Seguidores

miércoles, 31 de octubre de 2012

La lucha de los francos, la amenaza vascona y Musa ben Qasi.

En 828, Abd al-Rahman II, posiblemente de acuerdo con un noble de origen godo, Aizón, decidió hacer una expedición contra los dominios francos de la Marcha Hispánica, con la vista puesta en Barcelona. Aizón había estado preso en Aquisgrán, de donde consiguió fugarse y estuvo fomentando la rebelión contra los francos en las regiones montañosas pirenaicas. Ubayd Allah sitió Barcelona, pero la resistencia tenaz de su defensor, el conde y marqués Bernardo, impidió que se pudiera tomar la ciudad, lo mismo que le sucedió con Gerona. Asoló todos aquellos territorios, pero no hubo más.
Todavía se enviaron otras dos expediciones a las posesiones de los francos en España, pero sólo lograron botín y cautivos, sin que cayese en poder musulmán ninguna plaza importante. Parece que se negoció una tregua entre Abd al Rahman y Carlos el Calvo, pues según la cronica franca, en 847, el rey franco recibió a dos embajadores cordobeses llegados a la corte para hacer la paz y concertar un tratado.

En la primera mitad del S. IX, los vascones que habitaban las tierras que formarían el futuro reino de Navarra, al norte del valle del Ebro, se iban perfilando como una pequeña monarquía. De aquellas tribus dispersas no se tiene muchas noticias, aparte de su actuación contra Carlomagno en Roscesvalles, y la expulsión de su capital, Pamplona, del gobernador musulmán en 789. El rey histórico navarro es  García Iñiguez, hijo de Iñigo Arista, éste casi un personaje legendario, Los comienzos de la dinastía vascona parece que se vieron favorecidos por la actitud de uno de los señores musulmanes más poderosos del momento en la Marca Superior, Musa ben Musa ben Qasi, hermano del último gobernador de Pamplona.  Musa había permanecido fiel a los omeyas en cuyo nombre había realizado fructíferas operaciones contra Vasconia y el territorio de Álava. Este Musa era hijo de Musa ben Fortún ben Qasi, cuya viuda se había casado en segundas nupcias, con Iñigo Arista, del que tuvo un hijo, Fortún Iñiguez.

En 842, Musa ben Musa residía en Tudela como gobernador y participó con las tropas de  Ubay Allah en una aceifa contra Álava. Al regreso de la expedición, un oficial, quizás celoso del buen papel desempeñado por Musa, le hizo reproches injustos y le humilló. Musa, ya en Tudela, se declaró en guerra abierta contra Córdoba, atacando a los territorios omeyas. Abd al-Rahman reaccionó enviando tropas contra el rebelde y éste a su vez, pidió ayuda a su pariente García Iñiguez.
El general omeya, Harith ben Bazi, se enfrentó con las tropas de ambos cerca de Balma, donde fue herido, perdió un ojo y cayó prisionero. Abd al-Rahman en los años 842, 843 y 844, envió expediciones de castigo contra Musa, pero sólo se logró una sumisión pasajera del sublevado.

En 843, el propio emir dirigió una columna que se enfrentó con las tropas de Musa, las del rey García Iñiguez y las de Fortún Iñiguez. El encuentro fue desastroso para éstos. Fortún Iñiguez murió y su cabeza se envió a Córdoba exhibiéndose ante el populacho; el rey García y su hijo Galindo, heridos; Musa se salvó huyendo y muchos señores vascones tuvieron que pedir el amán ( solicitud de perdón ) a Abd al-Rahmán.
Al año siguiente fue el principe Muhammad el que atacó Tudela y en julio Musa envió proposiciones de sumisión que el emir aceptó. Musa ben Musa recibió el gobierno de Tudela, pero enviando rehenes que garantizasen su fidelidad. Todo parecía marchar bien, e incluso Musa fue llamado a Córdoba, a donde acudió, para repeler el ataque de los piratas normandos, pero tres años después, el muladí estaba, de nuevo, en pie de guerra. Sin estorbo de Córdoba fue consolidando un principado que fue extendiendo en los 15 años anteriores a su muerte.

lunes, 29 de octubre de 2012

Ziryab y el canto andalusí.



Ziryab, "El mirlo"

La música era otra de las enseñanzas que se impartían en La Mezquita de Córdoba donde el famoso músico Ziryab fundó el primer conservatorio del mundo islámico en la madraza e introdujo los cantos árabes conocidos como nubas. Sus innovaciones musicales tuvieron también una fuerte influencia. Introdujo en Hispania las melodías orientales de origen grecopersa que serían la base de buena parte de las músicas tradicionales posteriores de al menos una parte de la Península Ibérica.

