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domingo, 10 de noviembre de 2013

Maimónides.

Moshé ben Maimón o Musa ibn Maymun (en hebreo: משה בן מימון‎, y en árabe, موسى بن ميمون), también llamado desde el Renacimiento Maimónides ("hijo de Maimon") o RaMBaM (el acrónimo de sus iniciales en hebreo, רמב"ם), conocido entre los cristianos como Rabí Moisés el Egipcio (1135, Córdoba - 1204, Fustat, Egipto),1 fue un médico, rabino y teólogo judío de Al-Andalus de la Edad Media. Tuvo importancia como filósofo en el pensamiento medieval.

Biografía

Nació en Córdoba (España), el 30 de marzo de 1135,1 en el seno de una distinguida familia, por vía paterna, de jueces rabínicos, estudiosos y dirigentes comunitarios, documentada desde el siglo X y que pretendía descender del Rabí Yehudá ha-Nasí, de la (segunda mitad del siglo II), redactor de la Mishná. Su familia materna, por el contrario, era de humilde condición; su madre, que murió al darle a luz, era la hija de un carnicero; y su padre se volvió a casar. Era éste un erudito formado en Lucena por Rabí Yosef ha-Leví ibn Migash. Inició ya de pequeño sus estudios bíblicos y talmúdicos en la ciudad de Córdoba, pero en 1148 una ola de fanatismo almohade hizo que su familia tuviera que aparentar su conversión al Islam y cambiar a menudo de residencia por Al-Andalus. Vivió en la ciudad de Almería, donde dio cobijo en su casa a su maestro Averroes, hasta trasladarse en 1160 con sus hijos a Fez.2 Allí residió durante sólo cinco años, debido a la intolerancia almohade que les obligó a exiliarse, primero durante unos meses, en Palestina y finalmente en Egipto. Maimónides residió allí el resto de su vida junto a su familia, en la ciudad de Alejandría y después en Fustat (hoy El Cairo, Egipto), donde se ganó la vida ejerciendo la medicina en la corte del visir Saladino, y luego en la del visir al-Fadl, hijo mayor de Saladino. Con este oficio obtuvo una gran fama y admiración popular. En 1177 fue nombrado dirigente de la comunidad judía de Egipto. Murió en Al-Fustat el 13 de diciembre de 1204. Posteriormente su tumba fue trasladada a Tiberíades, en el actual Israel.
Su fama en la cultura europea se debe a su obra filosófica. Aunque ésta fuera muy discutida por el judaísmo, entre otras razones por su fuerte oposición al misticismo de los cabalistas y su influencia aristotélica, se le considera la mayor figura pos-bíblica (según el proverbio "De Moisés a Moisés no hubo otro Moisés"). En ciertos ámbitos más conservadores se le llegó a considerar hereje de su religión, en especial, por ser el responsable de convencer a los caraístas de apartarse de sus prácticas originales, y acercándolos al judaísmo rabínico.
Fue muy conocido por sus coetáneos como médico, dejando una importante huella en la tradición popular que muestra a Maimónides, sobre todo, como un médico a quien se atribuyen milagros que le elevan al nivel de santo, un sabio juez y un rabino.

Obra
En su juventud escribió poesías religiosas y una epístola en árabe.
Sobre sus conocimientos en medicina escribió un buen número de tratados, como el que dedicó al sultán Saladino, el Tratado sobre los venenos y sus antídotos el año 1199, al hijo del sultán, Al-Fadl, Guía de la buena salud (1198) y la Explicación de las alteraciones (1200).
Sus obras mayores de tema rabínico (talmúdico) son dos: un comentario en árabe de la Mishná, El Luminar (1168), también titulado Libro de la elucidación, y la Segunda ley o Repetición de la ley del año 1180, que constituye su obra magna y consiste en una amplia y minuciosa recopilación por materias de todas las leyes y normas religiosas y jurídicas de la vida judía (es decir, del Talmud).
Estas obras tuvieron mucha fama y le otorgaron numerosos discípulos. También es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como el Tratado sobre la resurrección de los muertos (1191).
La guía de perplejos (1190), mal apodada Guía de los descarriados, es la clave de su pensamiento filosófico y ejerció una fuerte influencia en círculos tanto judíos como cristianos y sobre todo escolásticos.
En ella establece una conciliación entre la fe y la razón dirigida a quienes vacilan entre las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica que entonces imperaban, demostrando que no hay contradicción en los puntos en que fe y razón parecen oponerse.2 Es decir, una conciliación entre el sentido literal de las escrituras y las verdades racionales, acudiendo a la interpretación alegórica en casos de conflicto.
Fue así que surgieron polémicas por parte de "antimaimonistas" —básicamente, por parte de un grupo de musulmanes que pretendían una lectura literal del Corán, los mutallajim— que lo tacharon de racionalista. A pesar de ello fue una obra muy comentada y de gran influencia en el mundo musulmán y la escolástica cristiana, por ejemplo en Santo Tomás de Aquino.
Como judío en territorio islámico tuvo una vasta formación en ambas culturas: la tradicional judía y la árabe profana (con sus incorporaciones de la griega), a partir de las enseñanzas de su erudito padre Maimum, por lo que escribió obras tanto en hebreo como en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva.
De Maimónides surge el movimiento intelectual judaico de los siglos XIII y XIV que se extendió por España y el sur de Francia. Partidario del realismo teológico ha llegado a ser considerado precursor de las ideas de Spinoza, pero filosóficamente no se le considera muy original por seguir básicamente a Aristóteles, apartándose de él en puntos que parecen contradictorios a las creencias y tradiciones judías. Por lo tanto, su carácter es conciliador.

