Durante el reinado de Muhammad I sólo se tienen noticias de que la pequeña monarquía vascona fuera objeto de 3 incursiones del ejército omeya, entre 860 y 874. La primera estuvo dirigida por el propio emir, que devastó Pamplona y conquistó tres castillos de la meseta navarra. También hizo prisionero al hijo del rey García, Fortún, al que apodaron al-Anqar, porque era tuerto. Llevado a Córdoba permanecería allí durante 20 años antes de regresar a su tierra. Sería el bisabuelo de Abd al-Rahman III. Las demás expediciones fueron de castigo, sin más trascendencia que la de sostener y asegurar la Marca superior.
Y hablando de la Marca superior hay que hacer referencia a Musa ben Musa ben Qasi. A su muerte dejaba cuatro hijos: Lope, Mutarrif, Fortún e Ismail.
El primero, sobrevivió poco tiempo a su padre , y los otros tres, durante un cierto tiempo, estuvieron tranquilos, sin participar en ninguna de las rebeliones que estallaron en Soria y en Huesca, e incluso dejando que Córdoba recobrara la herencia que fuera de su progenitor. Sin embargo, sofocada la rebelión de Huesca, los Banu Qasi reaparecieron en el primer plano de la escena política. En diciembre de 871, Mutarrif capturó al gobernador leal de Tudela y se declaró independiente en esta ciudad. Al mes siguiente, Ismail hizo lo propio con Zaragoza. Muhammad actuó de inmediato y recuperó Tudela apresando a Mutarrid, llegó hasta Vasconia y ya, de vuelta a Córdoba ejecutó al rebelde y a tres de sus hijos: Muhammad, Musa y Lope. Ismail resistió más, y tuvo en jaque a las fuerzas emirales durante 10 años. En 882, el hijo del emir, al-Mundhir con el general Hashim ben Abd al-Aziz, atacaron, en vano, Zaragoza y luego fueron a tomar las plazas situadas al este de esta ciudad: Rueda, sobre el río Jalón y Borja, donde se hallaba el nieto de Musa ben Musa ben Qasi.
Según la Crónica Albendense, Muhammad ben Lope, celoso del poder que tenían sus tíos, se ofreció al príncipe omeya. El ejército de al-Mundhir, reforzado con los contingentes del nieto de Musa, atacaron Lérida y sus tierras colindantes, que eran feudos de Ismail. No tuvo más remedio que rendirse y entregar rehenes. Continuaron con Álava y atacaron, sin éxito, la plaza de Cellorigo y después el castillo de Pancorbo. Siguiendo hacia Castilla, se apoderaron de Castrojeriz, mientras Alfonso III les esperaba, espada en ristre, en los alrededores de León. No se produjo ninguna lucha; se entablaron conversaciones y los musulmanes regresaron a Córdoba, satisfechos con lo conseguido que tampoco era tanto.
El último hijo que quedaba vivo de Musa ben Musa, pues Fortún había muerto ya, no recibió, de buen grado, la deserción de su sobrino y cuando los musulmanes se alejaron de la Marca superior, se apresuró a atacar a Muhammad ben Lope. Pero no tuvo suerte y cayó prisionero junto a un hijo de su hermano Fortún, llamado, también, Ismail. Los encerró en el castillo de Viguera y con ellos a buen recaudo, marchó a conquistar Zaragoza en la que restableció la autoridad del emir cordobés.
Pero Muhammad cometió la torpeza de pedirle que le entregara a sus dos parientes presos, lo que molestó, en gran mediada , a ben Lope que acababa de ganarle Zaragoza. Liberó a su tío y a su primo e hizo aproximaciones a Alfonso III. Aunque Muhammad quiso castigar al rebelde, poco se consiguió, entablándose de nuevo conversaciones, mientras el ejército musulmán se hallaba en tierras leonesas.
Los problemas crecían del lado árabe. Alfonso III iba consolidando su poder con nuevos dominios arrebatados a los musulmanes, que repoblaba con mozárabes venidos de las provincias de al-Andalus. Estos movimientos de emigración iban a proseguir durante el reinado de Abd al-Allah hasta los primeros años del siglo X. Además, el rey asturiano levantó fortalezas en aquellos lugares fronterizos, susceptibles de ser atacados: fue reconstruida Zamora, se fundó Burgos, Simancas sobre el Pisuerga fue repoblada, al tiempo que se hacía lo mismo con Dueñas y Toro, asegurando la defensa del Duero. San Esteban de Gormaz y Osma constituyeron las dos plazas fuertes más avanzadas de este sistema defensivo, contra el que luchará, no pocas veces, Abd al-Rahman al-Nasir.
Todavía existía el problema de los Banu Qasi: Muhammad ben Lope y su tío Ismail. Éste se instaló en Lérida en 884, fortificando la ciudad, ante el disgusto del conde de Barcelona al que no le gustaba la proximidad del musulmán. Vino a atacarle, pero fue derrotado y sufrió grandes pérdidas. Muhammad ben Lope, a pesar de sus intentos no había logrado conciliarse con Alfonso III, y se veía amenazado por otra familia muy poderosa en Aragón desde los tiempos de la conquista, los tuchibíes. Actuaban por cuenta del emir cordobés que les había confirmado en sus prerrogativas señoriales. El nieto de Musa ben Musa ben Qasi se dio cuenta de que no podría resistir por mucho tiempo la presión de los tuchibíes sobre Zaragoza, pero en lugar de evacuarla, decidió venderla ¡ a los propios omeyas ! que la compraron. La venta se formalizó con el general Hasim, por medio del conde de Pallars, Raimundo, que a su vez era cuñado del vendedor. Desde entonces, Zaragoza tendrá gobernadores leales a Córdoba hasta, seis años más tarde, cuando los Tuchibíes se hagan con el poder.