Abu l-Hasan Ali ibn Nafi` el Mirlo Negro, Ziryab, nació en Bagdad en el año 789. El sobrenombre le venía debido a que tanto el color de su piel como su bella voz recordaban a un pájaro cantor de plumaje negro, el mirlo, en árabe zyriab.

En su ciudad natal fue alumno del músico Isaac al Mawsulf, el predilecto del califa Harun al-Rashind, famoso gracias a los cuentos de “Las mil y una noches”. Los progresos de Zyriab en manos de este músico fueron tales que su técnica y su gracia natural dejaron pronto atrás al maestro y, según cuenta la historia, en una de las demostraciones de su arte que hizo ante el califa, osó presentarse con un laúd de su invención, con cinco cuerdas y no con las cuatro habituales ante entonces y el plectro con que las taño fue una garra de águila y no con una púa de madera como las que se tocaban en ese momento. El sonido de su instrumento y el de su melodiosa voz hicieron que Haun al Rashind sintiera con su música algo superior a lo que había oído nunca. Tanto le gusto que le pidió que volviera el otro día a palacio para seguir deleitándose con ella. Esto no sucedió ya que su maestro lo que sintió fue indignación y, posiblemente, envidia. En palabras del historiador, Dozy, Isaac al Mawsulf le dijo que “no tendría el menor escrúpulo” en matarlo.

Zyriab, entonces, optó por el destierro. La perfección de su música lo condenaba a una vida de apátrida, y así anduvo deambulando durante años por ciudades de Siria y del norte de África, viviendo en El Cairo y cruzando los desiertos de Egipto y Libia, hasta establecerse en Qayrawan y componiendo nuevas melodías que, según el, le dictaban los ángeles.
 En esta ciudad tuvo noticias del esplendor de Córdoba ya que “habían oído hablar de él y quería conocer aquella voz que no se parecía a la de nadie y aquellas canciones dictadas por los ángeles”.

Con gran emoción se apresuró a emprender viaje hacia la capital de Al-Ándalus, cruzando el mar y llegando a Algeciras en mayo del 822 cuando contaba con 33 años de edad. Por fin podría establecerse en una ciudad en donde su arte y su saber fueran apreciados. Pero de nuevo pareció que su mala suerte regresaba y que debería volver tras sus pasos: nada más desembarcar supo que Alhaken I acababa de morir. La persona que tantas cosas le había prometido ya no gobernaba en Córdoba, y se encontraba solo, en un lugar que nada le decía y en el que no conocía a nadie. Así que se dispuso a esperar un barco que lo devolviera al norte de Africa. Mientras aguardaba, supo que alguien preguntaba por él. Era un músico judío Abu Nasr Mansur, que había llegado justo a tiempo al puerto de Algeciras para comunicarle que Abderramán II, el hijo del fallecido le esperaba en su corte. Ahora sí, los años de peregrinación de Zyriab parecían que habían concluido.
Tanto el músico como el emir tenían aproximadamente la misma edad y casi los mismos gustos: la música y los libros ya que el placer de la guerra no existía en el gobernante y que poseía una gran sensualidad, dándole incluso una blandura de carácter.

El teólogo cristiano Eulogio, coetáneo de ellos llegaría a escribir de Abderramán que, a Córdoba “la ha sublimado con honores y ha extendido su fama por doquier, la ha enriquecido sobremanera y la ha convertido en un paraíso terrenal”.

Esa es la Córdoba que conoció Zyriab, en la que entabló una verdadera amistad con el emir, que durante casi treinta años y de la que ya nunca quiso marcharse, agradeciendo a su suerte el no haberse quedado en Bagdad. Ni allí ni en Bizancio se había apreciado ni pagado tanto a un músico y nada más llegar se le ofreció palacio y servidumbre, “sueldo mensual de 200 monedas de oro y mil mas en cada una de las fiestas canónicas y quinientas en San Juan y otras quinientas en año nuevo, además de 200 sextarios de cebada o cien de trigo, y el usufructo de varias alquerías en la campiña de Córdoba”. Abderramán estaba seguro de que en ningún lugar del mundo existía una voz como la de Zyriab.

