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martes, 9 de abril de 2013

Historia de un creyente y una manzana


Un musulmán creyente y una manzana
- Autor: Abdelah -
   
Un día un musulmán pasó cerca de una finca, encontró en el suelo una manzana, y sin darse cuenta se la comió porque estaba hambriento y es que hacía días que no comía.
Después de comerse la manzana se dio cuenta de lo que había hecho, y sin pensarlo fue en la búsqueda del dueño de la finca, para pedirle perdón por la manzana que había comido sin querer.
Sabía que la manzana no era suya, por ser de justicia era necesario pedir perdón al dueño de la misma.
Al llegar a la puerta de la finca, preguntó por el dueño de la misma, le dijeron que estaba de viaje, y que si quería encontrarlo debía recorrer una distancia de dos días.
Y así hizo, fue en la búsqueda del dueño de esa finca, arrepentido por lo que había hecho, fue en su búsqueda y es que necesitaba el perdón del dueño de la finca por lo que había hecho.

Tardó días en encontrarlo, y al encontrarlo le dijo…:
Musulmán: "Salam Aleikum".
Dueño de la Finca: "¿Qué te trae hasta aquí, hermano?"
Musulmán: "He venido desde tu pueblo, y es que sin querer estaba hambriento y encontré una manzana en tu finca y me la comí. Y he venido hasta aquí buscándote para que así me perdones por la manzana que injustamente comí. Si puedo hacer algo para que me perdones."

El Dueño de la Finca, al oír la historia, se quedó sorprendido, veía que era algo inusual, se dio cuenta de que era un Musulmán Creyente con mucha Fe (Imán) a lo que le respondió: “Si, para que yo te perdone debes hacer una cosa”
Musulmán: “Haré lo que pidas, para que así Allah me perdone por lo que hice”
Dueño de la Finca: “Para que te perdone has de Desposar a mi Hija”.
Musulmán, sorprendido “Por una manzana tengo que casarme con tu hija” Se acordó que había cometido un pecado y había que remendar lo hecho. Después de pensarlo mucho le dijo que sí aceptaba casarse con su hija.
Dueño de la Finca: “Has de saber que mi hija ni oye, ni ve ni anda”.
Musulmán: “¿Tu hija no ve ni anda ni oye?”

Musulmán: "¿Qué mujer es esa?
Dueño de la Finca: “Si, todo eso que oíste es verdad: si quieres que te perdone tienes que casarte con mi hija”.
Musulmán: (pensando primeramente en expiar su pecado, y de agradar a Allah, asintió aceptando desposar a la mujer) Le dijo, “Esta bien, acepto a tu hija para desposarla”
Después de casados, este musulmán entró en la habitación conyugal y le dijo a su mujer (hija del dueño de la finca): "Salam Aleikum"
Y la Mujer respondió: "Aleikum Salam"
El Musulmán, sorprendido, dijo: "Me has oído!!!, tu padre me dijo que no oías."
Mujer: "Solo oigo las buenas palabras, los hadices, y el Corán."
Musulmán: "También ves!!!. Tu padre me dijo que no veías."
Mujer: "Solo miro lo que Allah ha prescrito que vea, lo prohibido no."
Musulmán: "También andas. Tu padre me dijo que no andabas."
Mujer: "Solo me encamino a donde Allah le gusta y donde ha recomendado."
Este musulmán al ver el rostro de su mujer se quedó perplejo, no sabía que decir... porque nunca había visto a una mujer con tanta belleza.
Entonces se dio cuenta que Allah le puso de prueba la manzana, y al superar la Prueba de la Manzana , la prueba de su Imán referente a la petición del perdón al dueño de la finca, Allah le recompensó en este mundo con la mujer más hermosa, piadosa y creyente que en esta región existía.
De esta historia verídica que nos servirá de ejemplo, extraemos que a veces si cumplimos con nuestros mandamientos como musulmán, Allah nos puede recompensar como con gestos tan simples como pedir perdón por alguna falta, como es el caso de la manzana, con algo tan grande y maravilloso como fue en este caso la Mujer más piadosa que existía en esa región.

lunes, 8 de abril de 2013

ESCRITORES Y FILÓSOFOS ÁRABES.



Ibn Hayyan (1009-1077)
El más famoso de los historiadores musulmanes, nacido en Córdoba. Dejó más de 50 obras escritas sobre distintos puntos de la historia de su raza. Pocos pueden compararse con él y ninguno le aventaja en la exactitud de la narración, y en los análisis y consecuencias que deduce de los hechos que analiza. Escribió una 'Historia de España' en 10 volúmenes. 'Al Matin', o historia contemporánea, en más de 60 volúmenes.

Ibn Jair (siglo XII)
Orador y bibliófilo, natural de Sevilla. Sobresalió en todos los ramos del saber, y fue el maestro más respetado de su época. 'El Bernamech' es un trabajo de capital importancia para la Bibliografía.