Versiones de Mishné Torá (El código de Maimónides)
En el texto de Mishné Torá se agregaron con el correr de los años numerosos errores como será, en el texto de cada precepto, en sus divisiones o en comentarios. Las razones de los errores son de transcripción, que quedaron fijos en el texto. Ediciones en las cuales algunos de los transcriptores “corrigieron” el texto según su entendimiento y la censura de la Iglesia en ciertas naciones europeas (Hashkenaz) que alteró todas las referencias a ella y a sus puntos de vista (por ejemplo en las relaciones matrimoniales) del texto original. Si agregamos a esto el hecho de que el propio Maimónides corrigió el texto en varias oportunidades, nos encontraremos con que el texto actual no representa el original escrito por Maimónides.
Con el propósito de dilucidar el texto correcto y exacto, es necesario basarse en manuscritos y ediciones exactas, que no fueron influenciadas por los transcriptores ni por la censura. En numerosas oportunidades las versiones incorrectas fueron la causa de interrogantes sobre las palabras de Maimónides en su obra El Código de Maimónides, y en cuanto se dilucidó el error en el texto las interrogantes pasaron a ser irrelevantes.
Desde mediados del siglo XX se han impreso cuatro ediciones científicas de la obra:
La edición de Sabetai Frenkel. Edición en la cual hay comentaristas clásicos junto con otros, y asimismo un conjunto complejo de índices. Hasta ahora se han impreso todos los libros (la obra está dividida en 14 partes según temas. Cada una es llamada “libro”) excepto el libro del Amor (Ahava).
La edición del Rabino Iosef Kapaj. Edición basada fundamentalmente en manuscritos yemenitas a la que le fue agregada un resumen de los esclarecimientos de los comentaristas de Maimónides en el transcurso de las generaciones.
La edición “Mano Simple” (Yad Pshuta) del Rabino Nahum Eliezer Rabinovich. Edición basada en varios manuscritos (que cambian de tomo en tomo según su exactitud) con un agregado de comentarios originales. Hasta hoy se ha impreso aproximadamente la mitad de la obra.
La edición “El Código de Maimónides Exacto” del Rabino Itzjak Shilat. Edición sin comentarios en la cual se encuentran las versiones más conocidas contrapuestas y revisadas. Hasta el momento se editaron cuatro tomos. El plan original es editar dos tomos por año.
La edición que presenta las versiones basadas en manuscritos sin ningún comentario, con numerosos índices y en un único tomo (1000 páginas), fue editada por “Yeshivat Or VeYeshua” Mishne Tora en un solo tomo con 8 índices. La edición presenta la versión exacta y revisada del texto basada en la edición del Rabino Iosef Kapaj e incluye las diferencias de versiones más importantes respecto de las ediciones más renombradas.
En el marco del “Proyecto Mishne Tora (El Código de Maimónides)” de la Yeshivat Or VeYeshua, está planeada la edición de una versión de bolsillo, comentada según distintas obras de Maimónides. Hasta el momento fue editado el Libro del Conocimiento.

Guía de perplejos
Artículo principal: Guía de perplejos.
En Guía de perplejos se encuentra todo su pensamiento filosófico. Las ideas que muy probablemente influenciaron a Alfonso de la Torre en la Visión deleitable son:
Maimónides distingue tres grupos de seres creados:
los minerales, las plantas y los seres vivos (incluyendo al hombre), compuestos de materia y forma perecederas.
Las esferas y las estrellas, en las cuales la forma es permanente.
Los seres dotados de forma, pero sin materia, como son los ángeles.
Admite la creación como un acto conforme a la esencia divina, el cual abarca todos los seres, no tiene otro fin que a sí mismo y por lo tanto su duración es ilimitada.
Prueba la existencia de Dios a partir de argumentos aristotélicos, y afirma su unidad e incorporeidad.
El alma es una en esencia, pero tiene cinco facultades: la fuerza vital, los sentidos, la imaginación, el apetito (pasiones y voluntad) y la razón (libertad y entendimiento).
El entendimiento es la facultad que caracteriza al hombre, pero las demás le son comunes con la mayor parte de los animales. Éste puede ser pasivo (entendimiento material que sufre la acción de la vida orgánica, es inseparable del cuerpo e individual) o activo (adquirido o comunicado, separado del cuerpo).
Habla del estado profético, constituido por una iluminación superior a lo que cada uno puede aspirar que produce el máximum de ciencia y dicha, entendiendo la profecía como una emanación de Dios que se extiende por medio del intelecto a la facultad racional y después sobre la facultad imaginativa.
El hombre es libre y la libertad es una función de la inteligencia, y este intelecto, como forma del alma humana, es inmortal porque no necesita del alma para sus operaciones, sino que entiende separado absolutamente del cuerpo.
La resurrección de los cuerpos se debe a la fe pero la razón no la puede demostrar aunque tampoco negar y la admite como un milagro compatible con la creación.
El entendimiento constituye el verdadero fondo de nuestro ser, la parte inmortal del hombre y por eso el hombre debe encaminar todos sus actos a obtener la perfección suprema de esta facultad mediante el conocimiento de Dios; conocer y amar a Dios es el fin último de la vida.
El hombre es libre y esta libertad, actuando como tal, puede por sus solas fuerzas realizar el bien desinteresadamente.

Wipedia.....

jueves, 7 de noviembre de 2013

Muhammad II " El Califa insensato "


Muhammad II al-Mahdi, cuarto Califa de al-Andalus y bisnieto del primer Califa Omeya Abderraman III.
Su breve reinado, ocupado por dos cortos espacio de tiempo, apenas unos meses, estuvo marcado por terribles enfrentamientos entre árabes, beréberes y eslavos.
Fue él quien, al mando de una gran ejército, puso fin a la dictadura impuesta por Abd al-Rahman Sanchuelo, hijo de Almanzor y último representante de la dinastía amirí.

Cuando mataron a su padre, Hisham ben Abd al-Chabbar, máximo líder de una revuelta cuyo propósito era poner fin a la dictadura de los amiríes y deponer al títere Hisham II, Muhammad se convirtió en el pretendiente oficioso para el trono califal que proponían los Omeyas descontentos.
Dos años más tarde, Abd al-Malik, murió envenenado, parece ser a manos de su ambicioso hermanastro Abd al-Rahman Sanchuelo, que le sustituyó en el poder absoluto de al-Andalus.

El libertinaje, el desorden y la dejadez en los asuntos de Estado en el que cayó el califato bajo la autoridad de Sanchuelo fue de tal calibre que alarmó e irritó sobremanera a los cordobeses.
Al saberse que Sanchuelo abrigaba intenciones de ser nombrado sucesor al trono por el propio Hisham II, los diferentes pretendientes Omeyas cerraron filas entre sí y se prestaron a reclamar sus derechos al trono, apoyados por la resentida madre de Abd al-Malik, llamada al-Dhalfa, que acusaba directamente a Sanchuelo de la muerte de su hijo.

Las circunstancias se mostraron favorables a los intereses de los sublevados, ya que cuando Muhammad se disponía a emprender una marcha contra Córdoba para derrocar al amirí, éste se hallaba haciendo la guerra contra los reinos cristianos del norte.
Así pues, Muhammad se hizo dueño de Córdoba y del Alcázar sin problema alguno...
Obligó al títere Califa a que renunciara al trono en su favor, a lo que éste no opuso resistencia alguna y, seguidamente, se autoproclamó al-Mahdí bi-llah ( El bien guiado por Alá)
A continuación, permitió a sus tropas, compuestas de la gente más vulgar que pudo encontrar, someter a Al-Zahira (La residencia de Almanzor) a un terrible saqueo que la dejó prácticamente diezmada... Y cuentan, que cuando ya no quedaba nada que llevarse, Muhammad "ordenó" demoler completamente la ciudad en el menor plazo posible.