Enseñó a los señores de Córdoba que los vasos de cristal eran más apropiados para degustar el vino que las pesadas copas de oro, y que los platos de un banquete no deberían probarse en un grosero desorden, sino obedeciendo a una grabación ritual que comenzaba en las sopas y los entremeses, seguía con los pescados y luego con las carnes y concluía con los golosos postres de los obradores de palacio y las diminutas copas de licor.
 Les enseñó a deleitarse con el sabor de los espárragos trigueros, que ellos ignoraban, aunque sus tallos crecían espontáneamente en Al-Andalus, y con guisos de habas tiernas. Legó a la ciudad el plato que lleva su nombre “ziriabi” o asado de habas saladas.

Dictaminó que desde mayo a septiembre convenía vestirse de blanco, y que los tejidos oscuros y las capas de pieles debían reservarse para los meses de invierno. Les enseñó el gusto por el cuidado del cabello, la manicura y la limpieza y la suavidad de la piel, llegando a fundar un instituto de belleza además, por supuesto, de una escuela de música. También fue el que introdujo el juego del ajedrez en Al-Andalus.

Algunas costumbres y supersticiones persas que vinieron con él todavía perduran: el juego del polo, el temor a los antojos de las embarazadas, la certidumbre de que los niños que juegan con fuego se orinan en la cama y que ingerir rabos de pasa es bueno para la memoria, el miedo a los espejos rotos y al número trece.

Y todas estas cosas que hoy nos parecen tan conocidas y naturales nos las trajo un músico.
 Zyriab creó las primeras escuelas de canto, desarrollando un método de educación vocal que establecía fases de vocalización, frase, declamación y lírica. Añadió una quinta cuerda al ´ud ( coincidiendo con las especulaciones de Al kindi ) e introdujo la pluma de ave para tañerlo. Sus enseñanzas sobre música e instrumentos tendrían gran influencia sobre sus contemporáneos cristianos.

Pero la máxima aportación de este personaje a la música árabe fue la creación de la nawba, una especie de suite clásica ( vocal e instrumental ) que englobaba influencias cristianas, judías y bereberes, con el clasicismo oriental como base. Esta expresión se abrió paso hasta Oriente conservándose hoy como la wasla o suite clásica oriental de origen andalusí. De ella hablaremos en nuestro apartado de música culta, pues es una expresión que se conserva en nuestros días en el Magreb.

Fuentes:
 Córdoba de los Omeyas. Antonio Muñoz Molina

sábado, 27 de octubre de 2012

Cuentos de Damasco. La paloma y el cálamo


Erase una vez en Damasco, en aquellos días lejanos cuando reinaba la paz. Se cuenta,  que el hijo del jardinero del palacio Azem encontró una paloma enferma, casi inmóvil en un parterre del jardín.
Agachándose, la acaricia y pregunta:
“¿Qué te ocurre?”

- “Estoy enferma  - responde la paloma - de miedo por el futuro que he visto, enferma de muerte por el sufrimiento y dolor que se cernirán sobre esta tierra”.

“¿No puedo curarte?”

- “Nada ni nadie puede curar el horror de la visión, nada más puedo decirte.
-  El futuro a los humanos se les revela sólo a su tiempo.
-  No obstante déjame cumplir con mi misión ya que me queda poco tiempo”.
“Escucha”:
“Arranca y toma para ti una pluma,
de mi pecho, junto al corazón,
la pluma tornasolada, verde. azulada.
Y mis ojos, serán tus ojos,
mis alas, tu dirección,
mi pluma, tu cálamo
mi vuelo, tu inspiración”
-  “Se me ha encargado revelarte – continuó la paloma -  que tu misión en la vida será la búsqueda y la lucha por la paz”.

-  “Pero… ¿Qué puedo hacer yo?  Desde mi nacimiento vivo entre estos altos muros mi señor, el gobernador, me cuida y sustenta, raras veces salgo salvo para ir a encargos al zoco. Apenas tengo contacto con el mundo exterior no hablo más que con el granado, los geranios,  las adelfas y ahora contigo. Y hasta dudo por ello de mi cordura. Sólo Salomón tenía esa cualidad y yo soy solo un labrador”.

- “Sigue estas simples instrucciones –le indicó la paloma -: Escribe con mi pluma y siempre con tinta verde, deja fluir tu pensamiento y libre el movimiento de tu mano”.

El muchacho acarició a la paloma mientras expiraba, la enterró cuidadosamente al pie de un olivo joven y se despidió de ella de la siguiente forma:
"¡Que la paz sea siempre contigo!
Que tu viaje sea como el del Profeta y que te dirija a los jardines prometidos
y que en ellos encuentres todo lo que te faltó en tu existencia terrenal.
Allí, si Dios lo quiere, nos reuniremos".