Abul Fazel El Maliki (1108-1152)
Nació en Ceuta y se educó en Córdoba con más de cien profesores, entre ellos Averroes. Llamado 'el Sabio de Occidente' por sus grandes conocimientos de la historia antigua y genealogía de los árabes, gramática, lexicografía, filología y tradiciones.
Sostuvo activa correspondencia sobre diversos puntos de las materias indicadas con los hombres más célebres de su tiempo. Los autores hacen grandes elogios de su estilo y de la imparcialidad que resplandece en sus escritos históricos.
Escribió 'Historia de los Cordobeses', 'Libro de la riqueza o suficiencia' (conjunto de biografías de algunos faquíes y doctores españoles y africanos).

Ibn Quzman (m.1159)
Poeta árabe español. Autor de un Cancionero que recoge composiciones líricas , en lengua vulgar. Sobresalen la canción contra Alfonso el Batallador, de 1126, y la dedicada al filósofo Averroes, de 1150.
Ibn Tufayl, Muhammad (1110-1185)
Médico y filósofo místico musulmán, de Guadix, conocido por Abentofail. Influido por Avicena, Algazel y Avempace. Su obra principal es 'Secreto de la filosofía iluminativa' (El filósofo autodidacto), en la que sontiene la tesis de que la razón natural, separada del conocimiento sensible, se basta para alcanzar las verdades divinas e incluso la unión mística con Dios.

Aben Dihya (1176-1235)
Nació en Valencia y murió en Egipto. Erudito, cuyos méritos y gran talento, así como insaciable actividad, dejaron huellas perdurables es sus lecciones orales y numerosos escritos. Dedicose al conocimiento de la lengua árabe, de las guerras, poesía y especialmente tradiciones y ciencias auxiliares.
Viajó por toda España, norte de Africa, Siria, Irak, Persia, etc. En todas partes adaptó culturas y costumbres, y oyó a los principales maestros. Desempeñó altos cargos, especialmente en Egipto, donde fundó la escuela 'Kamilia' en honor de su discípulo y protector Almalik el Kamil.
Escribió el 'Libro de la Antorcha' (sobre la historia de los Abbasidas), 'Libro de la iluminación' (sobre el nacimiento del Profeta), etc.

Ibn Beithar (murió en 1216)
Médico y botánico hispano-árabe, de Málaga. Viajó por España y otros países, y su reputación fue tan grande que los académicos de Egipto le consideraron el protomédico de su tiempo. Nombrado Visir y director de los jardines de Damasco, clasificó filosóficamente las plantas, analizando sus virtudes.
Escribió 'Gran colección de medicamentos y alimentos simples', el más insigne trabajo botánico de la Edad Media. Dio a conocer más de 200 especies nuevas. Menéndez y Pelayo le llamó el Dioscórides español del siglo XIII.

Ibn Said el Magrebí (1214-1274)
Nació en Granada y murió en Damasco. Fecundo escritor, autor de más de 400 obras, aunque sólo unas pocas se conservan, entre ellas 'Libro de la esfera de la Literatura', dividida en dos partes, la primera del Occidente, y la segunda del Oriente.
Se educó en Sevilla, y emprendió una peregrinación a Oriente con su padre, pasando por Marruecos, Túnez, Egipto, donde murió su padre. Pasó a Bagdad, visitando 36 bibliotecas, copiando fragmentos de manuscritos. En su ansia de encontrar nuevos sabios, visitó los confines de Persia. 'Historia Breve', sobre los sabios de su tiempo. 'Descripción Geográfica e Histórica del Orbe', etc.

viernes, 5 de abril de 2013

Los descendientes de Ibn Hafsun.