Enterado de los sucesos, Sanchuelo regresó precipitadamente a Córdoba con intenciones de recuperar el poder pero, antes de llegar a Córdoba, fue sorprendido por las tropas del nuevo califa, que le estaban esperando... Y la cabeza de Sanchuelo fue cortada, expuesta y paseada en un pica por toda la capital.
Sólo a partir de ese momento, Muhammad II comenzó a ser considerado como el nuevo califa de al-Andalus, y como tal, a recibir las correspondientes adhesiones y juramentos de fidelidad de los gobernadores de las marcas y provincias del califato, entre ellos el del poderoso esclavo Wadih, comandante que fué de Almanzor.

Pero, a pesar de la gran oportunidad que tuvo para hacerse querer y consolidar su autoridad en el trono, el nuevo califa demostró ser tan imprudente o más que el propio Sanchuelo.
Se rodeó de una corte de visires incapaces y sin preparación alguna, escogidos todos ellos de entre el populacho más ruin y de sus amigotes de fiestas y francachelas, y empezó a vivir con un lujo desordenado...
A todo esto, mantenía oculto al destronado califa Hisham II, fuertemente vigilado y privado de todos los placeres de los que tenía costumbre, sin tener valor para asesinarle, ante las posibles represalias que pudiera suscitar el regicidio.
Muhammad II anunció la muerte de Hisham II mostrando el cadáver de un judío que se parecía mucho al Omeya, al que enterró con todos los honores...
La treta levantó inmediatamente las sospechas de algunos familiares Omeyas, por lo que Muhammad se vio obligado a encarcelar a algunos de sus propios parientes para cortar de raíz todo tipo de murmuraciones o sospechas.

Uno de esos parientes encarcelados, Sulayman, también bisnieto del gran Abd al-Rahman III, aprovechó la rebelión de los beréberes contra Muhammad II para que éstos le nombraran pretendiente al trono califal.
A tal propósito, los beréberes no dudaron en firmar un tratado de alianza con el conde castellano Sancho García, ambos ejércitos vencieron a las tropas de Muhammad II en la batalla de Alcolea.
Muhammad II no pudo evitar la entrada triunfal de Sulayman en Córdoba, pero intentó un último recurso sacando a la luz al cautivo Hisham II, al que la gran mayoría suponía ya muerto. En vista de que su estratagema no había tenido éxito, Muhammad II huyó precipitadamente a Toledo, donde aún mantenía fuertes alianzas y fidelidades...
Sulayman se autonombró nuevo califa con el título de al-Mustain bi-llah (El que busca el auxilio de Alá).
En su provisional destierro toledano, Muhammad II consiguió levantar un ejército de unos cuarenta mil hombres, en su mayoría eslavos adeptos al general Wadih; además, contó con la colaboración de importantes contingentes catalanes al mando de los condes Ramón Borrell III de Barcelona y Armengol de Urgel.
Con una tropa tan impresionante, Muhammad II tuvo pocos problemas para derrotar a Sulayman en una cruenta batalla, contienda que le permitió adueñarse, por segunda vez, del trono califal.
Pero, al mes siguiente, Muhammad II se vio obligado a contestar a los ataques del derrocado Sulayman en la serranía de Ronda, campaña que se saldó con el fracaso absoluto del califa, donde perdió la mayor parte de sus mejores hombres.

De regreso a Córdoba para reorganizar a sus maltrechas tropas, los catalanes se negaron a prestar de nuevo su apoyo militar a Muhammad II, quien no tuvo más remedio que resignarse a su suerte y esperar en Córdoba a que las tropas de Sulayman aprestasen el golpe final.
Durante la espera, Muhammad II manifestó su disoluto carácter, pues fue incapaza de organizar la ciudad para afrontar convenientemente los ataques del rebelde, por lo que el general Wadih, harto de un hombre tan falto de inteligencia como sobrado de vicios, resolvió asesinarle y reponer en el trono al títere Hisham II.
Así que Muhammad II fue ajusticiado por uno de los oficiales de Wadih en presencia del no menos inepto Hisham II.

sábado, 2 de noviembre de 2013

El Fin de Sanchuelo.