Después de lo acaecido, el muchacho siguió con su tarea meditando todo ello y decidió comprobar si todo había sido un sueño.
Al final del día fue al bazar, compró papel y tinta y en la soledad de su habitación tomó una hoja y en ella escribió cuatro preguntas:
¿Quién soy?
¿De Dónde vengo?
¿Cuál es mi fortuna?
¿A quién me dirijo?

Al cabo de un momento su mano, tenuemente iluminada  por la vela, como dirigida empezó a moverse y pausadamente a escribir:
Yo soy
El hijo de la palmera
del olivo y de la higuera.
de la parra y del jazmín
de la caña y la yuca
de la chumbera y la vid.
Yo soy
Del naranjo y el limonero,
del pino y el ciprés
Del tomillo y el romero,
hijo de jardinero.
Yo soy
de piedra y de hiedra.
del huerto y del jardín,
mi aliento es albahaca y yerbabuena.
La acequia, el manantial y la fuente,
son la sangre que corre por mis venas.
Mi piel las tierras y las arenas.
Mis ojos son agua del mar,
del color de los azules y las nubes,
del cielo.
Mi voz es la brisa del Mediterráneo.
Yo soy
hijo de Oriente,
del desierto y del oasis,
y del viento de Poniente,
del minarete,
y del sol naciente.
Yo soy
de la duna y de la luna.
Esta es toda mi fortuna.
Y esta es Padre, mi oración:
A Ti me dirijo:
Trátame con compasión.
Que vengo desde Ur, de Caldea.
De largo viaje, ya cansado.

Cuidadosamente apartó y limpió el cálamo y comprobó que nada era imaginario.
Meditó sobre el escrito, el extraño suceso de la paloma, y comprendió no solo de donde venía, sino a donde se dirigía, de quien finalmente era hijo, y,  que la misión de la paloma era muy simple: que continuara la labor que ella agotada, derrotada y desesperada no pudo acabar. Y a ello y con todas sus fuerzas dedicó el muchacho todos los días hasta el fin de su vida.



viernes, 26 de octubre de 2012

Abd al-Rahman II. Administración y reformas del emirato


Administración y reformas del emirato

Sin duda alguna, fue Abd al-Rahman II el emir que introdujo más innovaciones y reformas administrativas, todas ellas con el propósito de reforzar todavía más el supremo poder de la figura del emir; además, contribuyó enormemente a mejorar la gestión de un reino cada vez más poderoso y complejo, hasta tal punto que cuando Abd al-Rahman III asumió el trono, en el año 912, el futuro califa cordobés se limitó a limar algunas imperfecciones de la maquinaria de Estado que heredó.
Abd al-Rahman II tomó como modelo la organización del califato abassí, muy jerarquizada y centralizada, e hizo de la figura del emir el eje central de todo el sistema administrativo, judicial, militar y religioso. Ninguna decisión podía ser tomada sin su previo consentimiento. El poder real se tradujo, al igual que en Bagdad, por la institución de los monopolios del Estado: acuñación de moneda en su nombre, mantenimiento de los talleres de telas preciosas, etc.
También fue suya la iniciativa de organizar lo que se dio en llamar la "jerarquía de las magistraturas de gobierno" (maratib al-jutat), y de fijar con exactitud el puesto que cada una de las clases sociales debía ocupar en el protocolo oficial de la corte, imprimiendo al emirato una dignidad y majestad no conocida en Córdoba hasta la fecha.
Dividió en dos grupos a los funcionarios del Estado: los adscritos a la cancillería (secretarios y visires) y a la dirección general del fisco (intendentes y tenedores de los libros). Por encima de todos ellos, colocó a una especie de primer ministro (hachib), encargado de dirigir personalmente los diferentes consejos o secretarías (diwan). Todo el funcionariado al completo vivía en el palacio real con objeto de rendir cuentas en persona al emir cuando éste reclamase su presencia.
En relación al gobierno diario de la capital, la cual no había dejado de crecer, Abd al-Rahman II creó nuevos cargos, cada uno con una retribución determinada y encargados de tareas tan dispares como el mantenimiento del cuerpo de policía, la fijación de patrones y pesos, el servicio de limpieza, etc., los cuales anteriormente eran responsabilidad de un solo hombre, el prefecto de mercado (sahib al-suq).
Como es lógico, el ejército también fue objeto constante de las preocupaciones de Abd al-Rahman II. Incrementó considerablemente la guardia personal del emir (llegó a tener cinco mil hombres, entre caballería e infantería), formada básicamente de mamelucos y eslavos procedentes del centro y norte de Europa. También reforzó los cuadros del ejército regular, estableciendo una clara división entre los mercenarios pagados a sueldo (murtaziqa) y los reclutados en los distritos militares del reino (chund). Por último, como consecuencia del desembarco normando del año 844, la marina de guerra fue dotada de un buen número de nuevas unidades.
Abd al-Rahman II no fue sólo un hábil organizador, sino también un gran constructor, tanto de construcciones civiles como religiosas. Bajo su mandato se edificaron la ciudad de Murcia, la alcazaba de Mérida y las murallas de Sevilla. En Córdoba, hizo reconstruir la calzada de la orilla derecha del Guadalquivir y acometió profundas modificaciones en el alcázar. Fue el primero en llevar agua corriente a la capital mediante la construcción de varias fuentes públicas. En Sevilla ordenó construir la Mezquita Mayor. En cuanto a la Mezquita Aljama de Córdoba, Abd al-Rahman II mandó ampliarla dos veces a lo largo de su reinado: la primera en el año 833, a lo ancho, y posteriormente en el año 848, en cuanto a profundidad.
Abd al-Rahman II también tomó de los abasíes su modo de vida palaciego, repleto de riquezas, lujos y ostentación, que se pudo costear gracias a la riqueza de su tesoro privado. Su corte contó con una impresionante cantidad de poetas, alfaquíes, literatos, músicos, intelectuales de todo tipo y seguidores, de entre los que cabe destacar a Yahya Ibn Yahya, jurista y defensor de la doctrina ortodoxa malikí, al músico y poeta sirio Ziryab, que se convirtió en el árbitro indiscutible de las elegancias y promotor de todas las modas importadas de Oriente que prevalecieron desde entonces.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Vida cotidiana en al-Andalus: La alimentación.