Con el brevísimo reinado de al-Mundhir, la situación en la Marca superior no experimentó ningún cambio, pero con Abd Allah, esta región será objetivo de luchas encarnizadas. El poder central de al-Andalus, durante varias décadas, no estará en condiciones de poder reaccionar, por lo que las columnas omeyas no subirán hasta el valle del Ebro para poner orden y, de paso, correr por tierras alavesas siempre castigadas, siempre saqueadas y siempre devastadas.
Concha Masiá. Libro al-Andalus.
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lunes, 25 de febrero de 2013
martes, 19 de febrero de 2013
Las luchas fronterizas contra Ordoño I y Alfonso III
Muhammad I y Ordoño I fueron contemporáneos y sus luchas fueron casi constantes. La participación del rey cristiano en ayuda de los toledanos, ya se vio que se saldó con un rotundo fracaso en la batalla de Guazalete, en 854. Al año siguiente, los musulmanes corrían, de nuevo Álava, posiblemente bajo el mando de Musa ben Musa Qasi y contra él se revolvió Ordoño I, después de que hubiera arrebatado a los moros algunas plazas como Talamanca y Coria y hubiese reforzado y repoblado León y Amaya. Por otra parte Musa ben Musa ben Qasi, independiente a la muerte de Abd al-Rahman II, lo seguirá siendo con Muhammad I, bajo unas simples condiciones de vasallaje. Actuará muchas veces a favor de los omeyas cordobeses combatiendo en Álava o en la Marca hispánica. Además, emparentado con la casa real vascona, intervendrá, según sean sus relaciones en cada momento, con o contra Pamplona, o bien con o contra Córdoba. En 856 realizará una aceifa, por mandato de Muhammad I, contra la región de Barcelona, en la que asoló la ciudad e hizo prisioneros a dos condes francos: Sancho de Gascuña y Émenon de Périgord. Tomó por asalto al castillo de Tárrega, en Lérida y con el quinto del botín de esta plaza, se amplió la mezquita de Zaragoza.
Musa ben Musa se encontraba en el cenit de su poder. Se hacía llamar " el tercer rey de España" y dominaba casi toda la Marca superior, con Zaragoza, Tudela y Huesca. Sus posesiones se internaban en territorio asturiano, por lo que levantó una plaza fuerte, Albelda, para protegerlos. Apenas terminada la construcción, Ordoño I la sitió. Musa fue a defenderla y en un encuentro con el rey asturiano, fue derrotado y herido, su yerno García, muerto, y su campamento, en el que se hallaban los ricos presentes enviados por Carlos el Calvo, sin duda como rescate de los dos condes francos, saqueado por completo. Albelda, tomada por asalto, fue destruida después de exterminar a toda la guarnición. Musa murió poco después de este desastre y su hijo, Lope, se hizo vasallo del vencedor de su padre, Ordoño I. Intentó extenderse por el sur, pero murió en un ataque contra el señor de Guadalajara, sin poder regresar a Tudela.Córdoba, al no contar con la ayuda de Musa ben Musa, decidió emprender una serie de campañas ofensivas contra Ordoño I y realizó dos, en años consecutivos, 864 y 865. Ambas fueron muy provechosas para las armas musulmanas, especialmente la segunda, en la que los cristianos sufrieron derrota tras derrota. En el año 867 se realizó otra algarada, pero a partir de este momento, los conflictos internos de al-Andalus no permitieron a los emires emplearse más a fondo combatiendo a los cristianos del Norte. Esta situación fue aprovechada por Alfonso III para organizar y definir las fronteras de su reino, hasta merecer el apodo de " el Magno ", que le adjudicaron los cronistas cristianos de la época.
Los inicios del reinado de Alfonso III fueron un tanto convulsos ya que destronado por Fruela, un conde gallego, se vio obligado a refugiarse en Castilla. En 886 recobró el trono y para mantener ocupados a los inquietos señores de Galicia, los implicó en la lucha contra el Islam. Así la buena fortuna permitió a la monarquía asturiana conseguir plazas de la importancia de Oporto, tomadapro el conde Vimarano Pérez y la región entre esta ciudad y Túy, que fueron repobladas con rapidez. Muy pronto se constituyó allí una especie de Marca cristiana que tenía casi frontera con los dominios de al-Chilliqí, de suerte que éste se refugiará en la corte de Oviedo, cuando se vea obligado a dejar sus territorios. Muhammad I enviaría un gran ejército a combatirles, en el verano de 878, pero después de causar los estragos de rigor, se cree que tuvo que retirarse con cierta preocupación, pues ese mismo año, Coimbra fue arrebatada al emirato por el conde Hermenegildo.El emir decidió, entonces, emplear contra Galicia la flota que vigilaba las costas que se vio reforzada por nuevos barcos que se hicieron en las atarazanas de Sevilla y otros puertos del Mediterráneo, pero esta iniciativa no tuvo éxito. Un violento temporal destruyó, casi por completo, las naves musulmanas. Y como las desgracias nunca vienen solas, Alfonso III, dos años más tarde, realizó una expedición en la que se internó hasta Sierra Morena, sin que al parecer tuviese estorbo alguno y después de derrotar a unas tropas árabes que le salieron al encuentro en un monte llamado Oxifer, regresó tranquilamente a Oviedo.
En León y Castilla, aunque los árabes fueron los que pasaron a la ofensiva, sus tentativas resultaron infructuosas, y no lograron León ni el Bierzo. Según los cronistas cristianos, Alfonso III deshizo los refuerzos musulmanes en Polvoraria, sobre el Órbigo y el ejército de al-Mundhir se retiró hacia Córdoba ajustándose con Oviedo una tregua de tres años.
viernes, 15 de febrero de 2013
Al-Mumin (cuento)
Erase una vez un creyente llamado Abd al-Mu'min, vivía en una familia que no practicaba su religión, tenía un trabajo con un horario irregular y su vida en general se caracterizaba por un desorden absoluto en cuanto a la rutina de estudio.
