedían a la residencia, la guardia personal del gobernador, muchos de los cuáles habían servido fielmente a su hijo, acompañaban a los invitados a un lugar apartado donde con afilados alfanjes iban segando sus cabezas y sus cuerpos eran arrastrados a un subterráneo.
Cuenta la leyenda que, cuando Amru, padre de Jusuf y fiel servidor del califa vio caer la última cabeza exclamó: "¡Hijo mío, ya puedes descansar en paz, pues ya estás vengado!"
Con la llegada del alba, los toledanos pudieron contemplar con todo su horror el espectáculo que había acontecido en la residencia del gobernador. Cientos de cuerpos y cabezas se amontonaban con un rictus de espanto en el patio, mientras que las de algunos, los más principales, colgaban cual pendones de las almenas de palacio.
Una "noche toledana" significa, todavía hoy, para muchos hispano hablantes, una noche de terror, desapacible, que infunde miedo en el alma...

Información obtenida de la red.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Al-Hakam. Un reinado turbulento.

El 17 de abril de 796 moría Hisham I con 40 años. Nombró sucesor al segundo de sus hijos, Abu-l-Así al-Hakam, en lugar de su hijo mayor, Abd al-Malik.
Al- Hakam, en el momento de asumir el emirato, tenía 26 años, por lo que era de esperar que su reinado fuese largo, pues tenía mucha vida por delante. Nada más tomar posesión del trono, se rompió la larga tregua de tranquilidad que se disfrutó en el reinado de su padre Hisham I. Al igual que sucedía entre los cristianos, la primera querella a la que tuvo que hacer frente al- hakam fue de carácter dinástico, pero en esta ocasión no fue su hermano mayor el que se mostró descontento con su suerte, sino sus tíos, hermanos de su difunto padre que residían en África, y cuando se enteraron del fallecimiento, decidieron venir a intentar recobrar el reino que creían les pertenecía. 
Abd Allah llegó hasta la Marca superior con la intención de sublevar a las guarniciones y a la población de aquellos lugares, que no era proclive al nuevo emir, pero sus intentos resultaron inútiles. Asi pues, abandonó este propósito y, en unión de sus dos hijos, Ubayd Allah y Abd al-Malik, se fue hasta Aquisgrán para presentarse a Carlomagno. 
Sulaymán arribó un año después que su hermano, con tropas que fue reclutando mientras se dirigía a al-Ándalus y marchó, directamente , a Córdoba con intención de atacar la ciudad. En el espacio de dos años, se enfrentó unas seis veces con las tropas del emir  y, aunque siempre salió derrotado, no desistía de sus propósitos. En la última batalla su derrota fue total y definitiva. Se replegó hacía Mérida, con objeto de fomentar la rebelión en estas tierra, pero el jefe beréber de dicha ciudad, Asbag Wansus, lo mató cortándole la cabeza y tomó la decisión de mandarla a Córdoba. Al-Hakam la hizo pasear por las calles, ensartada en una lanza, pero luego, la hizo enterrar con los debidos honores en el panteón de los omeyas.
Abd Allah, mientras tanto, regresó de Aquisgrán y logró apoderarse de Huesca en el año 800, para proseguir hacia Valencia. Al darse cuenta de que su fin no lo lograría, quiso entablar negociaciones con su sobrino al-Hakam. Durante 3 años estuvieron con deliberaciones hasta que el emir, a través del alfaquí Yahya ben Yahya, le concedió el perdón y una renta de 1.000 dinares, con la condición de que no se moviese de Valencia. Alli gobernaría con lealtad al emir. Desde entonces se le dio el sobrenombre de al Balansi, " el Valenciano". El emir llamó a sus primos y los casó con dos de sus hermanas, Aziza y Umm Salma. Uno de ellos, Ubay Allah sería un gran general.
Los focos de insurrección prendían, de manera constante, en las 3 Marcas fronterizas del reino, situadas alrededor de : Zaragoza, Toledo y Mérida.
Algunas colonias de beréberes asentadas en el valle del Ebro no suponían problema alguno aunque con frecuencia se aliaban  junto a los pequeños señores árabes para luchar contra el poder emiral.  En estos nuevos musulmanes destacará la familia de los Banu Qasi, que lograrán crear en Aragón, una especie de principado, un feudo hereditario. El historiador IBN HAZM decía que los Banu Qasi descendían de un conde godo, que se convirtió al Islam a la llegada de los árabes y que incluso habían participado en la llamada jornada de Siria para proclamar su obediencia al califa.
Para contrarrestar a estas revueltas, un muladí llamado Amrus ben Yusuf tuvo un papel relevante en tierras aragonesas. Fiel a la causa Omeya, fue gobernador en tierras de Zaragoza hasta su muerte. Acabó con éxito con la disidencia de los Banu Qasi y de un agitador, Bahul ben Marzuq, que se había apoderado de Huesca, castigando a los muladíes. Tuvo Amrus su momento de poder y conmovido por la riqueza, sintió tentaciones de hacerse independiente y se cuenta que entabló conversaciones con Ludovico Pío, hijo de Carlomagno. Al enterarse al-hakam mandó a su general Abd al-Karim ben Mugith para que entregase un mensaje a Amrus . Este conmovido por  las palabras del emir, viajó a Córdoba para renovar su fidelidad. Morirá en el año 812, pero hasta ese momento, al-Hakam estaba tranquilo en cuanto a la Marca superior.  Después de la muerte de Amrus, estos territorios fueron confiados a Abd al- Rahman, hijo del emir, para luego asumir este cargo el hijo de Amrus.
Toledo, capital de la Marca mediana, estaba poblada por muladíes. Al subir al poder el emir, tuvo que enfrentarse con Ubayd Allah ben Jamir, y un poeta de origen toledano, Girbib ben Abd Allah. Para esta contienda mandó a Amrus. Empezó por eliminar al jefe ben Jamir, al que hizo caer en una trampa y decidió dar escarmiento ejemplar a la burguesía toledana. Este hecho es la famosa JORNADA DEL FOSO, que tanta impresión causó entre los analistas árabes.