LA ALIMENTACIÓN

Una de las herencias más importantes que el mundo andalusí ha dejado entre nosotros ha sido la de su gastronomía. Tanto la corte como el pueblo eran amantes de los placeres que la imaginación y los bienes de la tierra proporcionaban. Se preparaban riquísimos alfajores y pestiños, albóndigas con comino, gachas de carne y sémola, cuscús, empanadas de guisantes y merluza, pescado al cilantro verde o berenjenas rellenas. La abundancia de productos hortofrutícolas y cereales, el consumo de carnes y pescados variados, el uso de hierbas aromáticas y especias, y el gusto por la repostería fueron sus principales características.

 Los cereales eran la base de la alimentación y fueron utilizados no sólo en forma de pan, sino también de gachas, sémolas y sopas. El arroz se consumía frecuentemente en las reuniones familiares. Las legumbres se usaron combinadas con carne y también en puré.

Entre las verduras introdujeron la alcachofa, muy apreciada, el espárrago y la berenjena. Tan apreciada llegó a ser esta última que a los almuerzos de mucho bullicio y gentío se les llamaba “berenjenales”. Además de éstas, otras hortalizas bastante cultivadas fueron la calabaza, los pepinos, las judías verdes, los ajos, la cebolla, la zanahoria, el nabo, las endibias, las acelgas, las habas, las espinacas...

Y es que la huerta floreció en aquellos tiempos como nunca antes lo hiciera, llenándose de nuevas hortalizas. Entre ellas, las flores rezumaban fragancia y color: Crecían el alhelí, la rosa, la madreselva y el jazmín.

El pescado se consumía en las zonas cercanas a la costa, mientras que en el interior el uso del mismo ofrecía evidentes problemas de conservación por lo que se recurría a la técnica del salazón. En cuanto a la forma de prepararlos eran frecuentes los pescados al horno, en escabeche y algo parecido a las actuales empanadas, pero elaboradas con tortas de trigo.

La carne más común fue la de cordero, aunque también abundaron las de caza y ave. Las clases más humildes sólo la comían en días de fiesta, mientras que era un producto habitual en la dieta de las clases pudientes. Se solía comer asada en carbón, rellena, en guisos y picada en albóndigas. Las salchichas, elaboradas entonces con cordero, eran ya famosas en la región. La leche y los huevos constituían el aporte de proteínas más habitual.