   A su muerte, dejaba Ibn Hafsun cuatro hijos. Cha´far, el mayor que se había convertido al cristianismo junto con su hermana Agéntea, mientras que los otros tres, Sulayman, Abd al-Rahman y Hafs, parece que se mantenían dentro del islamismo. Bobastro quedó en manos del mayor, quizás el más parecido a su padre. Abd al-Rahman III pensó que los hijos del rebelde, como solía ser frecuente, muy pronto empezarían a enzarzarse entre ellos. No por ello, dejó de hacer campañas, todos los años, en Andalucía, dejándose ver por Bobastro. Acabar completamente con este problema todavía iba a costarle , otros diez años.
   Cha´far ben Umar ben Hafsun, mientras tanto, solicitó una tregua al emir, que se la concedió, después de recibir rehenes y tributos como garantía de fidelidad. Su tercer hermano, Abd al-Rahman, se instaló en Ojén, de donde le desalojó un destacamento omeya. Llevado a Córdoba, acabó sus días como calígrafo, arte para el que estaba particularmente dotado.
   Cha´far y Sulayman no se llevaban bien y, es muy posible que, infiltrados o espías de la causa omeya, se dedicasen a avivar estas diferencias. El 30 de octubre de 920, Cha´far moría asesinado en Bobastro y enterrado junto a su padre a la manera cristiana. A pesar de que los  éxitos de Abd al-Rahman III eran cada vez mayores y el nido de águilas de Bobastro estaba cada vez más copado, Sulayman, dueño de la situación en esta plaza, no rendía las armas. En 927, por fin, Sulayman cayó en una escaramuza , no lejos de Bobastro. Fue decapitado y el cadáver enviado a Córdoba y colgado.
   Ya sólo quedaba el cuarto hijo, Hafs, que se hizo cargo de Bobastro, pero con pocas esperanzas de poder continuar resistiendo. Sa´id ben al-Mundhir, visir del emir, asedió la plaza con intención de tomarla de una vez por todas. Resistió durante seis meses, al cabo de los cuales, Hafs se dio cuenta de que todo era inútil  Escribió al emir ofreciéndole la rendición y el abandono de Bobastro. El 19 de enero de 928, la bandera blanca de los omeyas, se enarboló en la torre más alta de la fortaleza. Hafs y los miembros de su familia, fueron enviados a Córdoba, donde el emir les dejó vivir sin estorbarles, pues se habían rendido sin combatir. Sin embargo, su hermana Argéntea, convertida al cristianismo el mismo día que lo hicieron su padre y su madre, se encerró a vivir en un convento de la capital. Pero luego, buscó el martirio, junto a una cierta Ulfura, y lo consiguieron ambas el 13 de mayo de 937. Fue ejecutada por el crimen de apostasía, ya que nació musulmana y se pasó al cristianismo y, ademas, se dedicó a insultar a la religión islámica.

al-andalus....libro de Concha Masiá.

miércoles, 3 de abril de 2013

Cuento del retoño del rosal...


El emperador Carlomagno le presentó un retoño de rosal a Harun al-Rashid, el Califa de Abbasid, y éste lo hizo plantar en su jardín privado. Ordenó a su jardinero que tratara a ese precioso retoño con el mayor cuidado y atención posibles y que le trajera la primer rosa que floreciera.
El retoño enraizó, y a su debido tiempo produjo un pimpollo que se abrió en una rosa magnífica. Justo cuando el jardinero estaba a punto de cortar la flor, vio a un ruiseñor volando sobre ella, cantando tristemente. Mientras miraba esa escena, el ruiseñor bajó inesperadamente en picada y atacó la rosa con su pico y sus alas, desparramando pétalos por todos lados.
El jardinero corrió sin aliento a contarle al Califa exactamente lo que había sucedido y le suplicó su perdón. El sultán lo tranquilizó, diciendo: “No te preocupes por eso. Lo que sucedió, sucedió. Ciertamente la culpa no es tuya. Te perdono. Jardinero, este mundo es un lugar en donde nadie puede salirse con la suya, de modo que ese ruiseñor recibirá su justo merecido”.
Pasó el tiempo hasta que un día, mientras estaba trabajando en el jardín privado, el jardinero vio que una serpiente se estaba comiendo al ruiseñor que había destruido la rosa invaluable. Corrió enseguida para informárselo al Califa: “Señor, has realizado un milagro. El ruiseñor encontró la suerte que habías predicho, acabo de ver cómo se lo comía una serpiente”.
El Califa sonrió mientras decía: “Jardinero, como te dije, nadie se sale con la suya en este mundo; sea lo que sea lo que hagamos, eventualmente se pondrá al día con nosotros. La serpiente que se comió al ruiseñor también recibirá su justa recompensa”.
Pasó más tiempo. La serpiente que se había comido al ruiseñor llegó deslizándose por el pasto y se enroscó en los pies del jardinero. Él la mató con el borde afilado de la pala que llevaba, después corrió a contarle al Califa lo que había sucedido. De nuevo, el Califa sonrió mientras decía: “En verdad, jardinero, eso también se pondrá al día contigo”.
Tiempo después, el jardinero cometió una seria ofensa, incurrió en la ira del Califa, y fue entregado al verdugo. Cuando le preguntaron si tenía un último deseo, dijo: “El único y último pedido que tengo es el de decirle algo al Califa”.
Se le informó al Califa, que hizo que le llevaran al jardinero y le preguntó qué quería decir.
“Señor”, dijo el jardinero, “Seguramente te debes acordar. Tú me diste un vástago de rosal para plantar y me ordenaste traerte su primera flor. La rosa acababa de alcanzar la perfección y yo estaba a punto de cortarla cuando el ruiseñor la hizo pedazos. Cuando te lo informé, tú dijiste: ‘el ruiseñor recibirá su justo merecido’. Antes de que pasara mucho tiempo, una serpiente se tragó a ese ruiseñor. Cuando de nuevo te lo informé, dijiste: ‘la serpiente también recibirá su justo merecido’. Esa serpiente se enroscó alrededor de mi pie y cuando te conté que la había matado, dijiste: ‘Eso se pondrá al día contigo’. Todo se ha hecho realidad y ahora me has entregado al verdugo para castigar mi ofensa, de modo que yo tampoco saldré libre de esto. Sin embargo, mi sultán, no olvides que lo que tú estás haciendo ahora, también se pondrá al día contigo. Como tú me dijiste, es esa clase de mundo. Sólo espera tres o cuatro días”.
Harun al-Rashid entró en razón. Reconociendo la verdad de esas palabras, actuó como le corresponde a un sultán y perdonó al jardinero.
El noble Imán Husayn, mártir de Karbala y rey de los mártires, dijo: “Un hombre generoso es aquél que da sin que se le pida. Un hombre magnánimo es alguien que perdona cuando está en su poder tomar venganza”.
Ciertamente, los seres humanos no pueden escapar a las consecuencias de lo que hacen. Puede ser más tarde o más temprano, en este mundo o en el Más Allá, pero nuestras acciones con toda seguridad nos detectarán. Esto no sólo se aplica a los seres humanos sino incluso a los animales. . .
Si somos sabios e inteligentes diremos: “Yo lo hice y ahora me alcanzó”.