Abd al-Mu'min era un incansable buscador de la verdad, y como tal, leía y se esforzaba mucho por aprender.
Una vez que su Señor le indicó la guía sintió extrema felicidad y no quería apartarse de ella, rezaba mucho, leía mucho el corán y quería aprender más y más.
Como Abd al-Mu'min sabía que llegarían tiempos de prueba en cuanto a su fe, cada vez que oraba suplicaba a su Señor: "¡Oh Allah! Por favor guíame, no me dejes desviarme después de haberme Tu indicado el camino"
También sabía que podrían llegarle pruebas en cuanto a la Unicidad de su Señor y por eso repetía constantemente: "Di: Él es Allah, Uno" y "No hay más dios que el Dios Único"
Abd al-Mu'min le dio mucha importancia a su fe y trató de cuidarla mientras su Señor le daba el tiempo necesario para dedicarse a ella, Abd al-Mu'min confiaba en que en los momentos de prueba su Señor guardaría su fe y la protegería de todo lo falso.
Pasado un tiempo, Abd al-Mu'min volvió a las irregularidades de su rutina, pasaba mucho tiempo trabajando y no tenía tiempo para rezar, ya que el trabajo no le permitía dedicarle ni tan siquiera unos minutos a su fe, se trataba de un trabajo intenso en el que las fuerzas desfallecen, se le dedican muchas horas seguidas, se duerme poco y los descansos se utilizan para comer.
Abd al-Mu'min pasó semanas en esta situación y aunque recordaba a su Señor en su interior, no podía dedicarle el tiempo que su Señor merecía, Abd al-Mu'min ansiaba volver a rezar, leer el corán y dedicar su tiempo a conocer a su Señor, pero mientras pasaban las semanas, sobrevino a Abd al-Mu'min una prueba inesperada.
Tras volver de la extenuante rutina del trabajo, Abd al-Mu'min volvió a la rutina en la cual tenía mucho tiempo para dedicar a su Señor, comenzó con buen pie, pero muy pronto comenzó a dejar de lado el rezo diario, no se sentía limpio para hacer la oración y decidió apartarse de ella hasta sentirse puro, es por ello que le sobrevinieron pruebas.
Una de las pruebas que le sobrevino fue la que tanto temió, por ese tiempo se relacionaba con gente que hablaba de temas sobre ocultismo y cosas paranormales, y por ello convivió con la duda durante todo ese tiempo, ya que la información que recibía de sus amigos era en contra de su Señor.
Abd al-Mu'min soportó todas las conjeturas que llegaban a sus oídos mientras esperaba el auxilio definitivo de su Señor, confiaba en el día en que su Señor le guiaría de nuevo a la fe.
Abd al-Mu'min decidió apartarse de sus amigos y caminó solo durante un tiempo, confiando totalmente en su Señor, es por ello que su Señor le guió, las conjeturas desaparecieron y volvió al camino recto, volvió al rezo diario, a leer el corán y a alabar a su Señor de todo corazón.
Abd al-Mu'min sabía que es necesario pedir la guía de Allah constantemente y repetir a diario la Unicidad de su Señor, ya que las pruebas iban a llegar tarde o temprano.
Desde entonces, Abd al-Mu'min comprendió cómo el enemigo lleva al borde del extravío por depositar la confianza en el hombre a expensas de la fe en Allah, y de abrir el corazón hacia la fragilidad del conocimiento humano, siendo el Creador el Único poseedor de toda sabiduría.
Con la ayuda de Allah, Abd al-Mu'min nunca más volvió a sucumbir ante estas pruebas que en un momento amenazaron con desviarlo del camino correcto.
Si bien todas las pruebas de Abd al-Mu'min pudieron deberse a la irregularidad de su rutina, nunca estamos a salvo de las conjeturas de quienes no creen, es por ello que debemos confiar en Quien guarda y protege nuestra fe.
Sólo Allah es Al-Mu'min (El Protector de la fe)
¡Señor! ¡No hagas que nuestros corazones se desvíen, después de habernos Tú dirigido! ¡Regálanos, de Ti, misericordia! Tú eres el Munífico.
Sagrado Corán 3:8
Di: «¿Invocaremos, en lugar de invocar a Allah, lo que no puede aprovecharnos ni dañarnos? ¿Volveremos sobre nuestros pasos después de habernos dirigido Allah?» Como aquél a quien los demonios han seducido y va desorientado por la tierra... Sus compañeros le llaman, invitándole a la Dirección: «¡Ven a nosotros!» Di: «La dirección de Allah es la Dirección. Hemos recibido la orden de someternos al Señor del universo.
¡Haced la azalá! ¡Temedle! Es Él hacia Quien seréis congregados».
Es Él Quien ha creado con un fin los cielos y la tierra. El día que dice: «¡Sé!», es. Su palabra es la Verdad. Suyo será el dominio el día que se toque la trompeta. El Conocedor de lo oculto y de lo patente. Él es el Sabio, el Bien Informado.
Sagrado Corán 6:71-73
martes, 29 de enero de 2013
Ramiro I de Asturias.
Ramiro I de Asturias ( c. 790 – 1 de febrero de 850). Fue rey de Asturias entre los años 842 y 850. Era hijo de Bermudo I el Diácono, rey de Asturias, y de la reina Uzenda Nunilona.
Sucedió en el trono asturiano al rey Alfonso II el Casto, quien falleció sin dejar sucesión. Fue coetáneo de Abderramán II, emir omeya de Córdoba en el siglo IX. Durante su reinado se construyeron numerosos monumentos de estilo ramirense, como el palacio de Santa María del Naranco.