   Los omeyas, que se habían visto relegados del trono, encontraron un aliado singular: la madre del difunto Abd al-Malik al-Muzaffar, llamada al-Dhalfa. Sospechaba la mujer que su hijo había sido envenenado a instancias de Sanchuelo y deseosa de vengar su muerte se alió con los descendientes de al-Nasir, prometiéndoles ayuda material, pues era inmensamente rica, si emprendian alguna acción contra el hijo pequeño de Almanzor. Eligieron para el golpe de Estado a un descendiente omeya, bisnieto de Abd al-Rahman III, Muhammad ben Hisham ben Abd al-Chabbar. A pesar de la nobleza de su linaje, Muhammad tenía un aire plebeyo y se encontraba a sus anchas entre el populacho más bajo de la ciudad de Córdoba. Tal vez por eso le eligieron para dar ese golpe de mano. Con el dinero de al-Dhalfa, se dedicó a comprar voluntades con lo que el número de sus adeptos se multiplicó. Sólo se esperaba que Sanchuelo llegase al confín más alejado, dentro de la Península, para proceder a desencadenar la revuelta.
   El regente había dejado al-Zahira a cargo de tres personas de toda su confianza: el visir, el secretario de Estado y el prefecto de su residencia. Pero lo primero que hizo Muhammad ben Hisham fue atacar el Alcázar, donde se encontraba el califa. El 15 de febrero de 1009, los correos trajeron noticias de que Sanchuelo entraba en territorio enemigo, lo que fue aprovechado por los conjurados para rodear el palacio califal. Las cárceles se abrieron y todos los condenados se unieron al movimiento de los sublevados.
   Hisham II comprendió que estaba en peligro y mandó cerrar las puertas del Alcázar, mientras se exhibía desde una terraza. Pensaba que su presencia, entre ejemplares del Corán, impondría respeto y cordura, pero fue acogido entre burlas. Se retiró a su oratorio privado, dando órdenes de que no se disparase sobre los amotinados. El jefe de la rebelión, por su parte, ordenó que el Alcázar se tomase lo antes posible. Con escalas sujetas a los muros, las masas fueron entrando en el palacio por los tejados, sin que nada contuviese su avance. Los asaltantes se hicieron con los depósitos de armas y comenzaron el saqueo. El califa, sintiéndose perdido, envió un mensaje a Muhammad por el que se comprometía a quitar el poder a los amiríes, devolverlo a los omeyas y designarle heredero. Muhammad, dueño de la situación, le hizo llegar a Hisham otro mensaje, en el que él imponía sus condiciones al califa, que no tuvo más remedio que aceptar. El Alcázar quedó abierto y Muhammad se instaló en el salón del trono, donde pasó la noche dictando consignas a sus ardientes partidarios.
   Estas noticias llegaron a al-Zahira, que se puso en sobre alerta para defender la residencia amirí. Los primeros revoltosos fueron rechazados por una salida de la guarnición, pero como anochecía, las hostilidades quedaron suspendidas hasta el día siguiente.
   Las primeras medidas que tomó Muhammad fueron muy acertadas. Hizo que la multitud abandonara el Alcázar y que se protegiese la entrada del harén. Envió un eunuco a Hisham, que continuaba refugiado en su oratorio privado, para invitarle a que abdicara en su favor. El califa lo aceptó y, esa misma noche, fueron convocados todos los altos dignatarios y todos los alfaquíes para que jurasen al nuevo soberano. Dos notarios recogieron la renuncia de Hisham II y se invistió a Muhammad con arreglo a la tradición, con el mismo ceremonial con el que se designaba a los califas. El nuevo califa adopto el sobrenombre de al-Madhí bi-allah, " el bien dirigido por Dios ".
   Al día siguiente Muhammad dio la oportunidad a toda la plebe de incorporarse al ejército, en gratitud por haberle ayudado a acceder al trono con tanta facilidad, en calidad de milicianos remunerados. Pero no eran más que soldados ruines, sedientos de botín y, enviados a saquear al-Zahira, no dejaron piedra sobre piedra. La residencia se entregó a cambio de que sus habitantes pudieran salvar la vida. No se respetaron ni los gineceos de Almanzor y sus hijos. A las mujeres que allí estaban y que eran de condición libre, se las dejó marchar, mientras que las que eran esclavas, pasaron a poder del nuevo califa. Al-Dhalfa fue tratada con todo respeto, pero ella, por si acaso, ya había puesto su fortuna a buen recaudo, en Córdoba.
   Al-Zahira cuando ya había sido despojada de todo, hasta de las vigas de madera, puertas o tazas de mármol, quedó reducida a escombros, de tal manera, que el tiempo se ha encargado de borrar de manera total, sin que nunca se haya encontrado el más mínimo vestigio de ella.
   ¿ Cuál iba a ser la reacción de Sanchuelo ?
Además de estar bien vivo, contaba con las fuerzas del ejército regular, con el que podría defenderse. Era de suponer que volviese, a uña a caballo, a recuperar su puesto y que la ciudad se aprestase a la defensa.  Para contar con las adhesiones de los más reticentes, Muhammad abolió varios impuestos y reforzó la medida, con que, desde el minarete de la mezquita, se lanzasen maldiciones contre el usurpador amirí.
   Estas noticias le llegaron a Sanchuelo estando en Toledo y en lugar de correr hacia Córdoba perdió el tiempo en recibir el juramento personal de todos los soldados que le acompañaban. Empezaron las deserciones. El jefe zeneta dijo que no se podía combatir a los cordobeses sin atraer la desgracia sobre sus familias que se habllaban en la ciudad. Muchos consideraban que Sanchuelo era demasiado mal musulmán para que le debieran lealtad... Se encontraba cada vez más desamparado. Desde Calatraba, tomó el camino a Córdoba y el 28 de febrero de 1009 llegó a dos jornadas de la capital. Hicieron noche y desertaron todos los beréberes. Sólo podía contar con el gobernador de Medinaceli, Wadith, pero no se sabe por qué no recurrió a él.
   Un conde cristiano, de la familia de los Beni Gómez de Carrión, que le acompañaba, le aconsejó volver a Medinaceli, pero Sanchuelo quería llegar a Córdoba. Es sorprendente que este conde cristiano no quisiera abandonarlo, cuando se veía que su aventura no podía tener buen final.
   En una nueva jornada llegó hasta Guadalmellato, donde murió su hermano, y en una quinta de placer que allí había, instaló a las sesenta mujeres de su harén que le acompañaban en la campaña. Él fue a pedir hospitalidad a los monjes del vecino convento mozárabe. Al día siguiente, el 3 de marzo, llegaron tropas enviadas por Muhammad con orden de apresarlo. Detuvieron a Sanchuelo, con un puñal que llevaba escondido, intentó quitarse la vida sin conseguirlo, y fue muerto al instante, al igual que el conde cristiano, que no pronunció una sola palabra. Sus cuerpos fueron expuestos en Córdoba, donde el populacho se cebó con ellos.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Abd al-Rahman " Sanchuelo ".

   A la muerte de Abd al-Malik, su hermano, Abd al-Rahman " Sanchuelo " se aferró al poder en Córdoba. Muy poco duró esta "regencia " del tercer amiri, tras la que se desencadenó una crisis política sin precedentes en al-Andalus. Duraría veinte años y produciría la caída definitiva del califato omyeya en Occidente. Estalló la guerra civil que se extendió hasta a las regiones más remotas de las Marcas. La sangre corrió a raudales, en una época de caos y de anarquía. La fitna, que es como designa en árabe la revolución andaluza de los inicios del siglo XI, destrozó al país y ya jamás volvería a recuperarse por completo.
   Sanchuelo nacido entre 983 y 986, era hijo de ibn Abi Amir al-Mansur, el Almanzor de las crónicas, y Abda, nombre árabe que adoptó una de las esposas del caudillo amirí, hija de Sancho Garcés II de Pamplona y Urraca Fernández. Se dice que el parecido físico con su abuelo hizo que le denominaran Sanchuelo.
Era todavía muy joven, quizás unos 25 años, cuando decide que será el sucesor de su hermano. Almanzor sabía muy bien cómo era su hijo y nunca se hizo demasiadas ilusiones sobre sus aptitudes y sus capacidades. Era un ser mediocre y, como todos los mediocres, vanidoso y dado a la vida desordenada. Sin embargo, Hisham II y Sanchuelo parecían tener muchas cosas en común, y de hecho se entendían de
maravilla. Ambos eran de madres vasconas y esto parecía que era un nexo de unión entre ellos. Les gustaba divertirse juntos, en fiestas en las que se bebía en abundancia, entre danzantes, bufones e invertidos, y que duraban, a veces, días y noches enteras. Esta actitud disgustaba enormemente al pueblo que, además, cada día se sorprendía con las insólitas iniciativas del nuevo mandatario. Pero la mayor de estas sorpresas llegó cuando Hisham II, en un acta que contaba con todos los requisitos legales, designaba heredero del reino de al-Andalus a Sanchuelo.
   Ni Almanzor ni Abd al-Malik jamás se hubieran atrevido a tanto. Claro que la inteligencia política de ambos les había puesto en sobreaviso que, una medida así, podría muy bien soliviantar a toda la población musulmana que los respetaba. Sanchuelo carecía de ese talento, pero se aseguró el concurso de dos altos personajes del Estado que, hacía tiempo, estaban, de manera incondicional, al lado de los amiríes: el gran visir de la capital y el secretario oficial.
   Hisham II no tenía hijos que pudieran sucederle, pero parece que esta petición de Sanchuelo le causó tanto estupor como molestia, pero los alfaquíes, previamente comprados y elegidos cuidadosamente para que fuesen proclivea a los deseos de Sanchuelo, lograron disipar los escrúpulos del califa con respecto a una decisión tan grave para el porvenir de la dinastía omeya. Se redactó un acta de investidura y se leyó, solemnemente, en la sala de honor del Alcázar cordobés, siendo firmada por todos los dignatarios presentes.
   El decreto califal dice que deseando el califa despejar la incógnita de su sucesión, dando así tranquilidad a su pueblo, ha elegido a Abd al-Rahman Sanchuelo porque no encuentra a nadie tan digno como él para ocupar tan alto puesto. Su espíritu, que ha procedido a esta elección libremente, basándose en la inspiración divina, no le ha permitido elegir entre sus parientes marwaníes.
   Pero esta extraña elección no fue ratificada por el pueblo. Los descendientes de Abd al-Rahman III, que eran muchos, alimentaron el malestar que ya bullía en la población, esperando el momento oportuno para dar un golpe de Estado. Llegados a este punto, Sanchuelo hubiera podido obrar con discreción, intentando congraciarse con los descontentos, pero hacía todo lo contrario, con medidas ridículas, absurdas, preludio de la catastrófica situación que se avecinaba.
   La ocasión esperaba por los que se oponían a Sanchuelo y a la designación de Hisham no tardó en presentarse. Además, en la España cristiana se estaba al cabo de la calle de lo que sucedía en Córdoba, y Sancho García, el conde de Castilla, no ocultaba su desprecio por Sanchuelo, al que consideraba un verdadero inútil, según había podido comprobar personalmente. En pleno invierno, cuando los caminos estaban intransitables por las lluvias y el lodo, decidió Sanchuelo ponerse en campaña contra los cristianos, a pesar de las advertencias de los oficiales eslavos que tenían pruebas de que en Córdoba se preparaba alguna sublevación.