información:
libro al-Ándalus de Concha Masiá.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Poetas Arabes de al-Andalus: Ibn Hazm.


Ibn Hazm
Abu Muhammad `Ali ibn Ahmad ibn Sa`id ibn Hazm (Árabe: أبو محمد علي بن احمد بن سعيد بن حزم), más conocido como Ibn Hazm (Córdoba, 7 de noviembre de 994 - Montíjar (Huelva), 15 de agosto de 1064 ), fue un filósofo, teólogo, historiador, narrador y poeta hispanoárabe.
Realizó una intensa actividad política. Fue visir del califa Abderramán V, y a consecuencia de intrigas palaciegas estuvo en la cárcel en varias ocasiones y sufrió un breve destierro. Abandonó la actividad política para dedicarse a sus estudios de teología y derecho. Debió exiliarse en diferentes taifas de al-Ándalus tras la crisis del califato, exilio que le llevó a recorrer varias taifas: Sevilla, invitado por al-Mutadid o la taifa de Mallorca. La célebre quema pública de sus libros en Sevilla[cita requerida] le inspiró un conocido poema que dice:

دعـوني من إحراقِ رَقٍّ وكـاغدٍ وقولوا بعلمٍ كي يرى الناسُ من يدري
فإن تحرقوا القرطاسَ لا تحرقوا الذي
تضمّنه القرطاسُ، بـل هو في صدري
يـسيرُ معي حيث استقلّت ركائبي
وينـزل إن أنـزل ويُدفنُ فـي قبري

"Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles,
y mostrad vuestra ciencia para que se vea quien es el que sabe.
Y es que aunque queméis el papel
nunca quemaréis lo que contiene,
puesto que en mi interior lo llevo,
viaja siempre conmigo cuando cabalgo,
conmigo duerme cuando descanso,
y en mi tumba será enterrado luego"

(Trad. de José Miguel Puerta Vílchez)

Fue un ingente polígrafo, cuyas miles de páginas no pueden reducirse a una breve explicación. Escribió obras históricas, como Risāla fī fadl al-Andalus (Epístola en elogio de Al-Andalus) o Naqt al-arus (Bordado de la novia), Yamharat ansāb al-arab (Linajes árabes), Al-fisal fī-l-milal wa-l-ahwā' wa-l-nihal (Historia crítica de las religiones, sectas y escuelas). Estas obras solo fueron superadas en occidente en el siglo XIX.

De carácter didáctico es Falsāfat al-ajlāq (Los caracteres y la conducta), traducida al castellano por Miguel Asín y Palacios y de tema polémico teológico es Risālat fī radd ala ben Nagrīla (Polémica teológica con Ibn Nagrella).

Su obra más famosa es Tawq al-hamāma o El collar de la paloma en la que trata el tema del amor. Fue escrito en Játiva hacia 1023. Se trata de un libro de reflexiones sobre la verdadera esencia del amor, intentando descubrir lo que tiene de común e inmutable a través de los siglos y las civilizaciones de influencia neoplatónica, que fue llamado "amor udrí", incluyendo detalles autobiográficos y documentales. Constituye también un diwan, o antología poética de tema amoroso, pues está empedrado de composiciones elegantes y refinadas.