En cuanto a las grasas vegetales el aceite preferido era el de oliva, que se obtenía en almazaras mediante una gran prensa de tornillo de madera. El más reputado de todos era el del Aljarafe sevillano, llegándose incluso a exportar. También se hacían aceitunas aliñadas.

Las frutas, muy variadas, se consumían frescas en su época de recolección, bien como postre o en zumo. Técnicas de conservación como la confitura o el secado hicieron que durante todo el año pudieran incluirse en la dieta.

Las más consumidas eran la sandía, el melón y la granada. El higo llegó a exportarse a Oriente. Los cítricos, como el limón, el pomelo, el toronjo y la naranja amarga, eran utilizados para conservar los alimentos, pero también se extraía de ellos para la elaboración de zumos y de sus flores, esencias para la elaboración de perfumes. Se aclimataron también, procedentes de otros lugares, el membrillo, el albaricoque y un sinfín de frutos más.

En Europa hicieron fortuna las combinaciones de azúcar y frutas, en formas de jaleas, mermeladas, refrescos... que fueron recibiendo curiosos nombres de sabor oriental, como arropes (jarabe de mosto con trozos de fruta), jarabes y siropes, o sorbetes.

 También les debemos la introducción de la caña de azúcar, que vino a sustituir a la miel como edulcorante, aunque ésta continuó siendo siempre muy valorada. El azúcar, que durante siglos sólo se conocía en forma de jarabe, pasó a consumirse como lo conocemos hoy gracias a que inventaron la manera de cristalizarlo.

Pero donde realmente brillaban la inventiva y el buen hacer andalusíes fue en los dulces (tanto fritos como horneados): buñuelos de varias clases, pasteles de almendra, pastelillos de miel, arroz con leche, confituras de frutas... y casi todo aderezado abundantemente con agua de rosas. En la composición de los mismos predomina la harina de trigo, los frutos secos, el azúcar y la miel.

En los largos y calurosos veranos de Al-Andalus se mitigaban los rigores del sol con esencias de flores y frutos, mezclados con agua fría o con hielo. Para ello (especialmente en el reino de Granada) se excavaban pozos de diez metros de profundidad, donde metían la nieve de Sierra Nevada, que les duraba hasta el mes de julio. Si el pozo era de veinte metros, el depósito de hielo duraba todo el año.

En cuanto a las especias, muy utilizadas en la cocina de Al-Andalus, se introdujo la canela (que ejercía de reina de toda esa perfumada corte), así como el azafrán, el comino, la alcaravea, el jengibre, el sésamo o ajonjolí, el cilantro, la nuez moscada y el anís. En las mesas de cualquier celebración también se daban cita el laurel, el ajo, el clavo, el cardamomo, la mostaza, el comino y la pimienta, sin desdeñar las hierbas aromáticas como el hinojo, la hierbabuena, el tomillo y el romero.

lunes, 22 de octubre de 2012

Abd al-Rahman II y los reinos cristianos

 Contiendas en Asturias , Alava y Galicia.
  La guerra santa continuaba. En 823, Abd al Rehman II lanzó la primera aceifa contra Álava y las tierras de los  Castillos, dirigida por el anciano general de al-Hakam, Ben Mugith...A los dos años Ubay Allah invadió las tierras alavesas y las asoló por completo y, además, se produjo el encuentro y la batalla con los ejércitos del rey asturiano Alfonso II. Los cristianos fueron derrotados estrepitosamente. Esta campaña fue llamada por los musulmanes la de las victorias y en ese mismo tiempo, emprendieron otras en la que atacaron Galicia y avanzaron hasta Coimbra. Entre los años 825 y 826, Farach ben Masarra se apoderó del castillo de Alcolea, en tierras asturianas, y conquista tierras de Galicia y de Castilla con poco coste militar pues no hubo mucha resistencia. 
Después de estos acontecimientos hubo una tregua. Ya en el 838, tres ejércitos musulmanes se esparcieron por los dominios asturianos. El primero mandado por al Walid ben Hisham, tío del emir, que penetró en Galicia por Viseo y castigó toda la región; el segundo, a las órdenes de Sa´id, hermano de Abd al-Rahman II, avanzó triunfalmente por Álava y Castilla la Vieja; el tercero, conducido por al-Walid, otro de los hermanos del emir, recobró el castillo de Alquería. Los ataques, más o menos periódicos, contra el reino astur siguieron produciéndose año tras año, aunque con resultados diversos. A partir del 840, Abd al-Rahman delegará en su hijo al- Mutarrif y no volverá a dirigir un cuerpo expedicionario pues la derrota en Galicia le llenó de estupor.