al-Andalus....libro de Concha Masiá.

lunes, 28 de octubre de 2013

Poetas andaluces de al andalus.

Al Yaziri (950-1000)
ABU MARWAN ABD AL MALIK IBN IDRIS AL JAWLANI AL YAZIRI nació en Algeciras (Cádiz) entre el año 950 y el año 960.
Los datos que se conservan acerca de su vida y que nos proporcionan las fuentes conocidas son realmente escasos. La vida del poeta debió transcurrir al servicio de Al Mansur, siendo uno de sus asiduos contertulios al que su innata facilidad para improvisar versos le proporcionaría sustanciosos regalos e incluso la obtención de altos cargos públicos. Así habría de alcanzar el puesto perfecto de policía, también durante un cierto tiempo estuvo al frente de la cancillería, si bien por ciertas irregularidades o negligencias en el desempeño de su cargo fue desposeído en él temporalmente, pues a la muerte de Al Mansur y ya bajo la autoridad de Al Muzaffar, volverá a encargarse de ella hasta su muerte.
No estuvo su vida exenta de graves desgracias personales, ya que estuvo en prisión en dos ocasiones, una en la cárcel subterránea de Al Zahyra, y otra en Tortosa; aunque la duración de sus encarcelamientos no debió ser muy larga, pues parece ser que Al Mansur era bastante condescendiente con él, al menos, eso parece apreciarse viendo la actitud con que acoge sus súplicas de perdón y arrepentimiento. Mas esta benignidad no se mantuvo al resultar complicado en la conspiración dirigida a acabar con el influyente visir de Al Muzaffar. Esta conspiración puede ayudarnos a aclarar el trágico fin del poeta.
Su producción poética se halla vinculada íntimamente a las circunstancias vitales que le tocaron en suerte, y de ahí que se puedan distinguir en ella aquellos poemas que compuso en su época de secretario de corte, cuando llevaba una vida sosegada e influyente, de aquellos otros que nacieron de sus reflexiones de hombre encarcelado y abandonado de todos, y en los que se nota acompañado por la amargura y la desesperanza.
Pero el género en el que auténticamente destacó Al Yaziri y del que fue uno de los principales cultivadores en Al Andalus, es el que se llamaría panegírico floral. Son composiciones de gran belleza y en ellas se ven armonizadas con gran ingenio los tópicos en los que cae la poesía floral con harta frecuencia.
Murió asesinado en la cárcel subterránea de Madina Al Zahyra en 1000

Ibn Said Al Magribi (1214-1286)
ABU AL HASAN ALI IBN MUSA IBN MUHAMMAD IBN ABD AL MALIK IBN SAID AL MAGRIBI, nació en el Castillo de Calat Yahçob (Alcalá la Real) provincia de Jaén en 1214. Poeta, gramático, historiador y geógrafo. 
Debido a los cambios políticos y la reforma magrebí con respecto al Islam y la conquista castellana de gran parte del Valle del Guadalquivir, se inicia un importante período de decadencia en los territorios andaluces invadidos, lo que no sería obstáculo suficiente para que en el sedimento cultural andalusí brotaran personalidades como la del poeta e historiador Ibn Said Al Magrebí. 
Trasladado muy joven a Sevilla por consejo de su padre para que estudiase allí, se dedicó con preferencia al estudio del lenguaje, al cultivo de la poesía y al estudio histórico. 
Emprendió a la edad de veintinueve años una larga peregrinación que le llevaría a conocer casi todos los países ribereños del Mediterráneo y del Golfo Pérsico, en el transcurso del cual conoció buen número de sabios y leyó y estudió en muchísimas bibliotecas. La nostalgia de su patria andaluza, durante su estancia en Egipto, le inspiró una de sus poesías más interesantes. 
En el año 1286 habiendo realizado su peregrinación oficial a La Meca, murió en Damasco, cuando se disponía a regresar a Occidente.
 