Acceso al trono
Según la crónica de Alfonso III, fue elegido por Alfonso II el Casto como sucesor,1 debido a que el rey carecía de descendientes. En el momento de la muerte del rey, Ramiro I se encontraba fuera de Asturias, concretamente en Bardulia, en tierras que luego serían castellanas, para casarse. Esta ausencia fue aprovechada por el comes palatii y cuñado del rey, Nepociano, para hacerse ungir rey, apoyado por astures y vascones, quienes siempre se habían mantenido leales a Alfonso II. Ramiro I buscó apoyo en Galicia, donde reunió un ejército, y avanzó hacia Oviedo. Nepociano aguardó la llegada de Ramiro I en Cornellana, junto al río Narcea. No obstante las tropas de Nepociano se negaron a combatir, y éste tuvo que huir. Fue perseguido, capturado por los condes Scipion y Sonna y, posteriormente, cegado y encerrado en un monasterio.Ataques normandos
Poco después de ser proclamado rey, Ramiro I fue informado de que los piratas normandos estaban atacando toda la costa atlántica de Francia, y que ahora estaban llegando a la costas cantábrica de su propio reino. El objetivo de los normandos era encontrar ríos navegables y grandes ciudades para saquear, cualidades ambas de las que carecía el reino de Asturias y, por ello, las crónicas de la época sólo refieren dos pequeños ataques1 en Gijón y en La Coruña en el año 844, donde además los normandos hubieron de enfrentarse a las tropas enviadas por Ramiro I (entre otros los caballeros Ergica y Olmundo de Erice). Los invasores normandos, que no habían tenido éxito en sus expediciones de saqueo en Asturias, atacaron un mes después Lisboa, y más tarde Cádiz y Sevilla, ciudades que tomaron y saquearon antes de avanzar por el interior y amenazar la ciudad de Córdoba. Abd-al-Rahman II se vio obligado a realizar un gran esfuerzo para detener a los invasores, y para recuperar Cádiz y Sevilla.
Intento de repoblación de León
Éstos acontecimientos influyeron notablemente en el reino de Asturias, pues Abd-al-Rahman II, que además de hacer frente a los invasores normandos, hubo de enfrentarse a los problemas internos de su reino, causados por las rebeliones de Musa ibn Musa, de la familia de los Banu-Qasi, se vio imposibilitado para atacar el reino de Asturias, y Ramiro I disfrutó de varios años de paz exterior, que aprovechó para repoblar la ciudad de León.
No obstante, dicha repoblación duró poco tiempo, pues Abd-al-Rahman II, una vez sofocadas las rebeliones internas de su reino, y una vez expulsados los normandos de su territorio, envió en el año 846 un ejército, a las órdenes de su hijo, Mohamed I de Córdoba, y obligó a los cristianos a evacuar la ciudad de León, que fue incendiada y arrasada por los musulmanes.
Conflictos internos
En contraposición a la relativa calma exterior de que gozó el reino durante el último periodo del reinado de Ramiro I, los problemas internos en el mismo se acentuaron. La problemática ascensión al trono hizo que las rebeliones de diversos nobles, descontentos con el rey Ramiro I, se propagasen. La Crónica Albeldense dejó constancia de dos de dichas revueltas. Una de ellas, del prócer Piniolo, que fue condenado a muerte, junto con sus siete hijos, por Ramiro I. La segunda rebelión estuvo protagonizada por el comes palatii Aldroito, quien fue condenado a ser cegado por el rey Ramiro I.
Asimismo, el monarca actuó con severidad contra los latrones, cuyo número aumentó durante su reinado, que estuvo plagado de rebeliones internas, y contra los magos, de los que se supone que serían seguidores de ciertos cultos paganos, todavía muy enraizados en algunas poblaciones aisladas.
Por todo ello, la Crónica Albeldense definió a Ramiro I de Asturias como Uirga iustitiae, es decir, Vara de la Justicia.
Nupcias y descendencia
Contrajo un primer matrimonio alrededor del año 820 con Urraca, cuya ascendencia se desconoce aunque su nombre indica que podría ser de origen vasco-navarro. En un privilegio del año 834, cuya autenticidad ha sido cuestionada por diversos historiadores, aunque otros defienden la misma, el rey Ramiro I de Asturias es mencionado junto con la reina Urraca, y también son mencionados en el mismo documento el infante Ordoño, hijo de ambos, y García, hermano del monarca.2 Fruto del primer matrimonio del monarca, nació:
- Ordoño I de Asturias (821-866). Rey de Asturias. Heredó el trono asturiano a la muerte de su padre, afianzándose a partir de enconces el sistema de sucesión directa dentro de la propia familia real, aunque no siempre de padres a hijos, hecho que no se generalizó hasta un siglo después.3
Posteriormente, Ramiro I contrajo un segundo matrimonio, alrededor del año 842, fecha en que falleció el rey Alfonso II el Casto, con Paterna, quien según diversos autores era de origen castellano. Consta en las crónicas de la época que cuando falleció Alfonso II, Ramiro, que aún no había sido proclamado rey, se encontraba en tierras de Castilla, preparando su segundo matrimonio. Fruto de dichó matrimonio, según diversos autores, aunque no existe documentación alguna que confirme que los hijos fueran de este segundo matrimonio:
- García.
- Aldonza, quien nació ciega.
Algunos autores señalan que Ramiro y su segunda esposa fueron padres del conde Rodrigo de Castilla, aunque la filiación de éste último aún no ha sido confirmada y resulta improbable que un hijo de un matrimonio que se celebró no antes del año 842, haya repoblado Amaya en 860. El medievalista Justo Pérez de Urbel señaló que fue nombrado conde de Castilla debido a su vinculación con la familia real asturiana, y que posiblemente dicha vinculación existiese a través de la reina Paterna, aunque no necesariamente por ser su hijo.