martes, 2 de abril de 2013

Las primeras victorias, el fin de la independencia de Sevilla y la muerte de Ibn Hafsun.

   Antes de que termine el año en el que ha subido al trono, Abd al-Rahman III ya tiene en su haber una victoria. Restablece el orden en la sierra de Almadén y se ha hecho con Caracuel, en el Campo de Calatrava. Unas semanas después, el 1 de enero de 913, conquista Écija. Sus murallas son derribadas y destruido el puente sobre el Genil, por lo que la ciudad queda aislada y ya no puede recibir refuerzos de Ibn Hafsun.
   Pasadas las lluvias del invierno, se prepara una cuidada expedición para continuar recuperando toda la Andalucía oriental, y así van cayendo en poder del nuevo emir, Martos, el castillo de Monteleón y los montes de Somontín. Los señores árabes de Mentesa y los que ocupan los picos del valle del río Guadalén, deponen las armas y prometen fidelidad al régimen central, promesas que acepta Abd al-Rahman III. Los encuadra dentro de su ejército y deja guarniciones en sus  alcazabas para evitar posibles rebrotes de insurgencia. Y para mayor seguridad, envía a Córdoba a sus mujeres y a sus hijos.
   Después entra en la cora de Elvira, donde ha corrido la voz de que se acercan las tropas emirales. Todos los pequeños señores insurrectos se someten también ante las armas omeyas, que continúan, sin dificultad por Guadix y Fiñana, que ha querido resistir, capturando a los delegados de Ibn Hafsun. No se arredra ante la dificultad de atravesar la muralla natural de Sierra Nevada que protege Fiñana, y una vez cruzada, sitia Juviles, que ofrece rendirse al cabo de dos semanas, prometiendo entregar a los soldados cristianos que les ha enviado Ibn Hafsun. La plaza es ocupada y todos los mozárabes, decapitados. Desde allí, desciende hasta la costa mediterránea y se apodera del puerto de Salobreña, regresando después a Córdoba. Por el camino de retorno, aprovecha para tomar dos castillos, considerados inexpugnables: San Esteban y Peña Forata. Todo esto lo ha conseguido en tres meses, y según un historiador de la época, esta campaña victoriosa, llamada " de Monteleón ", le ha valido recuperar 70 plazas fuertes y 300 posiciones estratégicas de segundo orden.
   Además de pacificar estas áreas andalusíes, en el ánimo del emir estaba ir haciéndose con todos los lugares bajo la influencia de Ibn Hafsun, para aislarle y dar la batalla final en Bobastro. El 8 de mayo de 914 se ponían en marcha los ejércitos omeyas hacia las serranías de Ronda y Málaga. Así recuperaron algunas plazas periféricas que, o bien se rindieron o bien cayeron por la fuerza. Alcanzando Algeciras, se quemaron los barcos allí anclados que venían de África con víveres para Ibn Hafsun. Luego, por el camino más corto, se dirigieron a Carmona.
   Una de las prioridades de Abd al-Rahman III era que Sevilla retornase a la corona omeya, de la que hacía más de diez años que se había separado. Recordemos que a la muerte de Ibrahim ben Hachchach, sus dos hijos se habían repartido su herencia: Abd al-Rahman se quedó con Sevilla y, Muhammad, el segundo, se quedó con Carmona. Envidioso porque su hermano tenía mejor parte, Muhammad lo hizo envenenar, muriendo Abd al-Rahman en agosto de 913. Todo este entramado familiar, iba a facilitarle mucho las cosas al emir.