Según algunos, su obra alcanza la cifra de cuatrocientos libros, de entre ellos vamos a destacar: el Libro de la Esfera de la Literatura, que comprende las bellezas de la lengua de los árabes, que es su obra capital y se halla dividida en dos partes bien diferenciadas: una, la titulada El que habla bien acerca de las Bellezas de Occidente, más conocida por el Mugrib –de aquí el nombre de nuestro autor-, que constaba de quince volúmenes, estando los tomos X y XI dedicados por Ibn Said a tratar la geografía de la península, haciendo mención de los personajes andalusíes más célebres, como de los reinados de algunos omeyas. La segunda parte se titula Libro o Brillante acerca de las Bellezas de Oriente. 
Hay que hacer mención especial de sus obras geográficas: Extensión de la Tierra en su longitud y latitud, que es una recopilación de la geografía de Ptolomeo, y Descripción geográfica del orbe. Ambas se encuentran en la Biblioteca Bodleina de Oxford. Escribió además un gran número de libros y composiciones poéticas, de carácter romántico y sensual Es digno también de destacar el Libro de las Banderas de los Campeones y de los Estandartes de los Selectos (Kitâb râyât al-mubarrizîn wa-gâyât al-mumayyazîn), que se trata de una antología poética para uso privado, que el autor recopiló en 1243 en el increíble espacio de diez días. Es un extracto de su obra el Mugrib, en cuya redacción intervinieron varios miembros de su familia. 
Ibn Said fue uno de los autores más fecundos de la literatura andalusí, abarcando numerosas facetas culturales. Ibn Al Jatib, exaltando sus méritos, le llama: “…centro del collar de su casa, ciencia de su gente y perla de su pueblo; literato ilustre, viajero infatigable, investigador erudito de las públicas bibliotecas, historiador diligentísimo y digno de admiración”

Mohammed Ibn Al Hassan Ibn Abd Allah Ibn Mudchak Al Zobaida(928-989)
MOHAMMED IBN AL HASSÁN IBN ABD ALLAH IBN MUDCHAK AL ZOBAIDA nació en Ishbiliya (Sevilla) en 928. 
Educado en Qurtuba (Córdoba) desde muy joven, vivió bajo el mecenazgo de Alhakam II. Es considerado uno de los mejores poetas de su tiempo. 
Al-Zobaida llegó a ser muy estimado en la corte y nombrado tutor del futuro Hisham II, juez de Qurtuba (Córdoba) y jefe de policía. Consideraba la lengua árabe como "la más agradable de habla, la más exacta en su estructura, la más clara en sentido y expresión y la más rica en las diversas ramas del saber". 
Fue un magnífico lexicógrafo, gramático, poeta y jurista; Compuso versos de caracteres religiosos y eróticos, y también realizó obras en prosa. Autor de varias obras, quizá escritas por orden de su mecenas Al Hakam II, entre las que destacan “El velo roto del impío”, “Libro revelador de la gramática árabe”, “Compendio del Kitab Al `Ayn de Al Jalil”, “Lahn Al'awwam” (De las faltas del lenguaje del vulgo) que habla sobre los errores de habla y escritura de los andaluces del siglo X, sobre todo los habitantes de Qurtuba (Córdoba), y que el autor trata de corregir utilizando pasajes del Corán, proverbios, poemas y dichos árabes. 
También cabe destacar una gramática titulada “Al Wádlh” (El claro), un trabajo sobre las derivaciones y explicaciones de partes del Kitab de Sibawayhy, “Categorías de gramáticos y lexicógrafos”, obra que tiene una gran importancia histórica, ya que incluye una relación de filólogos orientales y occidentales desde el siglo VI hasta si tiempo, lo que la hace un documento indispensable para los estudios filológicos de esta lengua. 
Su obra fue seguida por numerosos discípulos. 
Murió en Ishbiliya (Sevilla) en 989.


viernes, 25 de octubre de 2013

Bermudo II de LEON.

Bermudo II (o Vermudo II) de León, apodado «el Gotoso» (entre 948 y 9531 –septiembre de 999), fue Rey de León desde 985 hasta su muerte. Previamente, fue proclamado rey en 981 por un grupo de nobles gallegos y portugueses sublevados contra Ramiro III de León y coronado como tal en Santiago de Compostela en 982. Desde entonces estuvo en guerra con Ramiro III, ejerciendo el dominio efectivo sobre Galicia y Portugal. Con la muerte de Ramiro en 985, Bermudo II quedó como único soberano sobre todo en el reino de León.

Nacimiento y juventud
Los orígenes familiares del rey Bermudo han sido objeto de diversas investigaciones que han llegado a distintas conclusiones, especialmente sobre la identidad de su madre. Por los documentos de su época y las crónicas históricas, es seguro que el padre de Bermudo era un rey llamado Ordoño y existe unanimidad entre los historiadores a la hora de identificar a este monarca con Ordoño III. Además, en una donación hecha por Bermudo II a un monasterio de Sanabria se lee: Quam auus noster domnus Ranemirus concessit Sancte Marie de Taulo. El rey llama auus a Ramiro. Auus puede significar abuelo o antepasado, pero, teniendo en cuenta que en tiempos de Ramiro I aquellas tierras aún no habían sido repobladas, el rey al que se alude en la donación no puede ser otro que Ramiro II, padre de Ordoño III y, por tanto, abuelo de Bermudo II.

En cuanto a la madre, existen diversas teorías. Pelayo, obispo de Oviedo afirmaba que era hijo de una segunda mujer de Ordoño III llamada Elvira. El problema reside en que no hay pruebas de que el monarca se separara en algún momento de su esposa Urraca Fernández. Urraca aparece junto a Ordoño III en todos los documentos desde el comienzo del reinado en 951 hasta la muerte del rey en 956. A pesar de no estar de acuerdo con la pretendida maternidad de Elvira propuesta por el obispo Pelayo, Claudio Sánchez-Albornoz aceptó la posibilidad que Bermudo pudo haber sido hijo ilegítimo de Ordoño III. Justo Pérez de Urbel sorprendido por las parcas noticias sobre la filiación de Bermudo en la Crónica de Sampiro en la cual consta solamente que: mortuo Ramiro, Veremudus Ordonii filius, ingressus est Legionem et accepit regnum pacifice, sugirió que su madre pudo haber sido Gontrodo o Aragonta Peláez, hija de Pelayo González (hijo de Gonzalo Betótez y Teresa Eriz) y de Ermesinda Gutiérrez ya que en un diploma fechado el 5 de enero de 999, Bermudo llama avus (abuelos, antepasados) a Gonzalo y a Teresa. El profesor Emilio Sáez Sánchez, sin embargo, consideró el diploma una falsificación (lo cual desmiente Pérez de Urbel) y opina que Bermudo fue hijo de la reina Urraca Fernández, opinión compartida por Gonzalo Martínez Diez.3

Aunque se desconoce el lugar exacto de su nacimiento, se supone que pudo haber nacido cerca de Carracedelo, en la comarca de El Bierzo, al oeste de la provincia de León y pasar allí sus años de juventud.Se le ha llamado, por ello, el rey berciano.

Coronación y guerra civil
Desde el año 966 reinaba en León Ramiro III, hijo de Sancho I y sobrino de Ordoño III. El rey de León era, por tanto, primo hermano de Bermudo.

El desafecto que los nobles gallegos y portugueses tenían hacia Sancho I no menguó con la llegada al trono de su hijo Ramiro III. Este sentimiento no hizo más que aumentar con las incursiones vikingas en tierras gallegas del año 968, la grave derrota ante los sarracenos en San Esteban de Gormaz en 975 y las devastadoras aceifas de Almanzor que asolaron todo el reino de León desde finales de la década de 970. En 981 un grupo de nobles se rebeló contra Ramiro III y proclamó nuevo soberano a Bermudo. El 22 de diciembre, Bermudo ya aparece autotitulándose rey en una donación hecha a un monasterio de Guimarães.