También pudo ser el padre de Gatón, conde de Astorga y de El Bierzo, según consta en Al-Bayan al-Mughrib escrita por Ibn Idhari quien lo sitúa como hermano del rey Ordoño I de Asturias.4
Muerte y sepultura
Ramiro I falleció el día 1 de febrero del año 850, en su palacio de Santa María del Naranco, ubicado en el monte Naranco, en las cercanías de la ciudad de Oviedo. Recibió sepultura en el Panteón de Reyes de la iglesia de Nuestra Señora del Rey Casto, de la ciudad de Oviedo junto con su segunda esposa, la reina Paterna. Sus restos mortales fueron depositados en un sepulcro de piedra, desaparecido en la actualidad, que se encontraba situado junto al que contenía los de Alfonso II el Casto, y en el que fue esculpida la siguiente inscripción:5
OBIIT DIVAE MEMORIAE RANIMIRUS REX DIE KAL. FEBRUARII. ERA DCCCLXXXVIII. OBTESTOR VOS OMNES QUI HAEC LECTURI ESTIS. UT PRO REQUIE ILLIUS ORARE NON DESINETIS.
La leyenda de la batalla de Clavijo
Durante el reinado de Ramiro I, en el año 844, tuvo lugar la mítica batalla de Clavijo6 aunque es en grandes rasgos, la mitificación de la batalla de Albelda.7 8 En ella, y según refiere la leyenda, las tropas asturianas derrotaron a las musulmanas, y en el transcurso de la batalla, apareció el Apóstol Santiago, montado en un caballo blanco y portando un estandarte del mismo color en su mano y, con su ayuda, las tropas cristianas derrotaron a sus enemigos.9 Como agradecimiento a la intervención del Apóstol, el rey Ramiro I instituyó el Voto de Santiago, que fue suprimido por las Cortes de Cádiz, en el año 1812.10
No obstante, la existencia de dicha batalla no figura ni en las crónicas cristianas ni en las árabes de la época, y el primero en mencionarla en las crónicas fue el arzobispo toledano Rodrigo Jiménez de Rada.
Arquitectura ramirense
Durante el reinado de Ramiro I de Asturias se desarrolló el arte prerrománico asturiano, y a los monumentos de su época se les denomina de estilo ramirense. En las faldas meridionales del Monte Naranco, situado junto a la ciudad de Oviedo, el rey Ramiro I ordenó construir el palacio de Santa María del Naranco, y una iglesia, llamada de San Miguel de Lillo o Liño, la cual sufrió un derrumbamiento en el siglo XIII y, en la actualidads solamente permanece en pie una tercera parte del edificio original. También había varias dependencias de servicio, hoy desaparecidas.
En la época de Ramiro I se emplearon en el reino de Asturias las bóvedas de cañón, de ligera piedra toba, y que eran una novedad no sólo respecto a las construcciones anteriores, sino con respecto las que en esos momentos se construían en Europa y en la España dominada por los musulmanes, y que eran de madera.
También fue edificada en esta época la iglesia de Santa Cristina de Lena, situada en las cercanías del municipio de Lena, y a unos treinta kilómetros de la ciudad de Oviedo. Todos estos edificios están declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.
Información WIKIPEDIA.
Ordoño I
Ordoño I
(Oviedo, 821 - 866) Undécimo rey de Asturias (850-866) que amplió notablemente las fronteras del reino. Hijo del monarca asturiano Ramiro I y de la primera esposa de éste, pasó los primeros años de su vida en Oviedo, en la corte del protector de su padre, el también monarca Alfonso II el Casto.
Ordoño, en su calidad de hijo primogénito, debió ocupar una posición destacada desde su nacimiento, puesto que el mencionado Ramiro probablemente desde su juventud fue asociado al trono y el rey Casto expresó en diversas ocasiones su deseo de que, a su muerte, éste ocupara su trono, puesto que no tenía descendientes, a pesar de que hasta ese momento la corona había conservado su carácter electivo.En el año 830, tras el nombramiento de Ramiro como gobernador de Galicia, Ordoño, que contaba en aquel tiempo nueve años, acompañó a su familia a tierras gallegas. Instalada la corte del gobernador en Lugo, fue en esta ciudad donde Ordoño completó su educación e inició su formación militar, donde muy pronto destacó por su habilidad en el manejo de las armas.
Durante los años siguientes la vida de Ordoño debió de ser cómoda en Galicia, ya que su padre, lejos de encontrar oposición a su gobierno, formó un sólido grupo de colaboradores, los cuales le dieron prueba de su lealtad posteriormente. Ordoño, desde su adolescencia, debió de acompañar a su padre, probablemente con el fin de familiarizarse con el funcionamiento de las distintas instituciones y sobre todo en los complicados engranajes que conformaban la vida de la corte.
Así, su padre le encomendó que se hiciera cargo de las funciones de gobernador mientras él acudía a las Vardulias en el año 842, para contraer matrimonio con la que sería su segunda esposa, Paterna. Mucho cambió entonces la vida del joven, puesto que poco tiempo después se conoció la noticia de que Alfonso II había muerto en Oviedo, por lo que todo parecía indicar que la proclamación de Ramiro sería inminente.
Desafortunadamente para Ramiro, el encontrarse alejado de la corte en el momento del fallecimiento del monarca estuvo a punto de truncar sus aspiraciones, ya que un noble llamado Neopocioano, contando con el apoyo de un grupo de notables, se hizo proclamar rey de Asturias. Ordoño debió de participar en las tareas para organizar el ejército que su padre pretendía utilizar en contra de Neopociano, aunque no marchó junto a él, sino que se quedó en Galicia, ocupando el mencionado puesto de gobernador, puesto en el que fue confirmado ese mismo año, tras el advenimiento al trono de Ramiro I.
Firmemente asentado como gobernador, a la edad de 26 años, en el año 847, Ordoño contrajo matrimonio con una noble de la región, posiblemente una hermana del conde del Bierzo, Gatón, llamada Muniadona o Muña. Dicho matrimonio tuvo una abultada descendencia, ya que según ha quedado registrado en diferentes crónicas, Ordoño fue padre en al menos seis ocasiones; entre sus descendientes, destaca por su importancia su hijo primogénito, el futuro Alfonso III el Magno.