   Los sevillanos no llamaron a Muhammad para que ocupase el lugar de su  hermano, sino que acudieron a un sobrino de Ibrahim, Ahmad ben Maslama. Muhammad, abandonado por todos, no tenía más salida que ponerse en manos de Abd al-Rahman III, que decidió el asedio de Sevilla, confiando la dirección de las operaciones al señor de Carmona. Por su parte, Ahmad ben Maslama, conquistadas ya por las tropas emirales, Itálica y el Aljarafe, se encontraba en una situación muy apurada. Su único punto de apoyo era llamar a Ibn Hafsun. Acudió el caudillo muladí en persona y atravesando el Guadalquivir, atacaron a las fuerzas omeyas, replegadas hacia el este. Pero Ibn Hafsun y su nuevo aliado fueron derrotados, por lo que se volvió a Bobastro. Ben Maslama comprendió que no le quedaba más remedio que negociar con el emir y le hizo saber que estaba dispuesto a entregar Sevilla. El 21 de diciembre de 913, el hachib Badr tomaba posesión de la ciudad, dejando en ella un gobernador omeya. Muhammad se sintió traicionado, pues creía que , alguna vez, volvería a sentarse en el trono paterno, y se encerró en Carmona. Abd al-Rahman III intentó que comprendiera que ya había pasado el momento en que existieran otros estados dentro del Estado, pero Muhammad no se hacía a la idea e incluso intentó un golpe de fuerza contra Sevilla sin resultado y, al cabo, en abril de 914, fue hasta Córdoba para someterse. el emir le trató con deferencia, le dio el titulo y el sueldo de visir y le pidió que participase en la expedición que preparaba contra la Andalucía meridional.
   Muhammad se comportó desagradecido. En junio de 914, Abd al-Rahman III y él llegaron hasta Carmona por haber recibido noticias que decían que el gobernador de esta plaza, Habib ben Umar ben Sawada, se había sublevado. Muy pronto supo el emir que este sublevado estaba de acuerdo con Muhammad, que moriría en abril de 915, posiblemente, con su propia medicina, pues se cree que fue envenenado. Con él acabó la dinastía de los Banu Hachchach de Sevilla. En cuanto a Carmona no pudo ser tomada hasta 917. El rebelde Habib fue encarcelado en Córdoba, junto con sus dos hijos, y ejecutado dos años después.
   Por su parte, Ibn Hafsun desde que Abd al Rahman III asciendiera al emirato, había cosechado un fracaso tras otro. Cada vez estaba más aislado y su único apoyo firme eran sus hijos, que mantenían la insurrección en las serranías de Ronda y Málaga. La sequía que padeció en España entre 914 y 915, fue para él un alivio, pues no eran momentos para emprender acciones militares por parte del emir. Abd al-Rahman III hubo de ocuparse en mantener el orden y reprimir el bandidaje que la carestía de alimentos desencadenó en todo el reino, incluida Córdoba. El hambre y la enfermedad se cebaron en las clases humildes y fueron años de una gran dureza para poder sobrevivir. También se sabía en la corte que el rebelde estaba enfermo, y que su prioridad eran ponerse a bien con Dios. Se pasaba el día encerrado en la iglesia de Bobastro. En septiembre de 917 moría cristianamente, después de sufrir un enfisema general que le provocó enormes padecimientos. La noticia de su muerte corrió como un reguero de pólvora, provocando sensaciones diversas. Los mozárabes la recibieron angustiados, mientras los musulmanes daban gracias a Alá por que hubiera acabado la vida de aquel muladí que, para colmo de abyección, había cometido uno de los crímenes más abominables: apostatar del Islam.
   A pesar de sus muchos defectos, no se puede negar que Ibn Hafsun, de tener un programa más estricto y no ser tan variable, hubiera resultado un héroe de la lucha por la independencia, un batallador intrépido que nunca se dio por vencido. Y también Abd al-Rahman III habría hecho su victoria más gloriosa si al ocupar Bobastro, en un rasgo de caballerosidad, hubiese respetado los despojos del rebelde, en lugar de arrastrar el pobre cadáver hasta Córdoba para ponerlo en la picota.

al- andalus.....Concha Masiá.
 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Abderramán III. El califa.