En el año 841, Abd al-Rahman II puso su atención en los condados catalanes. Tropas al mando de Walid Ben Yazid entraron en Cataluña, corrieron por tierras de Ausona, atravesaron los Pirineos orientales, asolaron Cerdeña y llegaron hasta las proximidades de Narbona, de donde retornaron victoriosos.
Al año siguiente, en 842, moría Alfonso II y le sucedía su hijo, Ramiro I.
En el año 846, el sucesor de Abd al-Rahman II, el príncipe Muhammad, puso sitio a la ciudad de León y, aunque no logró derribar sus murallas a pesar de llevar máquinas de guerra, la saqueó sin piedad y la incendió antes de retirarse. Por último, en el año 848, otro hijo del emir, al-Mundhir, llevó a acabo otro ataque contra Álava que fracasó estrepitosamente.

La Rebelión de Mérida.
Mérida era una ciudad compuesta por una mayoría muladíes, junto a una proporción buena de mozárabes, siempre dispuestos a levantarse contra el poder central de Córdoba. Por motivos de proximidad, los contactos con el reino asturiano eran frencuentes y, se cree que , en sus últimos años, Alfonso II alentó la rebelión de la población de Mérida, e incluso que también Ludovico Pío les envió mensajes de apoyo y ánimo.
Por dos veces hubo de sitiar la ciudad y sólo en 830 logró que se le entregaran rehenes y colocar al frente de esta ciudad a un gobernador leal. 
El muladí Sulayman ben Martín y el beréber Mahmud ben Abd al Chabbar, los dos rebeldes provocadores de la rebelión, huyeron emprendiendo caminos distintos. El primero, se estableció en el castillo de Santa Cruz de la Sierra, pero fue derrotado y muerto. El segundo, fue desalojado de la ciudad de Faro en 838 por el ejército emiral y decidió pasar a Galicia. Pidió audiencia al rey Alfonso II y éste accedió a darle confianza nombrandolo auxiliar del rey. Sin embargo, al final de su vida sintió remordimiento y escribió al emir Abd al-Rahman II pidiéndole perdón por  su conducta. El rey asturiano ofendido, fue en su persecución hasta el feudo que le había concedido el mismo. Fue apresado y muerto en mayo de 840. Toda su familia fue llevada a Galicia. Su herman, famosa por su belleza, se convirtió al cristianismo y se casó con un noble gallego con el que tuvo un hijo. Si lo que dice Ibn Hayyan e cierto, este hijo llegó a ser obispo de Santiago de Compostela.

viernes, 19 de octubre de 2012

Abderraman II : Semblanza y familia.