Fruto de su matrimonio nacieron, por lo menos, seis hijos:
Alfonso III el Magno (c.848-910). Rey de Asturias. Heredó el trono de Asturias a la muerte de su padre y contrajo matrimonio con Jimena de Asturias, con quien tuvo descendencia. Fue sepultado en el Panteón de reyes de la Catedral de Oviedo.
Bermudo Ordóñez. Cuando su hermano Alfonso III subió al trono, se rebeló contra él, y fue el único de los hermanos del rey que se libró de ser cegado, debido al hecho de que buscó refugio entre los musulmanes.
Nuño Ordóñez. Se rebeló junto con sus hermanos contra Alfonso III el Magno quien ordeno cegarlos.
Fruela Ordóñez.
Odoario Ordóñez.
El 1 de enero del 850 murió Ramiro I en Oviedo, tras ocho años de reinado, siendo sucedido por su hijo Ordoño, el cual fue el primer monarca asturiano en heredar el cargo, sin previa elección. Poco después de su proclamación tuvo que hacer frente a una sublevación de los vascones, los cuales contaron al parecer con el apoyo de los Banu Qasi. Ordoño I logró someter a los rebeldes, aunque cuando se encontraba de regreso a Oviedo recibió la noticia de que un ejército musulmán tenía intención de atacar la región de las Vardulias. Dicho ejército no logró su propósito y se vio obligado a regresar a al-Andalus, tras ser frenado por Ordoño a orillas del Ebro.
A pesar de sus victorias, la situación no mejoró, ya que tras estas campañas, el gobernador de Zaragoza, Musa ibn Musa (800-862), decidió construir una fortaleza en la ciudad de Albaida, actual Albelda, la cual suponía un enorme peligro para los intereses de Ordoño, ya que los siempre levantiscos vascones podrían aprovechar la circunstancia para unirse a los Banu Qasi en su contra. Rápidamente reorganizó el monarca su ejército y se dirigió a la fortaleza. Tras levantar su campamento en los alrededores de la mencionada ciudad, comenzó su asedio. Musa ibn Musa acudió rápidamente en auxilio de sus hombres, pero tras una dura batalla tuvo que retirarse mal herido y la ciudad fue arrasada.
No hay duda de que la compleja situación política que se vivió en al-Andalus en aquellos años fue hábilmente aprovechada por Ordoño I, el cual emprendió importantes campañas para acrecentar sus dominios. En el año 854, tras producirse la sublevación de Toledo, no tardó en enviar un ejército en su auxilio, el cual fue dirigido por su cuñado el conde del Bierzo, Gatón, aunque la campaña no obtuvo el éxito que éste esperaba, ya que el propio emir cordobés, Muhammad I (823-886), acudió para sofocar la rebelión, derrotando a los ejércitos toledanos y asturianos en la batalla de Guadalete.
A pesar de lo que afirman las crónicas musulmanas, las pérdidas de los cristianos no debieron ser tan elevadas, ya que el conde del Bierzo participó en importantes campañas poco después y Toledo conservó su independencia. Pero no todo fueron derrotas para los ejércitos de Ordoño, ya que poco tiempo después de este incidente, Ordoño organizó varias expediciones que tuvieron un notable éxito. Inició una incursión por tierras de al-Andalus, llegando a ocupar ciudades como Salamanca o Coria, donde tomó prisionero a su gobernador y ordenó a algunos de sus hombres de confianza que reconstruyesen las murallas de importantes ciudades, que aunque habían sido reconquistadas en tiempos de Alfonso I el Católico, no habían sido pobladas, como es el caso de Tuy, Astorga, León o Amaya.
Muhammad I intentó castigar la audacia del rey cristiano y envió dos expediciones sucesivas en su contra en el año 862 y el 863. En la segunda, los ejércitos musulmanes penetraron por la zona de Álava y la primitiva Castilla y atacaron la región de Miranda, tras lo cual fueron sorprendidos por los ejércitos de Ordoño, que cortaron su retirada hacia el sur. Probablemente en Pancorvo tuvo lugar una sangrienta batalla, que debió tener consecuencias desastrosas para los cordobeses, ya que éstos no iniciaron ninguna expedición el año siguiente (864). El emir logró enviar años después un ejército, formado por soldados de toda al-Andalus, que destruyó la fortaleza cristiana de Frías.
No se vio libre tampoco Ordoño de los ataques de los piratas normandos, que entre los años 858 y 861 realizaron numerosas incursiones en la Península Ibérica; intentaron atacar las costas gallegas y fueron rechazados por el conde Pedro. Durante los últimos años de su vida, Ordoño no pudo participar activamente en las campañas defensivas llevadas a cabo contra los musulmanes, aunque su círculo de colaboradores siempre tuvo muy en cuenta las opiniones del monarca. Enfermo de gota, su salud se fue debilitando poco a poco, hasta que murió a la edad de 45 años. A su muerte el trono asturiano fue ocupado por el Alfonso III el Magno.
La Primera Crónica General describe del siguiente modo la defunción de Ordoño I:
Andados X annos desse rey don Ordonno -et fue esto en la era de DCCC et LXX et un annos- enfermo el rey de los pies, de una enfermedad a que dizen en la fisica podagra...Et desta enfermedad podagra enfermo el rey Ordonno, et murio ende en Oviedo, et enterraronle y muy onrradamientre como a rey en la eglesia de Santa Maria. La su alma reyne con Dios, ca muy buen rey fue.