Abderramán III no era un árabe típico, pues su piel era clara, sus ojos azules oscuros y su cabello rubio tirando a pelirrojo que intentaba ocultar usando tintes de alheña para ennegrecerlo.
De corta estatura y complexión fuerte, tenía un aspecto atractivo, señorial y majestuoso que destacaba, sobre todo, cuando iba a lomos de su caballo, a pesar de que los estribos no bajaban un palmo de la silla debido a la reducida longitud de sus piernas, sin embargo, cuando iba a pie resultaba bajo para la talla media de los de su raza.
Desde joven demostró poseer la constancia y astucia propia de los Omeya, junto al valor personal y acertado sentido de la realidad que, sin duda, le venía de su ascendencia vascona. Poseía además de una inteligencia ágil, aguda perspicacia y un carácter cortés y benevolente, una elocuencia oratoria poco común, así como excelentes dotes para la composición poética.
Criado muy cerca de su abuelo que, probablemente, acuciado por problemas de conciencia por la muerte de su padre, le tomó un especial aprecio y no ocultó a los ojos de los demás, pronto aquel niño fue el nieto preferido del Emir, al que llegada su adolescencia y mediante gestos tales como el que en alguna fiesta le hiciera sentar en el trono mientras él ocupaba un estrado a su lado, o que a la vista de todos se quitase su anillo para ponerlo en el dedo del nieto, destinó a que fuera su sucesor.
El joven Abd al-Rahman, que siempre vivió en la corte cordobesa, situación que no gozaron los propios hijos de su abuelo, tuvo una esmerada educación que asimiló con soltura dada sus ya comentadas cualidades personales y su indudable inclinación al conocimiento de las materias que entonces se consideraban imprescindibles en la formación de un hombre, que como él, estaba llamado a ocupar el más alto puesto en la sociedad en la que había nacido.
Sucedió a su abuelo, a la edad de veinte años. Heredando un Emirato más nominal que real ya que a lo largo y ancho de Al-Andalus la desunión de los señores locales que controlaban las ciudades reducían el control efectivo del Emir a los territorios aledaños de Córdoba.
Durante los primeros años de su gobierno, Abderramán III se dedicó a sofocar todas las rebeldías y a unificar los territorios andalusíes bajo su mando. Quizás sus más importantes logros fueron la sumisión de Toledo y la derrota de Omar al Hafsún, señor de gran parte de la Andalucía Oriental. Así formó un autentico Califato.
Una vez asentado su reino y su poder, quizá como desquite a la austeridad de la juventud junto a su tía, relajó sus costumbres. Entregado al vino y los placeres, su crueldad y prepotencia se acrecentaron, haciéndole protagonista de sucesos deleznables...
Bajo su mandato, la ciudad de Córdoba alcanzó el millón de habitantes, disponía de mil seiscientas mezquitas, trescientas mil viviendas, ochenta mil tiendas, innumerables baños públicos, setenta bibliotecas, una universidad, una escuela de Medicina y otra de traductores.
Amplió la Mezquita –Aljama incluida la reconstrucción del alminar y ordeno edificar la ciudad palatina más bella del mundo... Madinat Al Zahra
Su gestión había recaído ya en Alhakem II, su hijo y de la esclava cristiana Maryam , una de sus esposas, elegida entre las más de 6.000 de su harén.
Cuentan que por alguna de ellas, sintió tal ardor que "abandonaba la batalla para correr a sus brazos".
Así sucedió con la primera, Fátima al-Qurasiyya, hija de su tío abuelo el Emir al-Mundir... La cual, debido a su rango llevaba el título de al-Sayyida al-Kubra, "la Gran Señora".
Hasta una noche en que la solicitó y Maryam le compró la visita a las estancias... Apareció bajo los velos, procurándole tal agrado al Califa, que cuando descubrió el engaño en lugar de castigarla, la convirtió en su favorita.
Hasta que llegó Mustaq, que fue la favorita del Califa en los últimos años de su vida y le dio el último de sus hijos, al-Mughira.
Apasionado por el lujo y la pompa, fue censurado públicamente por el Cadí porque dejó de cumplir sus deberes religiosos en la Mezquita Aljama tres viernes seguidos cuando dirigía con entusiasmo las obras del «Gran Salón del Califato» en Medina Azahara, cuyos muros quiso revestir de oro y plata.
Cuentan que para alimentar a toda la gente que vivía en el Alcázar se necesitaban trece mil libras de carne diarias, además de aves, pescados, cereales, hortalizas, frutas, etc...
Que llegaban a palacio en hileras de animales de carga que medían varios kilómetros.
El harén del Califa llegó a albergar seis mil trescientas mujeres y se calcula que el número de intelectuales protegidos por el Califa estuvo entre tres mil y ocho mil.
Se cuenta de él la siguiente anécdota:
Unos embajadores francos llegaron a la corte de Córdoba a fin de lograr una alianza con el Califa. Son citados al día siguiente para visitar a Abd al-Rahmán en el palacio de Madinat al-Zahra.
Al salir el sol los francos son conducidos a la puerta de Córdoba, donde arranca la carretera de cinco kilómetros hasta Madinat al-Zhara, ven como una alfombra de tapices cubre toda la distancia; a ambos lados, hombro con hombro, quince mil bereberes escogidos, con sus alfanjes extendidos sobre sus cabezas, tienden una bóveda de espadas, bajo la que caminan los atemorizados franceses.