Entre la primavera y el verano de 982, los partidarios de Bermudo ya se habían hecho con el control de Galicia. El 15 de octubre de 982 era coronado y ungido en Santiago de Compostela,5 actuando desde el primer momento como nuevo rey de León.

A principios de 983 el ejército de Ramiro III se enfrentó al de Bermudo en Portilla o Portela de Arenas, cerca de Antas de Ulla, en tierras gallegas. El resultado fue incierto, Bermudo permaneció en Galicia y Ramiro III volvió a León, centrándose en defender sus tierras de los ataques musulmanes. El reino de León quedó dividido en dos grandes zonas de influencia: el territorio galaico-portugués apoyaba a Bermudo, mientras Castilla y el territorio leonés propiamente dicho permanecían fieles a Ramiro.

Como muy tarde en la primavera de 984, las tierras del Cea y del condado de Saldaña reconocen a Bermudo como su rey.6 Aunque según el medievalista Justo Pérez de Urbel, García Fernández, conde de Castilla, se pasó al bando de Bermudo, el también medievalista Gonzalo Martínez Díezsostiene que Pérez de Urbel se basa en un documento apócrifo y que el conde castellano se mantuvo siempre fiel al rey Ramiro. La guerra entre ambos pretendientes no terminaría hasta que la muerte de Ramiro III en 985 dejó a Bermudo II como único soberano sobre todo el reino de León.

Reinado
Tras su proclamación tuvo que ponerse bajo la protección del Califato de Córdoba, ya que los empujes del Condado de Castilla y las rebeliones internas en el reino hacían prácticamente imposible que pudiese resolver tantos problemas él mismo. Como resultado, y aunque de resultas del protectorado logró recuperar Zamora, los ejércitos de Almanzor se quedaron en el Reino de León como fuerzas de ocupación y no logró expulsarlos, de forma violenta, hasta el 987.

Como consecuencia, Almanzor montó en cólera y destruyó Coímbra. Después avanzó sobre León, la sitió y la arrasó. Bermudo II se refugió entonces en Zamora, ciudad de la que tuvo que huir a Lugo tras la persecución a la que le sometió Almanzor, lo que causó la destrucción de ambas ciudades. No contento con esto, las tropas musulmanas
conquistaron Gormaz y Coruña del Conde (aún conocida como Clunia) (994), Astorga (996) y saquearon Castro Bergidum (El Bierzo) y Santiago de Compostela(997).

En el año 999 se agravó tanto la gota que padecía (de ahí su apodo) que le resultaba imposible cabalgar y tenía que ser transportado en una litera. Ese mismo año, un jueves del mes de septiembre, murió en el monasterio de Villabuena, El Bierzo, localizado en la provincia de León.

Sampiro fue su Notario y describe al monarca en términos elogiosos: «fue bastante prudente, confirmó las leyes dictadas por Wamba, mandó abrir y estudiar la colección canónica, amó la misericordia y el juicio y procuró reprobar el mal y escoger el bien». El monarca premió los servicios de Sampiro, donándole el 5 de septiembre de 998 varios bienes, entre ellos, el Monasterio de San Miguel de Almázcara en el Bierzo y la villa de Auctolupar (Altobar de la Encomienda), propiedades que habían sido confiscadas al magnate Gonzalo Bermúdez, que se había rebelado contra Bermudo II en el Castillo de Luna, apropiándose de las riquezas depositadas ahí por el rey para su custodia.

Cuando el obispo Pelayo, que le guardaba bastante rencor, reanudó la recopilación cronística, sustituyó esos elogios de Sampiro por descripciones más crueles (por ejemplo, el mote de gotoso con el que ha pasado a la historia).
A Bermudo lo describe Justo Pérez de Urbel como

...el pobre rey atormentado en la vida por la espada de Almanzor y en muerte por la pluma vengadora de un obispo.

Matrimonio y descendencia

Bermudo casó por primera vez antes de 981 con Velasquita de León, quien después de ser repudiada por el monarca entre 988 y 991, se retiró al Monasterio de San Pelayo donde era abadesa la reina viuda Teresa Ansúrez. Fueron padres de:

Cristina Bermúdez quien casó con el infante Ordoño Ramírez el Ciego, hijo de Ramiro III de León. Tras enviudar se retiró al Monasterio de Cornellana que había fundado y donde profesó como religiosa, probablemente recibiendo sepultura en dicho monasterio.
Después de repudiar a su primera esposa, Bermudo II contrajo matrimonio probablemente a finales de noviembre de 991 con Elvira García,10 hija del conde castellano García Fernández, con la que tuvo dos hijos:

Alfonso V de León (994-1028); quien sucedió a su padre en el trono.
Sancha Bermúdez, quien en 1038 sostuvo un pleito contra la sede lucense, confirmando el documento el conde Oveco Bermúdez, quien en 1042 donó la villa de Cauleo, la cual había sido del rey Bermudo II y repartida después de su muerte entre su hija Sancha y sus hermanos, a la sede de Lugo.
Teresa Bermúdez (fallecida el 25 de abril de 1039). Según el obispo Pelayo, Tarasiam post mortem patris sui dedit Adefonsus in coniugio, ipsa nolente, cuidam pagano regi toletano pro pace. Ibn Khaldoun observó que «en 993 Bermudo envió a su hija para Almanzor quien la hizo su esclava y después la emancipó y se casó con ella.» Así, de acuerdo con estos autores, Teresa fue entregada por su padre o por su hermano Alfonso a Almanzor, y después de ser liberada tras la muerte de este, regresó al reino de León donde profesó como religiosa en el Monasterio de San Pelayo de Oviedo en el que fue sepultada a su muerte. Los historiadores modernos dudan de la veracidad de estos acontecimientos y opinan que existe una confusión con una de las hijas del rey Sancho Garcés III de Pamplona llamada Urraca o Abda que fue dada por su padre en 983 a Almanzor ya que Teresa no nació hasta después de 991. La fecha de su muerte, el 25 de abril de 1039, viene dada en su epitafio que reza: Hic dilecta Deo recubans Tarasia Christo dicata proles Beremundi regis et Geloire reginae uel si obiit sub die vii kalendas magii feria IIII hora mediae noctis, era MLXXVII.
El rey Bermudo mantuvo relaciones extramatrimoniales con varias damas, algunas de alto linaje. Según la profesora Margarita Torres, el patrimonio gallego de algunos de los hijos de Bermudo pudiera deberse al linaje materno. Una de las amantes del rey, según la mencionada autora, pudo ser Elvira Pinióliz, esposa de Bermudo Vela, los padres del conde Oveco Bermúdez.