Recibió sepultura en el Panteón de reyes de la capilla de Nuestra Señora del Rey Casto de la Catedral de Oviedo, en el que también fue sepultada su esposa, la reina Nuña. En el sepulcro de piedra en el que fueron depositados sus restos mortales, que estaba colocado junto al de Alfonso II el Casto, se hallaba esculpido el siguiente epitafio:
ORDONIUS ILLE PRINCEPS, QUEM FAMA LOQUETUR, CUIQUE REOR SIMILEM SECULA NULLA FERENT. INGENS CONSILIIS ET DEXTERAE BELLIGER ACTIS. OMNIPOTENSQUE TUIS NON REDDAT DEBITA CULPIS. OBIIT SEXTO KAL. JUNII. ERA DCCCCIIII.
viernes, 25 de enero de 2013
Muhammad ibn Massarra. filosofo .
Muhammad ibn Massarra (Córdoba (España), 883 - 931) fue uno de los primeros maestros del pensamiento y la filosofía en el mundo islámico en Al-Ándalus, partiendo de presupuestos del conocimiento del islam y la filosofía, de acuerdo con las formas gnósticas y unitarias.Vino al mundo en una época de importantes cambios en Al-Andalus, los cuales le influyeron profundamente en los fundamentos de sus reflexiones.
En su juventud se rodeó de importantes amistades. Su padre, , Abu Muhammad Abdalah,, aficionado al marazilismo , era un importante comerciante, le introdujo en los estudios de filosofía.
La esencia de lo heterodoxo que impregnaba todas sus enseñanzas hizo nacer peligrosos recelos entre los pensadores más conservadores, originando enfrentamientos con Massarra que terminaron cuando marchó de viaje a Oriente, bajo el pretexto de una peregrinación a la Meca.
Entre otras tantas acusaciones que a sus enseñanzas se le hicieron, especialmente se le atribuye la herejía mu'tazili, que atribuye la libertad humana, la causalidad de todos los actos y que niega, al mismo tiempo, la existencia del infierno; todo ello, unido a la conflictiva situación por la que atravesaba el emirato cordobés debido a la revuelta de Ibn Hafsûn, que originaría la condena del emir, lo que motivaría, su huida de Al-Andalus, so pretexto de una peregrinación oficial a La Meca acompañándole en el viaje dos de sus más fieles discípulos.
En tiempos de Abderramán III, tras la revolución islámica, volvió a Córdoba, pasando el resto de su vida en un retiro de la Sierra, dedicándose a difundir sus conocimientos a un grupo de selectos alumnos...
Así continuó exponiendo su pensamiento a los iniciados que formaban parte de su escuela Uno de ellos, Ibn Abd al-Mâlik, se las ingeniaría para escribir una copia subrepticia de la obra de su maestro, que más tarde publicaría, originando ésta una grave denuncia de herejía por parte de los faquíes mas ortodoxos, aunque no hay constancia de que fuera condenado.La obra de Ibn Massarra no sólo sería polémica en Al-Andalus; transcendió a todo el mundo árabe. Su obra, como tal no ha llegado, pero sin embargo, conocemos el título de dos de sus importantes escritos: Libro de la explicación perspicua y Libro de las letras, en los cuales expone y defiende su sistema, bajo la apariencia musulmana del motazilismo y del sufismo batimí.
En su intento de explicar el origen del mundo y las cosas a partir de la materia original, Ibn Massarra haría uso de la conocida parábola de los polvitos solares, que se remontan a Alí, yerno del profeta, que haría precipitar en el Islám gran parte de las fórmulas filosóficas y sufíes. Esta parábola dice que sin la irradiación del Sol, que cae sobre las partículas de polvo suspendidas en el aire, éstas no podrían aparecer visibles, y sin las partículas de polvo los propios rayos solares no se distinguirían en el aire; éstas se corresponden a la materia original que, en sí, sin el reflejo de los rayos del Sol, a imagen de la luz divina, carecerían de entidad.
Gracias a esta parábola, la doctrina de la materia original recibe un sentido que va mucho más allá del horizonte exclusivo de la filosofía, en cuanto está se halla ligada al pensamiento deductivo. En última instancia, la parábola de las partículas de polvo iluminadas por el sol se refieren al concepto del conocimiento de la unidad e indivisibilidad de Alá. Importante cuestión ideológica que conllevaría las sucesivas transformaciones políticas y culturales que darían como logro la revolución de los andalusíes en Al-Andalus.
A nivel ideológico, era la pugna entre la concepción unitaria de Alá y de la división trinitaria de Dios cristiana. Así pues, en el pensamiento de Ibn Massarra vemos la imagen de un andaluz unitario inserto en la vorágine de los acontecimientos revolucionarios islámicos que, por su nombre, ya es un fiel reflejo de la arabización y la islamización de la Bética, y que en su pensamiento deductivo ha traspasado el simple campo del gnosticismo hacia una comprensión intelectual del islam.
Ibn Masarra murió a los 48 años, el día 20 de octubre del año 931. No tuvo hijos.
martes, 22 de enero de 2013
El corto reinado de al-Mundhir.
Son muchos los historiadores que aseguran que si al-Mundhir ( nacido en el 844 hijo de mohamed I y Ushar ) hubiera vivido algo más, hubiera acabado con Ibn Hafsun. Pero después de su entronización, el 9 de agosto de 886, sólo le quedaban 23 meses de vida. Este emir parece que era benévolo con sus vasallos, de carácter emprendedor y valeroso, con espíritu generoso, pero apenas tuvo tiempo de hacer nada, muriendo a los pies de Bobastro en el 888.
Ibn Idhari lo retrata así: «Moreno, de cabello ensortijado...tenía el rostro marcado de viruelas.»
La ausencia de al-Mundhir para ser investido emir y recibir el juramento de fidelidad, dio un respiro a Ibn Hafsun que aprovechó la ocasión para enardecer los ánimos de sus seguidores, pues era buen orador y sabía decir aquello que querían oír los que le escuchaban. Su comportamiento era caballeroso, respetaba a las mujeres y administraba justicia, la cual aplicaba con severidad sobre el que cometiera algún tipo de violencia. Sus tropas le adoraban porque reconocía el esfuerzo y el valor y premiaba a sus soldados con brazaletes de oro, a modo de condecoraciones militares. Se apoderaron de Priego, Cabra y del castillo de Iznájar, en el que instaló a sus partidarios.