Cada cien metros aparecen chambelanes ricamente vestidos, sentados en sillones de oro y plata. Los francos se postran ante ellos, creyendo estar ante el Califa, pero los chambelanes les decían: "Seguid, yo sólo soy un humilde esclavo de mi señor".
Después de dos horas de recorrido, llegaron a un salón con suelo de tierra y sin ninguna decoración, en el cual había un hombre sentado en el suelo, vestido con un traje raído, mirando distraídamente a un alfange, una hoguera y un ejemplar del Corán que tenía frente a sí.
A los francos les dijeron al oído: "Ése sí que es el Califa", y rápidamente se postraron ante él. Abderramán levantó la cabeza y, antes de que ellos dijeran nada, les habló secamente: "Cuando vosotros permitáis en vuestro reino esto (señaló el Corán) como yo permito en el mío vuestros libros santos, yo enterraré mi espada (dijo mientras la enterraba en la arena) y alimentaré todos los días la hoguera de la amistad (echó un leño al fuego)".
Les mandó salir sin dejarles hablar... ¡ Jamás volvieron !.
Si la anécdota es cierta, lo del traje harapiento fue sin duda una broma del Califa, pues tenía el Monopolio del Estado para la Fabricación de Trajes Suntuosos, y debía de ser el hombre más ricamente vestido durante siglos.
Pero Abderramán era impulsivo y cuando tenía un capricho no le importaba pisotear los derechos de sus súbditos:
Una vez, quiso comprar un terreno para una de sus favoritas, paseando le gustó la casa que habían heredado unos niños huérfanos, que como tales estaban bajo la tutoría del Cadí.
Abderramán ordenó al albacea que se la valorase a la baja.
Cuando se enteró el Cadí, contestó al Califa que la venta de los bienes de los huérfanos sólo era posible por tres motivos:
Por necesidad, por ruina grave o para obtener un beneficio para los niños.
Como ninguna de estas tres condiciones se cumplían y conociendo como conocía al Califa, ordenó derribar la casa y obtuvo por el material de derribo más de lo que ofrecía el Omeya.
Era famoso por su crueldad, ya que podía ser sanguinario más allá de todo límite. Quiso ver con sus propios ojos la muerte de su hijo sublevado Abd Allah, y lo mandó ejecutar en el salón del trono, en presencia de todos los dignatarios de la corte, para escarmiento general.
Según Ibn Hayyan (Historiador Omeya) , llegó a hacer colgar a los hijos de unos negros en la noria de su palacio como si fueran arcaduces hasta que murieron ahogados.
Cuentan algunos escritos de la época que el Califa utilizaba los leones que le habían regalado unos nobles africanos para castigar con más saña a los condenados a muerte.
Y esa crueldad no solo se quedaba en la batalla o para escarmiento... Su brutalidad con las mujeres del harén era notoria...
Estando borracho un día, a solas con una de sus favoritas de extraordinaria hermosura en los jardines de Medina Azahara, quiso besarla y morderla, pero ella se mostró esquiva e hizo un mal gesto, el Califa montó en cólera y mandó llamar a los eunucos para que la sujetaran y quemaran la cara, de modo que perdiera su belleza.
Durante sus últimos años Abd al-Rahman permaneció recluido en su ciudad dorada de Madinat al-Zahra, en su estancia favorita, aquella con el suelo cubierto de arena en que tuvo lugar la novelesca audiencia a la embajada franca... Allí permanecía la mayor parte del día y sólo un contado número de personas tenían libre acceso.
Entre los escasos privilegiados estaba Hasday Ibn Saprut, su médico personal, quizá el único hombre que jamás le tuvo miedo, posiblemente porque conocía su más profundo y bien guardado secreto: El obsesivo terror que sentía a morir envenenado a causa de la mordedura de una serpiente...
Algo que quedó grabado en sus ojos y su mente desde los años de su infancia, cuando mientras jugaba en los jardines del Alcázar de su abuelo, uno de sus hermanos resultó mordido por una víbora, muriendo poco después, entre estremecedores llantos, a la vista de él y de los otros niños que les acompañaban en sus juegos.
En la primavera de 961, el frío de la sierra cordobesa en Madinat al-Zahra hizo enfermar al Califa... Se temió que fuera una pulmonía, pero una vez más Hasday consiguió una curación sorprendente, no obstante, el médico sabía que aquella mejoría del malgastado organismo del Califa no sería muy prolongada, pero llegó el verano y con el buen tiempo el régimen de vida y audiencias de Abd al-Rahman volvieron a su ritmo normal.
Sin embargo, con el retorno de los frescos otoñales la salud de anciano monarca empeoró nuevamente y en esta ocasión el judío sabía que, ni su depurada ciencia podía hacer nada por él.
Así, un martes de octubre del año 961, tras cincuenta años en el poder y a los setenta de edad, dejando en el mundo once hijos, dieciséis hijas, la ciudad más hermosa y rica del mundo y la primera Facultad de Medicina que existió en Europa, Abd al-Rahman III murió pasando con todo merecimiento a figurar en las inmortales páginas de la Historia.
Pero Abderramán III, a pesar de tener todo Al- Andalus en sus manos no fue muy feliz y cuenta la historia que tenía una especie de diario en el que hacía constar los días felices y placenteros marcando el día, mes y año. De los 70 años que vivió, de ellos 50 reinando, tan sólo quedaron reflejados en ese diario catorce días felices.