Los hijos tenidos fuera de matrimonio fueron:

Ordoño Bermúdez. Contrajo matrimonio con Fronilde Peláez, hija del conde Pelayo Rodríguez y la condesa Gotina Fernández. El infante Ordoño y su esposa fueron los progenitores de los Ordóñez gallegos.
Elvira Bermúdez, propietaria de ciertos bienes en Galicia, posiblemente heredados de su madre, además de otros recibidos de su progenitor y situados en el valle de Vidriales.
Bermudo Bermúdez.
Piniolo Bermúdez
Pelayo Bermúdez. Confirma venta hecha por el Monasterio de Sahagún el 21 de marzo de 1006 Pelagius, filius Ueremudi regis.

Sepultura

Recibió sepultura en el Monasterio de Santa María de Carracedo, originalmente llamado San Salvador de Carracedo, que había fundado el 27 de diciembre de 990, declarando al monasterio libre de toda potestad regia y mandando que su cuerpo fuera sepultado en él. Posteriormente, Fernando I y Sancha, trasladaron los restos hasta el Panteón de Reyes de San Isidoro de León, en la ciudad de León donde fueron colocados en un sepulcro de piedra del Panteón de Reyes de San Isidoro de León, en el que fue esculpido el siguiente epitafio:

H. R. REX VEREMVUDI ORDONII. ISTE IN FINE VITAE SUAE DIGNAM DEO POENITENTIAM OBTVLIT. ET IN PACE QUIEVIT. ERA MXXXVII14

Ramiro III , rey de León.

Ramiro III de León (961–Destriana, 26 de junio de 985). Rey de León (966–985). Hijo de Sancho I, a quien sucedió en el trono a los cinco años de edad. A su muerte, le sucedió su primo Bermudo II con quien llevaba en guerra por la Corona desde 981.

Después del asesinato de su padre Sancho I de León por parte de cierta nobleza gallega – entre el 15 de noviembre de 966, la data de su último diploma, y el primero expedido oor Ramiro III en Sahagún el 19 de diciembre del mismo año 1 – la regencia del reino quedó en manos de dos mujeres; su tía la infanta y monja Elvira Ramírez que hizo las veces de reina durante la minoría de edad del monarca, 2 y su madre la reina Teresa Ansúrez, que después de enviudar profesó en el Monasterio de San Pelayo de Oviedo donde llegó a ser abadesa.

Como rey, ratificó el tratado de paz con el califa Al-Hakam II y nombró lugarteniente suyo a San Rosendo que derrotó a los vikingos que desembarcaron en Galicia en 968.

En 975 tuvo que levantarse el asedio al castillo de San Esteban de Gormaz ante la llegada de refuerzos sarracenos. La grave derrota que supuso la retirada de las tropas leonesas, castellanas y navarras provocó una crisis política en León que llevó a la infanta Elvira a abandonar la regencia y dejarla en manos de la madre del rey.

En 976 murió Al-Hakam II dejando como heredero del califato a Hisham II, de tan sólo once años. De la mano del nuevo califa, llegó Almanzor, nombrado visir a los pocos días de la investidura de Hisham. Entre finales de la década de 970 y principios de la de 980, Almanzor lanzó la primera razia por tierras del reino de León. Zamora, Rueda, Atienza, Sepúlveda... caen en manos del caudillo musulmán.

La desafección de los nobles gallegos y portugueses hacia el rey de León, ya manifestada en tiempos de |Sancho I, padre de Ramiro III, no menguó con la mayoría de edad de éste. Un carácter difícil y las continuas derrotas sufridas de manos de los musulmanes no hicieron más que aumentar el desafecto. Finalmente, estos nobles se rebelaron contra Ramiro III y proclamaron nuevo rey a Bermudo Ordóñez en el año 981. Bermudo era, al parecer, hijo de Ordoño III de León y, por tanto, primo de Ramiro III. Entre la primavera y el verano de 982, los partidarios de Bermudo ya se habían hecho con el control de Galicia y el 15 de octubre (o el 13 de noviembre) era coronado en Santiago de Compostela. El reino de León quedó dividido en dos: el territorio leonés propiamente dicho y Castilla se mantuvieron fieles a Ramiro III, mientras que Galicia y Portugal se pusieron del lado de Bermudo.

A principios de 983 el ejército de Ramiro III se enfrentó al de Bermudo en Portilla o Portela de Arenas, cerca de Antas de Ulla, en tierras gallegas. El resultado fue incierto, Bermudo permaneció en Galicia y Ramiro III volvió a León, centrándose en defender el reino de los ataques musulmanes. Como muy tarde en la primavera de 984, las tierras del Cea y del condado de Saldaña reconocen a Bermudo como su rey. Aunque según el medievalista Justo Pérez de Urbel, García Fernández, conde de Castilla, se pasó al bando de Bermudo, el también medievalista Gonzalo Martínez Díez sostiene que Pérez de Urbel se basa en un documento apócrifo y que el conde castellano se mantuvo siempre fiel al rey Ramiro. La guerra entre ambos pretendientes no terminaría hasta que la muerte de Ramiro III en 985 dejara a Bermudo II como único soberano sobre todo el reino de León.


Muerte y sepultura

Falleció en Destriana, a unos 15 kilómetros sur de Astorga, el 26 de junio de 9857 y recibió sepultura en San Miguel, en la misma localidad.8 Dos siglos más tarde, el rey Fernando II de León ordenó trasladar el cadáver de Ramiro III desde la iglesia de San Miguel de Destriana hasta la Catedral de Astorga, en la que ya en el siglo XVI se había perdido el rastro de su tumba, a pesar de que sospechaban que bien pudiera ser una de las dos que había en la capilla mayor, y que se creía que contenían los restos de dos infantes.9

Durante el reinado de Alfonso V de León, los restos mortales del rey Ramiro III fueron trasladados a la iglesia de San Juan Bautista de León, que después pasó a llamarse Basílica de San Isidoro de León, y fueron colocados en un rincón de una de las capillas del lado del Evangelio, donde también yacían los restos de otros reyes, como Alfonso IV de León, y no en el Panteón de Reyes de San Isidoro de León.

Matrimonio

Contrajo matrimonio antes del 18 de octubre de 980, cuando aparece por primera vez en un documento fechado regnante rege Ranemiro una cum uxore sua Sanctia regina, con Sancha Gómez, hija de Gómez Díaz, conde de Saldaña, y de su esposa Muniadona Fernández, hija del conde de Castilla Fernán González,11 naciendo un hijo de este matrimonio:

Ordoño Ramírez el Ciego, esposo de Cristina Bermúdez, hija de Bermudo II de León y la reina Velasquita Ramírez, matrimonio que da origen al más importante linaje de Asturias del siglo XI.