Al año siguiente, al-Mundhir reanudó su lucha contra el rebelde Ibn Hafsun. Las columnas omeyas, dirigidas por el emir, fueron ganando posiciones, mientras los cabecillas de distintos lugares, afectos al rebelde de Bobastro, eran hecho prisioneros y ejecutados. Luego, el soberano se instaló delante de los muros del castillo que, en semejante situación, entabló conversaciones con al-Mundhir, haciéndole saber que estaba dispuesto a someterse siempre que se le tratase con dignidad y que él y los suyos gozarían en Córdoba de una consideración honrosa. El emir se dejó seducir por las promesas de Ibn Hafsun y le prometió que su vida sería respetada y le colmaría de favores. En muestra de su buena disposición, le mandaba 50 mulos para el transporte del equipaje, con regalos para su familia. La tentación fue, tal vez, demasiado grande para el rebelde. Durante la noche, ahuyentó a los soldados que protegían el convoy, se apropió de los regalos y huyó, dejando a su familia en el castillo.
Al-Mundhir furioso por haberse dejado engañar , juró no moverse hasta conquistar Bobastro y hacerse con el rebelde, vivo o muerto, pues a estas alturas de la historia, lo que quería era acabar con aquel problema de una vez por todas. Pero a las pocas semanas del asedio se sintió enfermo. Sin abandonar su puesto, mandó venir, desde Córdoba a su hermano, Abd Allah, y apenas llegó este príncipe, al-Mundhir moría el día 29 de junio. No tenía hijos en edad de reinar y el poder pasaba a su hermano. El sucesor hizo lo posible por ocultar la muerte del emir, pues temía una desbandada general de las fuerzas al conocer la muerte de su señor, pero se negó a enterrar al fallecido allí mismo, por lo que , a los tres días, tuvo que anunciar su muerte. El sitio de Bobastro se levantó y marcharon a Córdoba con los restos de al-Mundhir, para enterrarlos en la capital. Abandonado por todo el ejército y sólo en compañía de unos pocos fieles, Abd Allah pidió a Ibn Hafsun que no atacase el cortejo fúnebre y le expuso que, como futuro emir, deseaba estar a bien con él. La pequeña comitiva no fue molestada y el rebelde se sintió tratado como un gran señor ya que hasta el emir le guardaba el aire. Unos días después, al-Mundhir era enterrado en el pantéon familiar y ABD ALLAH era jurado como emir.
al-Andalus de Concha Masiá.
Ibn Idhari lo retrata así: «Moreno, de cabello ensortijado...tenía el rostro marcado de viruelas.»La ausencia de al-Mundhir para ser investido emir y recibir el juramento de fidelidad, dio un respiro a Ibn Hafsun que aprovechó la ocasión para enardecer los ánimos de sus seguidores, pues era buen orador y sabía decir aquello que querían oír los que le escuchaban. Su comportamiento era caballeroso, respetaba a las mujeres y administraba justicia, la cual aplicaba con severidad sobre el que cometiera algún tipo de violencia. Sus tropas le adoraban porque reconocía el esfuerzo y el valor y premiaba a sus soldados con brazaletes de oro, a modo de condecoraciones militares. Se apoderaron de Priego, Cabra y del castillo de Iznájar, en el que instaló a sus partidarios.
Al año siguiente, al-Mundhir reanudó su lucha contra el rebelde Ibn Hafsun. Las columnas omeyas, dirigidas por el emir, fueron ganando posiciones, mientras los cabecillas de distintos lugares, afectos al rebelde de Bobastro, eran hecho prisioneros y ejecutados. Luego, el soberano se instaló delante de los muros del castillo que, en semejante situación, entabló conversaciones con al-Mundhir, haciéndole saber que estaba dispuesto a someterse siempre que se le tratase con dignidad y que él y los suyos gozarían en Córdoba de una consideración honrosa. El emir se dejó seducir por las promesas de Ibn Hafsun y le prometió que su vida sería respetada y le colmaría de favores. En muestra de su buena disposición, le mandaba 50 mulos para el transporte del equipaje, con regalos para su familia. La tentación fue, tal vez, demasiado grande para el rebelde. Durante la noche, ahuyentó a los soldados que protegían el convoy, se apropió de los regalos y huyó, dejando a su familia en el castillo.
Al-Mundhir furioso por haberse dejado engañar , juró no moverse hasta conquistar Bobastro y hacerse con el rebelde, vivo o muerto, pues a estas alturas de la historia, lo que quería era acabar con aquel problema de una vez por todas. Pero a las pocas semanas del asedio se sintió enfermo. Sin abandonar su puesto, mandó venir, desde Córdoba a su hermano, Abd Allah, y apenas llegó este príncipe, al-Mundhir moría el día 29 de junio. No tenía hijos en edad de reinar y el poder pasaba a su hermano. El sucesor hizo lo posible por ocultar la muerte del emir, pues temía una desbandada general de las fuerzas al conocer la muerte de su señor, pero se negó a enterrar al fallecido allí mismo, por lo que , a los tres días, tuvo que anunciar su muerte. El sitio de Bobastro se levantó y marcharon a Córdoba con los restos de al-Mundhir, para enterrarlos en la capital. Abandonado por todo el ejército y sólo en compañía de unos pocos fieles, Abd Allah pidió a Ibn Hafsun que no atacase el cortejo fúnebre y le expuso que, como futuro emir, deseaba estar a bien con él. La pequeña comitiva no fue molestada y el rebelde se sintió tratado como un gran señor ya que hasta el emir le guardaba el aire. Unos días después, al-Mundhir era enterrado en el pantéon familiar y ABD ALLAH era jurado como emir.
al-Andalus de Concha Masiá.
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