También escribió numerosas obras filosóficas. Su pensamiento se basaba en Aristóteles y se esfueza en distinguir lo verdadero de lo falso, lo que lleva a un sexto sentido o sentido común por el cual se demuestran las verdades. Dichas verdades están en estrecha relación con la fe por lo que un conocimiento cabal de la filosofía puede relacionar a estas verdades con la teología. De este modo, elabora una teología natural acercándose a los postulados de Santo Tomás y desarrollando el tema de la esencia y la existencia, concluyendo que son idénticas solo en Dios, pero con un significado diferente que la doctrina tomista.

Pero quizás su aporte más significativo esté dado por su testimonio acerca del motivo de la actividad del hombre, cuando indica que todo lo que hace el hombre lo hace para evitar la preocupación, para distraerse. ¿Distraerse de que? De la muerte.


LA VISITA DE LA AMADA

Viniste a mí un poco antes de que los cristianos tocasen las campanas, 
cuando la media luna surgía en el cielo
como la ceja de un anciano cubierta casi del todo por las canas,
o como la delicada curva de la planta del pie.
Y, aunque era aún de noche, con tu venida brilló en el horizonte
el arco del Señor,
vestido de todos los colores, como la cola de los pavones.


  Probablemente de familia de origen hispano convertida al islam. Su infancia la pasó en Medina-Azahara entre las mujeres del harén. Estudió Derecho y Teología. Amigo de Ibn Suhayd y de otros poetas jóvenes de Córdoba que defendían el clasisismo árabe procedente de Bagdad ante el bilingüismo de Al-Andalus. Su obra principal es El collar de la paloma, prosa poética con inclusión de versos, escrita en árabe erudito. Versa sobre la experiencia de la vida y el amor. Su obra influyó notablemente en los poetas medievales castellanos y provenzales, en la poesía galaico-portuguesa, en tratados cristianos y en la popular obra del Arcipreste de Hita El Libro de Buen Amor.

EL COLLAR DE LA PALOMA.

Melancólico, afligido e insomne, el amante
no deja de querellarse, ebrio del vino de las imputaciones.
En un instante te hace ver maravillas,
pues tan pronto es enemigo como amigo, se acerca como se aleja.
Sus transportes, sus reproches, su desvío, su reconciliación
parecen conjunción y divergencia de astros, presagios estelares adversos y favorables
Más de pronto, tuvo compasión de mi amor, tras el largo desabrimiento,
y vine a ser envidiado, tras de haber sido envidioso.
Nos deleitamos entre las blancas flores del jardín, 
agradecidas y encantadas por el riego de la escarcha:
rocío , nube y huerto perfumado
parecían nuestras lágrimas, nuestros párpados y su mejilla rosada


Este poema  forma parte de El collar de la paloma, una de las obras más importantes, si no la más importante, de la lírica andalusí y de la literatura árabe. Este tratado de amor fue escrito por Ibn Hazm en el siglo XI, en plena crisis del Califato de Córoda. 
Respecto al origen del nombre, el filósofo Avicena (980-1037) contemporáneo de Ibn Hazm, confirma la costumbre que existía entre los poetas neoplatónicos de vincular a la paloma con el alma, afirmando que la paloma es el alma caída. Esta obra es un encargo de un amigo, que le pidió que escribiese una obra sobre el amor, lo más verdadera posible, y el resultado fue esta gran obra maestra. 

Se  estructura en diferentes capítulos que tratan sobre la esencia del amor, sobre el que se enamora en sueños, sobre el que se enamora por una sola mirada, sobre aquel cuyo amor no nace sino tras un largo trato, sobre la lealtad, la traición,  la enfermedad, la muerte...  Es decir, el amor en todas su formas posibles. Los estudiosos literarios no dejan de alabarlo, incluso Ortega y Gasset lo consideró «el libro más ilustre sobre el tema del amor en la civilización musulmana». 

Resulta interesante que hace más de mil años ya estuviésemos dando vueltas a lo mismo. El amor es inherente al ser humano, nos neguemos a aceptarlo o no. Ha sido protagonista de batallas, de locuras, de muertes,  de novelas, películas, inspiración de obras de arte, de canciones,  y el motor de muchos de nuestros comportamientos más lúcidos y también  de los más absurdos, y seguirá siendo así....

Mi amor por ti, 
que es eterno por su propia esencia,
ha llegado a su apogeo, y no puede ni menguar ni crecer.
No tiene más causa ni motivo que la voluntad de amar.
¡Dios me libre de que nadie le conozca otro!
Cuando vemos que una cosa tiene su causa en sí misma,
goza de una existencia que no se extingue jamás;
pero si la tiene en algo distinto,
cesará cuando cese la causa de que depende.