Semblanza del Emir
Ibn Idhari nos dejó este retrato de Abderramán II:
...era muy moreno y de nariz aguileña. Tenía los ojos grandes y negros y marcadas ojeras. Era alto y corpulento y tenía muy acentuado el surco nasogeniano del labio superior, donde se separan los bigotes. Su barba era muy larga, y mucho uso del henné y del ketem.
Ramón Menéndez Pidal dice de él:
...Este príncipe, si exceptuamos a su descendiente al-Hakam II, fue desde luego el más culto de todos los emires hispano-omeyas. Fue muy dado a la literatura, a la filosofía, a las ciencias, a la música y, sobre todo, a la poesía, pues tenía gran facilidad para componer versos. Sentía interés por las ciencias ocultas, la astrología y la interpretación de sueños. Escribió un libro titulado Anales de al-Andalus. Después de consolidar su poder, se dedicó a sus placeres sin freno alguno.
Familia e hijos
El emir Abderramán era perdidamente mujeriego. Nunca tomaba a ninguna mujer que no fuese virgen aunque superase en hermosura y excelencia a las mujeres de su época, siendo excesivos su gusto, inclinación y entrega a ellas, así como el número en que las tuvo y la pasión de que las hizo objeto. Tenía varias favoritas entre sus concubinas, las cuales dominaron su corazón y conquistaron su pasión. La casi proverbial capacidad amatoria tuvo como resultado una amplia prole, que las fuentes cifran con admiración en la extraordinaria cantidad de 87 hijos, 45 de ellos varones.
Su pasión fue su esposa Al-Sifá,  incluso decían que hasta la muerte de ésta vivió una autentica luna de miel con ella... Cuando todavía Abderramán no era emir, acompañaba a su esposo a luchar contra los cristianos en nombre de su padre Alhakem I , pero una de las veces que le acompañaba ella enfermó gravemente. Viéndola así envió a sus eunucos de confianza para que la trasladaban a Córdoba con sumo cuidado, cuando pasando por Toledo murió en el valle Monte alegre y allí fue enterrada. Le dejó un hijo Muhammad ,que le sucedería con el nombre de Mohamed I.
Fue una etapa muy dura para el Emir pero fue una concubina de nombre Tarub la que conquistó de nuevo su corazón. Tarub significa hechizo, nombre que le dio por parecer hechizado por ella. Era muy bella y lo sedujo de tal manera, que éste contaba con su aprobación de todo lo que se tratara referente al harén.
El Emir pasaba noches enteras con la hermosa concubina, e incluso llegó a ser envidiada por las demás ya que empezó a ejercer cierta influencia personal sobre él...
A  Tarub le obsequió con un fabuloso collar de perlas llamado el Dragón . Había pertenecido a Zobeida, la esposa de Harún al-Rashid ( califa de la dinastía abasí de Bagdad ) . Lo había comprado por diez mil dinares por el nacimiento de su hijo Abdallah, cosa que pareció excesiva a uno de sus visires más allegados.
 Cuando Abderramán II, ya enfermo, se vio obligado a decidir a su sucesor, las conspiraciones cortesanas estaban a la orden del día.
Tarub era una mujer muy ambiciosa y jamás se iba a conformar con ser solo la favorita del Emir, sobre todo desde que le dio un hijo varón... Tenía que llegar a ser la madre del próximo Emir y haría lo que hiciera falta para ello.
Intentó por todos los medios que Abderramán eligiera a su hijo como sucesor e impedía que Mohamed se acercara a él con el convencimiento de que si no veía a su heredero, tal vez se encariñara con su hijo.
Intrigó en el harén hasta convencer al eunuco principal de que había que envenenar tanto al Emir como a su primogénito heredero.
Idearon servirle una copa con un veneno diciéndole que era una nueva bebida medicinal…
Sin embargo, Abderramán fue prevenido a tiempo y obligó a Nasr a beber ante toda la corte el veneno que el traidor le había ofrecido como una supuesta bebida.
El Emir al observar la copa dijo:
- Bebe esta copa Nasr, por que en verdad quiero admirar los prodigios de esta medicina.
Dudó el eunuco pero la mirada del soberano le redujo a la obediencia. Los ministros escucharon las duras palabras del rey.
- Allá sobre vosotros, porque ciertamente el proceder de Nasr se ha hecho odioso a los ojos del todo lo puede.
Nasr abandono precipitadamente la sala en busca de un médico que administrara el antídoto necesario. Acudió en su auxilio Alí al-Ruyum que lo encontró acostado sobre su vientre.
El médico hizo presión con sus manos sobre sus pies pero el eunuco no sintió en su piel la fuerza ejercida. Observó el endurecimiento de sus músculos y finalmente el eunuco hijo de cristiano, encargado del harén, confidente y fiel ejecutor de las órdenes de la favorita Tarub murió revolviéndose de dolor..
Según las crónicas árabes, Tarub no sufrió ningún castigo, y de hecho volvió a intentar sin éxito obtener la sucesión para su hijo durante los últimos momentos de la larga enfermedad del Emir.

Cuentan otras crónicas, que el Emir hizo levantar ante la puerta de su dormitorio un muro hecho con sacos de monedas de oro que se derramaran a los pies de la concubina Tarub cuando ella quisiera abrir la puerta y entrar en sus aposentos. Ya que ella misma organizó la primera conspiración pretendiendo que fuera su hijo Abdallá, un joven al parecer de carácter débil y vicioso, el sucesor del Emir.
Pero fue el astuto Muhammad, el hijo de Al- Sifá, quien disfrazado con los vestidos de la nieta favorita de Abderramán II, el que entró en sus habitaciones la noche de antes de su muerte y consiguió ser nombrado Emir, y como testigos del nombramiento estuvieron los eunucos que dieron fe de ello.

Tras la muerte de Abderramán II, el 22 de septiembre de 852, sería su primogénito, Muhammad, quien rezara la oración fúnebre en la tumba del Alcázar de los Omeyas.
Nada más se sabe de las hijas ni del hijo de Tarub, tampoco de su suerte al morir Abderramán, ni de los días finales de esta mujer que luchó por ser madre de reyes y conspiró por cumplir su objetivo sin ningún éxito.