Por Guillermo López García .

domingo, 24 de marzo de 2013

Abderramán III: Proclamación de Emir y Califa.


Abderramán III accede al trono emiral:

"Se sentó en el trono para recibir el juramento de fidelidad de los súbditos el jueves 1º del mencionado mes de rabi en el Maylis al-Kamil de Córdoba. Los primeros que le juraron fueron sus tíos paternos, hijos del imam Abd Allah, que eran: Aban, al-Así, Abderramán, Muhammad y Ahmad; los cuales vinieron a verle con mantos y túnicas exteriores blancas, en señal de luto. Siguieron a éstos los hermanos de su abuelo, que eran al-Así, Sulayman, Sa'id y Ahmad, de los cuales fue Ahmad el que tomó la palabra y el que, después de jurado, lo alabó diciendo: ¡Por Dios! Sabedor de lo que hacía te escogió Dios para gobernamos a todos, altos y bajos. Yo esperaba esto del favor que Dios nos concede y como prueba de que vela por nosotros. Lo que pido a Dios es que nos inspire la gratitud debida, nos complete sus beneficios y nos enseñe a alabarlo. Tras los miembros de la familia califal se fueron sucediendo los individuos y personajes notables de Qurays, uno por uno, más los mawlas. Luego lo hicieron los personajes más importantes entre los moradores de Córdoba: alfaquíes, gentes de relieve, magnates y miembros de las clases nobles.
Terminó la ceremonia de la jura para las clases elevadas a la hora de la oración meridiana de ese día, en la que Aberramán, acompañado de los visires y de los altos funcionarios del Estado, dejó el trono para hacer la oración fúnebre por su abuelo e inhumarlo en su sepulcro de la Rawdat al-julafa de Córdoba."

— (Una Crónica anónima de Abderramán al-Nasir. Ed. y trad. cits., pp. 91-93.)


Proclamación califal de Abderramán III:

"En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso.
Bendiga Dios a nuestro honrado Profeta Mahoma.
Los más dignos de reivindicar enteramente su derecho y los más merecedores de completar su fortuna y de revestirse de las mercedes con que Dios Altísimo los ha revestido, somos Nosotros, por cuanto Dios Altísimo nos ha favorecido con ello, ha mostrado su preferencia por nosotros, ha elevado nuestra autoridad hasta ese punto, nos ha permitido obtenerlo por nuestro esfuerzo, nos ha facilitado logrado con nuestro gobierno, ha extendido nuestra fama por el mundo, ha ensalzado nuestra autoridad por las tierras, ha hecho que la esperanza de los mundos estuviera pendiente de Nosotros, ha dispuesto que los extraviados a nosotros volvieran y que nuestros súbditos se regocijaran por verse a la sombra de nuestro gobierno (todo ello por la voluntad de Dios; loado sea Dios, otorgador de los beneficios, por el que nos ha otorgado, pues Él merece la máxima loa por la gracia que nos ha concedido).
En consecuencia, hemos decidido que se nos llame con el título de Príncipe de los Creyentes, y que en las cartas, tanto las que expidamos como las que recibamos, se nos dé dicho título, puesto que todo el que lo usa, fuera de nosotros, se lo apropia indebidamente, es un intruso en él, y se arroga una denominación que no merece.
Además, hemos comprendido que seguir sin usar ese título, que se nos debe, es hacer decaer un derecho que tenemos y dejarse perder una designación firme.
Ordena, por tanto, al predicador de tu jurisdicción que emplee dicho título, y úsalo tú de ahora en adelante cuando nos escribas. Si Allah quiere."
En consecuencia, y conforme a estas órdenes, el predicador de Córdoba comenzó a hacer la invocación en favor de al-Nasir li-din Allah, dándole el título de Príncipe de los Creyentes, el día 1º de du-l-hichcha de este año ( 16 enero 929 ).

— (Una Crónica anónima de Abderramán al-Nasir. Ed. y trad. cits., pp. 152-153.).